La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



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jueves, 14 de enero de 2016


Encarnación Ezcurra (1795-1838)


Por el Doctor Julio R. Otaño.

María de la Encarnación Ezcurra y Arguibel nació en Buenos Aires el 25 de marzo de 1795, siendo sus padres Juan Ignacio Ezcurra, español, y doña Teodora Arguibel, que era argentina hija de franceses. El bisabuelo paterno de Encarnación, Domingo de Ezcurra, había nacido en el valle de Larraun,
Pamplona Navarra, España.              

Se había criado en un hogar de ocho hermanos y hermanastros. Ella era la quinta hija mujer del matrimonio de Teodora de Argibel y Don Juan de Ezcurra. Después de ella tres varones.    Pertenecían a una típica familia ganadera de ese tiempo. La madre de Encarnación Teodora,  provenía de una familia castiza. Su casamiento había sido arreglado desde los Argibel para conservar por esta vía cierto confort económico que corría peligro. Don Juan de Ezcurra hijo de criollos de una generación de menor alcurnia que los Argibel, pero de fortuna, había visto en este casamiento la posibilidad de ser reconocido socialmente.                        

En los primeros años de su vida, Juan Manuel de Rosas vivía en la campaña y cada tanto solía frecuentar Buenos Aires, allí conocerá a Encarnación Ezcurra.  Pero Agustina López de Osornio, la madre de Rosas, se opuso de entrada a este noviazgo de su hijo.    Cuando Juan Manuel y Encarnación ya habían decidido contraer nupcias, Agustina López de Osornio, pretextando la poca edad de ambos, rehusó consentir el casamiento, sin embargo poco pudo hacer contra la astucia de los jóvenes novios.            

Encarnación Ezcurra,   por instigación de Juan Manuel, le escribe una carta a éste, donde le manda decir que estaba embarazada y que por tal motivo debían casarse. La carta engañosa fue dejada por Rosas en un lugar visible de la casa de su madre, a la espera de que ésta la leyera. Cuando Agustina López de Osornio encuentra y lee la carta, se dirige con desesperación a la casa de Teodora Arguibel, la madre de Encarnación Ezcurra, para darle la novedad. Las dos señoras resolvieron allí mismo que, ante el bochorno que una situación semejante pudiera ocasionar en los círculos sociales, apuraran el casamiento entre Encarnación Ezcurra y Juan Manuel de Rosas. 

Contrajeron matrimonio el martes 16 de marzo de 1813, en una ceremonia dirigida por el presbítero José María Terrero. Estaban como testigos don León Ortiz de Rozas (padre de Rosas) y doña Teodora Arguibel.   Los primeros tiempos de la pareja no fueron de prosperidad económica. Rosas entregó a sus padres la estancia “El Rincón de López”, la cual administraba en el partido de Magdalena.   Quería trabajar por su cuenta como hacendado, sin tener que pedir favores a nadie.

En una correspondencia mandada desde el exilio inglés a su amiga Josefa Gómez, Rosas dirá que “sin más capital que mi crédito e industria; Encarnación estaba en el mismo caso; nada tenía, ni de sus padres, ni recibió jamás herencia  alguna”.   Encarnación y Juan Manuel tuvieron 3 hijos: María de la Encarnación, nacida el 26 de marzo de 1816, y que apenas sobrevivió un día; Manuela Robustiana, que nació el 24 de mayo de 1817, y Juan Bautista Pedro, nacido el 30 de junio de 1814.         

Ella acompañará a su esposo en todos los emprendimientos que tuvo, sea como administrador de Los Cerrillos o como de la estancia San Martín. Y, desde luego, también en las vicisitudes de la política.   Las idas y venidas de la ciudad al campo, robustecieron en ella su adaptación a las condiciones de vida semisalvaje de la campaña.  Encarnación era de carácter severo cuando las circunstancias así lo imponían, aunque no pocos la retrataron como una mujer que carecía de ternura.            

