La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



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miércoles, 27 de marzo de 2013



Domingo Faustino Sarmiento
 
Gobernador Pedro Ferré





LA LEY 1420 ES UNA DE LAS LEYES FUNDAMENTALES DE NUESTRA NACION ¿PERO EL PADRE DE LA CRIATURA ES PEDRO FERRÉ o DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO?


Por: Roberto Antonio Lizarazu

Todos sabemos que el Brigadier Don Pedro Ferré (1788-1867) fue gobernador de nuestra provincia durante tres períodos de 1824 a 1828, de 1830 a 1833 y de 1839 a 1842. Igualmente sabemos que la ley 1420, es la ley de educación universal, obligatoria, gratuita y laica de nuestro país.

La 1420, ley fundamental y trascendente como pocas,  fue sancionada en 1884 durante el mandato presidencial de Julio Argentino Roca y promovida por Domingo Faustino Sarmiento. Pero esas mismas características  tenía la ley aprobada por nuestra Legislatura en 1826 y que fuera promovida y luego establecida como ley por nuestro Gobernador Pedro Ferré, en la denominada “Ley de la Enseñanza y Educación Pública para la Provincia de Corrientes”.

Efectivamente es desde esta fecha (1826), en el gobierno de Don Pedro ferré, en el que realmente se organiza la instrucción pública en Corrientes. Por supuesto existiendo además en nuestra provincia, antes y después  de esa fecha, la enseñanza en instituciones religiosas y confesionales de variada índole y características.

Por ley del 7 de febrero de 1826, se fundan escuelas en todos los pueblos de la provincia en ese momento: Itatí, Ensenada, San Roque, Goya, Esquina, Caa Catí y Curuzú Cuatiá.

Se asigna un retribución anual de cien pesos como presupuesto,  no debiéndose cobrar de sus alumnos emolumento alguno, con excepción “de los alumnos que tengan facultades para un estipendio moderado”.   Era totalmente gratuita para el que no pudiese pagar costo alguno. Quedando exceptuados los alumnos cuyos padres podían costear los estudios de sus hijos. Sentido común a pleno.

Por un decreto reglamentario de las funciones de policía y alcalde de barrio, del 4 de febrero de 1826, se imponía la enseñanza obligatoria al establecer en el artículo 9: “Los alcaldes de barrio obligarán a todos los padres de familia a que manden a sus hijos a la escuela y en caso de que aquellos se muestren reacios, lo notificará al juez de policía para que proceda a hacer cumplir esta disposición”. Era obligatoria y universal.

Como vemos, la obligación escolar era entonces, en esa legislación provincial, de carácter impositivo y eficaz, pues imponía como deber a la autoridad policial el de “hacer cumplir la disposición”. Pero la preocupación del gobierno iba más allá aún; vigilaba con atención que podríamos llamar ahora, con  poder de policía, la conducta del estudiante en la calle pública: “Todo alumno de la escuela o clase de latinidad que se encuentre en los billares o reunión de juego donde pueda viciarse su educación, será conducido a la guardia principal, donde sufrirá el arresto de seis horas, después de lo cual se entregará a los padres o tutores encargándoseles la corrección apropiada del alumno”, agrega en su artículo 10.

A partir de este momento el entrecomillado corresponde a nuestro eminente académico Manuel F. Mantilla de su obra “Patriotas Correntinos”, Buenos Aires, 1884.

Por Ley del 29 de noviembre de 1826, por iniciativa del gobernador de la provincia, en mensaje y proyecto enviado a la Legislatura desde su cuartel general de Curuzú Cuatiá (1), se organiza por primera vez una autoridad propia para el gobierno de la enseñanza y educación pública en todo el territorio de la provincia.

“Importaba un acontecimiento de trascendencia en la historia de la instrucción pública argentina, con la definición de un concepto serio y orgánico de lo que esta función de gobierno significaba a los gobernantes correntinos.”