En el seno de la familia Rosas, la parte dulce correspondía a Manuelita Robustiana, la hija predilecta del Restaurador de las Leyes, la misma que con el tiempo será proclamada  “Princesa de la Federación”.  

Fue la más fervorosa colaboradora de su marido, por quien sentía una verdadera devoción. Actuó en forma brillante en las circunstancias políticas más delicadas y difíciles. Gozaba de una enorme popularidad entre los humildes, débiles y desposeídos, a los que protegía y halagaba, recibiéndolos en su casa.  Llegó a ser el brazo derecho de Juan Manuel, tenía  una lealtad y fanatismo inclaudicables, sin embargo ella sólo inducía, sugería.  Tras los primeros años de la Revolución de Mayo, y por más de dos décadas, la anarquía era la que estaba al mando del vasto y deshabitado territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el país en formación era un hervidero y la violencia cerril proyectaba su sombra.  Será Rosas el que creará los fundamentos y el principio de una autoridad nacional en la Argentina, y quien la aplique exitosamente por primera vez en el ejercicio del poder por veintipico de años.            

El 1º de diciembre de 1828 el general Juan Lavalle –la “espada sin cabeza” como lo llamara San Martín, un militar brillante pero manipulado por los “doctores” había depuesto y luego fusilado al gobernador de Buenos Aires, el coronel Manuel Dorrego, héroe de cien combates en todas las guerras de la independencia y caudillo federal indiscutible de los barrios bajos. Rosas unió sus fuerzas con las del santafecino Estanislao López y ambos vencieron a Lavalle en Puente de Márquez el 26 de abril de 1829.               

Ya para entonces todos ponían los ojos en ese ganadero, el más importante de Buenos Aires, administrador de las estancias más organizadas, disciplinadas y productivas del país, el creador de la industria del saladero  y Comandante de campaña y jefe de un ejército de gauchos victorioso en la guerra contra el indio –los Colorados del Monte-, base verdadera del ejército popular y nacional.  En diciembre de 1829 Rosas fue nombrado gobernador de Buenos Aires con poderes extraordinarios.

Designó un gabinete de lujo, incluyendo a Tomás Guido como ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores, Manuel J. García como ministro de Hacienda y Juan Ramón González Balcarce como ministro de Guerra y Marina.                


En diciembre de 1832 Rosas fue reelecto gobernador pero no aceptó el cargo, rechazándolo por tres veces, a pesar de las súplicas del pueblo y de la Legislatura. Para entonces el partido Federal estaba ferozmente dividido entre los “doctrinarios”, “cismáticos” o “lomos negros” y los leales al Restaurador, los “ortodoxos” o “apostólicos”. Rosas no acepta presiones y organiza un Ejército Expedicionario de dos mil hombres, se aleja de la ciudad y de la provincia, y se interna en el desierto por más de mil kilómetros hasta el Paralelo 42, alternativamente combatiendo y negociando con los caciques indios.    

martes, 14 de abril de 2015


Brigadier General Angel Pacheco


Por el Doctor: Julio R. Otaño

Nació en Buenos Aires el 13 de abril de 1793, aunque algunos autores, como Carlos Calvo, lo dan como nacido en Santiago de Chile.  Fue hijo de Don JUAN PACHECO NEGRETE, español, y de Doña TERESA CONCHA DARREGRANDE, chilena.  Recibió una educación esmerada y realizó estudios de filosofía en el Colegio de San Carlos.  En el año 1811 se incorporó como cadete al Regimiento de Milicias  “Patricios de Buenos Aires”.   El 22 de noviembre de 1812 pasó a formar parte del Regimiento de Granaderos a Caballo. En vista del Combate de San Lorenzo, se desempeñó como astuto observador sobre la escuadra realista. Y su actuación heroica en la contienda lo hizo acreedor del ascenso de Portaestandarte Alférez del primer escuadrón, el 26 de febrero de 1813. Con un piquete de cuarenta hombres permaneció en el Convento de San Carlos, rechazando un desembarque realista en las proximidades de Zárate.

En 1815 fue ascendido a Ayudante Mayor y, un año después, atravesó La Rioja con rumbo a Mendoza para incorporarse al Ejército de Los Andes. Intervino en el Encuentro de las Coimas y luego en la Batalla de Chacabuco. También luchó con coraje en la contienda de Cancha Rayada.

Más tarde, en 1817, fue comisionado para traer a Buenos Aires los trofeos de la Batalla de Chacabuco y, el 10 de marzo de aquel año, Pueyrredón lo ascendió a Sargento Mayor. Participó en la Campaña de Talcahuano y más tarde en la decisiva Batalla de Maipú.

Durante los años 1818 y 1819 prestó sus servicios en la campaña del sur de Chile, al mando del Coronel Manuel de Escalada.
En el año 1822, contrajo enlace con Dolores Reynoso. El matrimonio tuvo nueve hijos: Ángel, José Felipe, Julio, Román, María Elvira, María Dolores, Águeda, Eduardo y Pablo.

Ya por aquel entonces Teniente Coronel, en 1825 se le confió el mando del reciente Regimiento III de Caballería. Con él, Pacheco abrió la Campaña contra el Imperio del Brasil Fue jefe de un batallón de caballería en la Guerra contra el Imperio del Brasil, y se destacó en la victoria de Ituzaingó. Era el segundo jefe del Regimiento Nro. 3 de Caballería, cuyo jefe era el coronel Brandsen, que murió en combate.  Luchó también en las pequeñas batallas finales de la guerra, incluyendo la de Ombú y Camacuá.  Después de esta última, el 1 de mayo de 1827 recibió los despachos de Coronel efectivo, y el 7 de septiembre es nombrando comandante en jefe del Departamento Norte de Buenos Aires

Se negó a secundar a Lavalle en la revolución de diciembre de 1828 y quiso ayudar a Dorrego, pero éste fue derrotado antes de que se le pudiera unir, y terminó refugiado en el regimiento de Pacheco. Su segundo jefe, Acha, se pasó a las fuerzas de los sublevados, arrestó a ambos y entregó a Dorrego a Lavalle, que lo fusiló. Se refugió en Santa Fe y regresó con el Restaurador, con el que hizo la campaña que terminó con la derrota de Lavalle, después de Puente de Marquez.   De regreso a Buenos Aires, en 1830, sirvió en la frontera oeste y participó en el ejército de la Confederación Argentina en la Campaña del Interior contra el sedicioso unitario General Paz.
En 1831, como parte del Ejército federal y a las órdenes del General Estanislao López, derrotó en Fraile Muerto a la vanguardia del General Paz, la que se
encontraba a las órdenes del Coronel Pedernera. Como mérito por su actuación lo promueven a Coronel Mayor.

En 1833 fue nombrado Mayor General en la Campaña del Desierto, comandado por Don Juan Manuel de Rosas.  Constituyéndose en uno de los militares más adictos al Brigadier General (Era amigo personal de Rosas ) Nombrado Jefe del Estado Mayor, ocupó el Río Negro y derrotó al Cacique Paylloven. Más tarde alcanzó la isla Choele Choel y por asalto tomó ese territorio, haciendo prisioneros a todos los indios.