La ley establecía “1º Será formado, bajo el nombre de Instrucción Pública, un cuerpo encargado exclusivamente de la enseñanza y educación Pública, en todo el territorio de la provincia; 2º Los miembros del cuerpo enseñante (sic), contratarán con el gobierno obligaciones civiles, especiales y temporarias. Y 3º El mando de la instrucción pública será confiado a un inspector general que quedará encargado de su organización”

Además el gobernador Ferré, el 26 de abril de 1826 envió un mensaje a la Legislatura expresando la necesidad de fundar en la ciudad capital y a la mayor brevedad posible, una escuela de primeras letras ,una escuela de latinidades, conjuntamente con otras de matemática y pintura y dibujo.
Todos estos proyectos fueron sancionados por Ley el 12 de mayo de 1826. Otorgándoles para su funcionamiento parte de las instalaciones del Convento de la Merced de la ciudad de Corrientes. Funcionaban en instalaciones de un Convento religioso, pero la enseñanza era totalmente laica en esos institutos.

Se debe aclarar que las escuelas de latinidades serían en parte el equivalente a los estudios secundarios de hoy en día. Se preparaba en ellas a los alumnos que pretendían  continuar estudios universitarios.
Pasados sesenta años de esos proyectos, que efectivamente se realizaron y se llevaron a cabo, cuesta suponer que Sarmiento que era un estudioso obsesivo del tema educativo, haya ignorado la existencia de los mismos. Si Ferré como Gobernador de Corrientes no fue el padre de la Ley 1420, por lo menos fue uno de sus abuelos.

Pero como se explica en la precisa cita atribuida erróneamente a Miguel de Unamuno: “Las ideas como los hijos, no son de quien los pare si no de quien los cría”.

Se debe mencionar que tanto Ferré como Sarmiento, defensores acérrimos de la enseñanza pública, eran totalmente opuestos respecto al modelo del sistema educativo. Ferré era partidario del “Método lancasteriano” y Sarmiento enemigo declarado del mismo. Entre una y otra opinión existe más de medio siglo de diferencia en la evolución de la educación. Como ejemplo se puede mencionar que Belgrano era uno de los lancasterianos más conspicuos en nuestro medio y José Manuel Estrada fue uno de sus más firmes adversarios. Eran generaciones diferentes.

(1) Es extraño que los curuzucuateños no promuevan que su ciudad sea declarada capital provincial de la educación pública, por que es precisamente desde Curuzú Cuatiá, donde Ferré remitió a la Legislatura, el texto de la notable y precursora ley que mencionamos en esta nota. Además siendo beneficiada con la construcción de una de las siete primeras escuelas públicas que menciona la ley que nos ocupa.

jueves, 12 de abril de 2012



SARMIENTO vs.  ALBERDI, visto por Didier T. Jaén

Por: Roberto Antonio Lizarazu
Para el señor Anton Barreneche Roark

Hace pocos meses Vergara Editores puso en circulación  el libro “Rivales” del doctor  Nelson Castro,  con prólogo de Joaquín Morales Sola. Como es de rigor, dado la temática del mismo, me hice regalar con carácter de urgente,  un ejemplar  por uno de mis nietos. Como sabemos se trata de la eterna dicotomía de nuestros dirigentes políticos y sociales.  Saavedra-Moreno, Rosas-Urquiza, Sarmiento-Alberdi, Perón-Balbín y varios Boca-River más, que todos conocemos y sufrimos hasta el hartazgo y sin ninguna posibilidad de finalización.

Inmediatamente al leerlo y cuando llegué al capítulo Sarmiento-Alberdi, recordé al notable ensayista francés Didier T. Jaén, y su notable interpretación sobre los enfrentamientos de la dupla mencionada. Didier T. Jaén, publicó en el JOURNAL, OF INTER-AMERICAN STUDIES, La Generación romántica y el problema de Hispanoamérica en el vol. VIII Nº 4, Coral Gables (Florida), que depende de la University of Miami, octubre de 1966, en páginas 565 a 648, su propia interpretación del enfrentamiento Sarmiento versus Alberdi.

Jaén que en ese momento era profesor de Historia y Literatura Latinoamericana en la Universidad de California, en Davis, pretende explicar, por supuesto desde su óptica europea, lo que para mí siempre fue un mayúsculo intríngulis.  A partir de ahora casi todo lo resumido es de Jaén. (1)

La imposibilidad evidenciada por Hispanoamérica para satisfacer plenamente las esperanzas de felicidad y desarrollo humano que en ella cifraron los propios hispanoamericanos ha preocupado constantemente, afirma el doctor Jaén, a muchos de sus escritores. En la mayoría de los casos, agrega, esa visión inquietante y a veces desalentadora fue considerada con la convicción de que podía y debía lograr Hispanoamérica su plenitud. De ahí que, ante la visión de un fracaso quizá transitorio, esos escritores hayan tratado de encontrar las causas de tal situación, convencidos de que en la solución del enigma se encontraba la base para dar el paso adelante, pensar en el futuro, mirar el porvenir y dejar atrás el pasado.