En 1839, por ley y en reconocimiento a su sobresaliente servicio a la Patria, se le entregaron tierras en El Talar, de aproximadamente 7.600 hectáreas., y llegó a ser un importante estanciero, en parte debido a premios otorgados por el gobierno.  En agosto de 1840, el general Lavalle invadió Buenos Aires, desembarcando en San Pedro. Pacheco no tenía fuerzas suficientes para enfrentarlo, de modo que le dispersó sus caballos y lo cercó.  Lavalle avanzó hasta cerca de Buenos Aires, pero quedó encerrado entre las fuerzas de Pacheco y las de Rosas, de modo que finalmente retrocedió. Pacheco lo persiguió hacia Santa Fe.  Quedó bajo el mando del general Oribe, el ex presidente oriental, y a sus órdenes luchó en Quebracho Herrado como jefe de la caballería. Su acción decidió la victoria federal.   Cuando Lavalle retrocedió envió a Mendoza al coronel José María Vilela con sus mejores fuerzas; Pacheco lo persiguió con fuerzas menores y lo venció gracias a la sorpresa nocturna en San Calá.    Regresó a Córdoba, desde donde salió meses más tarde hacia Cuyo: hacia allí se dirigía el ejército unitario de Lamadrid. Después de haber tomado San Juan, éste se retiró hacia Mendoza. Pacheco asumió el mando de un ejército que incluía a los mendocinos de Aldao y Benavídez, con el cual destrozó a Lamadrid en la sangrienta Rodeo del Medio. Allí terminó la guerra civil empezada más de dos años antes.

En la Batalla de Arroyo Grande el 6 de diciembre de 1842, mandó la infantería del ejército coligado de la Confederación y los "blancos" uruguayos — cuyo comandante en jefe era el depuesto presidente oriental Manuel Oribe — contra las fuerzas de los "colorados" uruguayos y los unitarios argentinos comandadas por Don Frutos.   La actuación de las tropas de Pacheco fue decisiva, logrando arrollar el centro y la artillería del enemigo. Durante 1843 y 1844 intervino en el sitio de Montevideo Durante el sitio de Montevideo (1844), al lograr salir el General Paz con el propósito de abrir una brecha, Oribe y Pacheco, luego de una cruenta batalla, rechazaron a Paz el 24 de Abril en el combate de Tres Cruces.   En 1845 fue nombrado jefe de la Frontera del Centro de la provincia de Buenos Aires; repelió tentativas de incursión de los indígenas ranqueles, y mandó a fundar a los fuertes de Bragado y Mulitas (actualmente, la ciudad de 25 de Mayo). En 1850 fue elegido Diputado para la Legislatura de Buenos Aires.
En 1851, al levantarse Urquiza (aliado del Imperio del Brasil) contra Rosas, fue nombrado Comandante en Jefe de las Fuerzas Argentinas.

Por primera vez, Pacheco y Rosas no estuvieron de acuerdo en la estrategia a seguir, y el gobernador desconfiaba de su general.  Se reunieron en la Comandancia de los Santos Lugares-….se ignora lo que hablaron pero Pacheco salió visiblemente molesto, retirándose a su estancia.  Rosas no realizó ninguna acción contra su amigo y subordinado, asumiendo personalmente el mando del ejército Nacional, pero era en vano, ya que las tropas de Urquiza no sólo eran muy superiores sino que contaban con la artillería del Imperio del Brasil, quien realmente fue el verdadero triunfador de Caseros.

Pacheco también abandonó su país y viajó por el continente americano, deteniéndose especialmente en La Habana. Regresó a Buenos Aires después del 11 de septiembre de ese mismo año, en que Buenos Aires quedó dominada por los antiguos unitarios y se separó del resto del país. Organizó la defensa de la capital durante el Sitio que le impuso el general federal Hilario Lagos.    Pasó a retiro militar a mediados de 1853. Durante  años siguientes fue ministro de guerra del Estado de Buenos Aires, y enviado especial ante el gobierno del Brasil.     Permaneció el resto de sus días en su estancia del Talar, que hoy es conocida como "Talar de Pacheco".  Fue posiblemente uno de los más brillantes generales de la historia argentina, y nunca perdió una batalla en que mandara en jefe.

 Dijo de él Ernesto Quesada "Era cultísimo, galante con las damas, tenía el raro don de que todos se sentían bien con él, desde el más humilde soldado hasta el mas encopetado personaje."
"Era una figura singularmente severa, de estatura mediana, tieso de cuerpo, erguida la cabeza, siempre irrevocablemente vestido de uniforme, y habían cimentado su pasión ferviente, dominante, absoluta, por la carrera militar. Era la síntesis del caudillo y del jefe de milicianos.
"no quiso ser político ni antes, ni durante, ni después de Rosas. Su timbre de honor, su gloria, era haber sido soldado de San Martín: no quería aspirar a otra cosa. Nació con la vocación militar y con ella murió, sin haber claudicado una sola vez en su vida".





Murió en Buenos Aires en 1869. En el acto del sepelio de sus restos hablaron entre otros, el poeta Carlos Guido y Spano.  Sus restos descansan en el  Cementerio de la Recoleta.

domingo, 20 de mayo de 2012




MANUELITA ROSAS

Por: Doctor Julio R. Otaño

Nació en Buenos Aires el 24 de mayo de 1817, hija de Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra y fue bautizada con los nombres de Manuela Robustiana, ese mismo día, por el doctor José María Terrero. Se educó en la ciudad, en la calle de la Biblioteca (hoy Moreno y Bolívar) pero iba con frecuencia a las estancias de su padre del Pino (o San Martín) y Los Cerrillos.                          

Manuela jugaba con sus primas, vigilada por negras fieles e indias mansas, que era el personal domestico de las familias porteñas. Además se rodeo de amigas que le fueron fieles toda su vida   La "princesa de las pampas" Manuela tenía apenas 18 años, cuando su padre subió al poder por segunda vez. Y desde entonces vivió en compañía suya, hora por hora; cosa que jamás le había acontecido antes de esa época, en que la vida de Rosas cambia completamente en su modo de ser doméstico.

Al fallecer Encarnación, la madre, Manuelita pasó a desempeñar funciones de anfitriona y colaboradora del padre, aunque su papel político fue diferente al cumplido por su madre. "Tampoco es cierto que yo tomase parte alguna oficialmente de asuntos públicos o políticos durante la Administración de mi querido padre, cuando creo, que hice cuanto me fue dado para desempeñarme en los actos privados y sociales con la dignidad que correspondía a nuestra posición."

Por su simpatía y bondad conquistó la adhesión de cuantos la trataban y conoció la adulación y el halago interesado. El escenario natural de la vida pública de Manuelita fue Palermo. En esa mansión levantada por el Restaurador sobre terrenos pantanosos y que el convirtió en jardines tuvo Manuelita el marco para sus deberes sociales.  Un enemigo político de su padre el escritor José Mármol la describe así: "el nombre de Manuela Rosas es ya una propiedad de la historia. Manuela oye a todos; recibe a todos con afabilidad y dulzura.                 

El plebeyo encuentra en ella bondad en las palabras y en el rostro. El hombre de clase halla cortesía, educación y talento. Manuela no es una mujer bella, propiamente hablando; pero su fisonomía es agradable y simpática, con ese sello indefinible, pero elocuente, que estampa sobre el rostro la inteligencia, cuando sus facultades están en acción continua. Su frente no tiene nada de notable, pero la raíz de su cabello castaño oscuro, borda perfectamente en ella, esa curva fina, constante, y bien marcada, que comúnmente distingue a las personas de buena raza y de espíritu. Sus ojos, algo más oscuros que su cabello, son pequeños, límpidos, y constantemente inquietos.             

Se fija apenas en los objetos, pero se fija con fuerza. Y sus ojos, como su cabeza, parece que estuvieran siempre movidos por el movimiento de sus ideas. El color de su tez es pálido, y muy a menudo con ese tinte enfermizo de los temperamentos nerviosos. Agregad a esto un figura esbelta; una cintura leve, flexible, y con todos esos movimientos llenos de gracia y voluptuosidad que son peculiares a las hijas del Plata, y tendréis una idea aproximada de Manuela Rosas, hoy a los 33 años de su vida; edad en que una mujer es dos veces mujer".

José Maria Roxas y Patrón consideraba la idea de consolidar el régimen federal convirtiéndolo en monarquía hereditaria y nombrándola a Manuelita como "Princesa Federal" y legítima heredera. Este proyecto votado unánimemente en la legislatura fue rechazado por el Restaurador.
El óleo de Prilidiano Pueyrredón (y que se conserva en el museo de Bellas Artes) que la retrata de cuerpo entero fue pintado en la segunda mitad de 1851, y le fue obsequiado por un grupo de ciudadanos federales que la agasajaron con un baile.   Ese mismo año fue el de la gloria de Manuelita; gracias a los extranjeros y a la política internacional de Don Juan Manuel los periódicos europeos hablaban de la joven porteña. .

Luego de Caseros, Manuelita acompañó a su padre en el destierro y a pocos meses de su llegada a Inglaterra, el 23 de octubre de 1852, contrajo matrimonio con su novio Máximo Terrero, hijo de Juan Nepomuceno Terrero, amigo de JuanManuel de Rosas. Del matrimonio nacieron dos hijos varones: Manuel Máximo Nepomuceno, nacido el 20 de mayo de 1856,  y Rodrigo Tomás, que vino al mundo el 22 de setiembre de 1858. Vivieron en Hampstead, Londres. Ya Señora de Terrero y alejada de la escena pública ocupaba su atención, la contabilidad familiar, el pago de las cuentas, los trámites bancarios y los reclamos por la confiscación totalmente ilegal y arbitraria de su herencia, fueron algunos asuntos claves para ella.

Manuela sentía la responsabilidad de reivindicar la figura paterna, de combatir la historia falaz y arbitraria de los profetas del odio y de que las nuevas generaciones conozcan la verdadera Historia del Restaurador y de la "Confederación Argentina". Comienza así una nutrida correspondencia con Don Antonino Reyes el leal ex edecán de su padre.  Fue su confidente preferido - ella misma lo llamaba "mi secretario privado y confidencial". 

Fue por su intermedio que comenzó a  escribirle a Saldías - calificado en sus escritos como "Ángel protector" , remitiéndole valiosos materiales para su Historia de la Confederación Argentina, obra pionera del naciente revisionismo histórico.  Nunca le pasó inadvertido, ni en los días de su vejez, el infausto aniversario de Caseros.

El 3 de febrero de 1892 le manifiesta a Reyes:  "Te escribo en este día, aniversario de tanta fatalidad para nosotros. Quien todo lo dispone, así lo quiso, sigamos sometidos a su divina voluntad. Se cumplen hoy 41
años, ¡ Oh Reyes¡ Y estamos hoy mejor que entonces? "."Yo Reyes, nací para sufrir por todos y con todos. Mi carácter nunca fue propicio a mi felicidad".

Poco después y ya en Londres, le entregará a Adolfo Saldías el archivo completo de su padre. Su último aporte a los argentinos, fue la donación del sable que el general José de San Martín le había legado a Don Juan
Manuel en su testamento. Se ha dicho que Manuelita volvió a Buenos Aires en 1886, temporalmente. No fue así. Nunca regresó a su adorada patria.  Manuelita falleció en la capital británica el 17 de septiembre de 1898.

BIBLIOGRAFÍA:
Manuelita Rosas y Antonino Reyes “El olvidado epistolario"
Mármol, José "Amalia"
Sáenz Quesada, María "Mujeres de Rosas"
Sánchez Zinny, E. F. "Manuelita de Rosas y Ezcurra"


domingo, 29 de abril de 2012

José Gervasio de Artigas


ARTIGAS Y LA INDEPENDENCIA DEL RIO DE LA PLATA


Por: Doctor Julio R. Otaño

El eclipse de los grandes revolucionarios latinoamericanos del siglo XIX no pudo ser más patético. Bastará indicar que Bolívar, habiendo concebido la idea de crear una gran nación desde México al cabo de Hornos acabará vencido en su propia aldea.  Abandonado por el gobierno de Rivadavia, San Martín renuncia a completar su campaña continental y se retira de la vida pública. En el caso de Artigas la ironía se vuelve más trágica. Desde hace un siglo su estatua evoca a un prócer de Uruguay. Su carrera se despliega durante una década y agoniza en el desierto paraguayo, en la soledad más total, a lo largo de otras tre Nacía Artigas en la Banda Oriental en 1764, hijo de una antigua y linajuda familia, hacendado y oficial de blandengues.                         

La singularidad de su personalidad consiste en que fue el único Jefe latinoamericano que libró en el Río de la Plata casi simultáneamente una lucha incesante contra el Imperio Británico, contra el Imperio Español, contra el Imperio Portugués y contra la oligarquía de Buenos Aires.  Su principal sostén fue la campaña oriental y el litoral argentino, constituido por gauchos, peones, indios guaraníes y negros. Artigas pertenece a la generación revolucionaria de San Martín y Bolívar. Estos Jefes se propusieron conservar la UNIDAD EN LA INDEPENDENCIA; a diferencia de San Martín que se asignó la misión de extender la llama revolucionaria a través de los Andes y sólo le cupo luchar contra los realistas, lo mismo que a Bolívar; Artigas se erigió en caudillo de la defensa nacional del Plata y al mismo tiempo en arquitecto de la Unión FEDERAL de las provincias del sur. Defendió la frontera exterior, mientras luchaba por impedir la creación de fronteras interiores. Fue en tal carácter, uno de los primeros próceres americanos y el verdadero CAUDILLO DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO.

Es por eso que algunos historiadores unitarios como Mitre durante toda su vida se dedicarán a denigrarlo. Cuando Buenos Aires sustituye a ESPAÑA EN LA HEGEMONÍA SOBRE EL RESTO DE LAS PROVINCIAS, todas ellas se levantarán contra Bs. As. Pero de todos los caudillos es Artigas el que más hondo y lejos ve el conjunto de los problemas históricos en juego. Gran parte de los argentinos ignoran que durante 1810 y 1820 el antigüismo era el poder político dominante en la mayor parte de nuestro territorio. Aclamado por los PUEBLOS LIBRES como PROTECTOR, Artigas ejercía su influencia en las provincias de la Banda Oriental, Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe.

El gobierno centralista del Directorio sólo gobernaba la provincia metrópoli y un puñado de provincias, donde ya empezaba a fermentar la idea FEDERAL. Expresando la reacción general de los pueblos del interior ante las despóticas tentativas de Buenos Aires por subyugarlos a su política exclusivista.  Artigas SIEMPRE RECHAZÓ LA IDEA DE INDEPENDENCIA DE LA Banda Oriental, afirmando que es parte integrante de las Provincias Unidas de la AMÉRICA DEL SUR; pero “cada provincia deberá ser autónoma, es decir elegirá sus autoridades y tendrá sus propias leyes y estatutos”.
Si éste era el programa de Artigas, el de Gran Bretaña era exactamente todo lo contrario: independencia de la Banda Oriental y supremacía de Bs. As.

Desde los comienzos de su gesta heroica los indios integran sus huestes. No les recita ni les habla DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA. Los conoce y los protege, planeando obras de colonizaciones indígenas. Adopta a un indio, ANDRESITO, como gobernador de las Misiones.
Sus ideas económicas serán proteccionistas colocando altas tasas y aranceles para los productos extranjeros competitivos de la industria vernácula. Dicta también un reglamento de tierras: ordenando repartirla entre negros, indios y criollos pobres. La alianza entre Buenos  Aires y los portugueses terminará con la derrota del caudillo; será posteriormente traicionado por su lugarteniente Francisco Ramírez, quien lo derrota obligándole a exiliarse en Paraguay: Don José Gervasio de Artigas falleció el 23 de septiembre de 1850 en el destierro y pobremente.