Jaén argumenta que para  los principales representantes de la Generación argentina del 37 (Sastre, Echeverría, Alberdi, Sarmiento y otros) el enigma que representaba la idiosincrasia de la sociedad y la futura organización social y política a aplicar a la misma, era el tema que los obsesionaba y les quitaba el sueño; y además dividía a sus componentes. Ese problema no se refería exclusivamente a nuestro territorio sino que era el de toda Hispanoamérica.

Basando sus razonamientos en los conceptos de la historia y de la idiosincrasia de la sociedad que ya habían percibido a través del romanticismo francés y cuya novedad era aparente pues ya estaban presentes en Montesquieu. “Solo después de 1815, con la Restauración y en parte, a través del pensamiento alemán, especialmente Herder, los franceses descubrieron un nuevo Montesquieu, distinto, y hasta opuesto, al que habían conocido los forjadores de la Revolución Francesa. A partir de entonces se desarrollaron los nuevos conceptos de la historia y la sociedad que utilizaron los argentinos.” Estos conceptos afirmaban que cada pueblo tiene sus peculiaridades y que es necesario comprender éstas antes de querer organizarlo.

Para los intelectuales románticos del 37, lo que hacía falta era encontrar las teorías y sistemas que se ajustaran a la realidad hispanoamericana (2) y en particular la argentina.

Por su parte Sarmiento explicaba el problema como un aspecto del conflicto universal entre “civilización y barbarie”.  Y basándose en el estudio de las condiciones particulares de la Argentina, ofrecía como solución, el desenvolvimiento de las vías de comunicación, la inmigración europea, el establecimiento de las libertades individuales y sociales, la adopción de  formas democráticas y representativas, todo ello sostenido y recubierto por el incremento universal de la educación pública.

Pero según Jaén, lo que a Sarmiento le preocupaba, no era descubrir ¿Qué quería el país? (que es lo que hacen los demagogos) sino hallar los medios de implantar un modo, una forma, un como, poder salir de la barbarie y llegar a la civilización.

Explica Jaén que tras la caída de Rosas, Alberdi publicó sus “Bases” para orientar a quienes habrían de integrar el Congreso Constituyente. En ellas rechaza la tesis de Sarmiento como explicación de los conflictos que afligían a la Argentina. Alberdi no niega que existían diferencias entre los hombres de la ciudad y los hombres del campo, pero considera que no pueden condensarse en la fórmula “civilización y barbarie”, pues ambas formas de vida son producto de la civilización europea. La diferencia principal que halla Alberdi es el contacto que las regiones litorales han mantenido con la Europa moderna, en contraste con el aislamiento del interior. El atraso de los pueblos del interior, netamente hispánicos, demuestra, según Alberdi, la incapacidad de la cultura o la raza hispánica para lograr los adelantos materiales y políticos que la vida moderna exige. En consecuencia, no son las leyes ni las instituciones las que hay que cambiar; son los hombres. Mientras la población siga siendo la misma, nada se logrará con cambiar las leyes o hacer revoluciones  y proclamar principios democráticos. Y así, Alberdi que en las páginas iniciales de las “Bases” habla de la necesidad de adaptar el gobierno y la organización social a la población, termina afirmando en la misma obra que se debe adaptar la población al sistema de gobierno fomentando la inmigración anglosajona, pues “sin la cooperación de esa raza es imposible aclimatar la libertad y el progreso material en ninguna parte”.

Dice Jaén “El cambio de los románticos demuestra que no habían llegado a comprender perfectamente el acierto de su posición inicial. El Romanticismo sostiene exactamente lo contrario a lo sostenido por Alberdi. (3) “No trataron de descubrir las  aspiraciones del pueblo porque para ellas ya estaban dadas: eran las formas democráticas y el progreso concebidos a la francesa, a la inglesa o a la europea: no concibieron un progreso a lo hispánico, a lo argentino o a lo gaucho”.
“La solución de Alberdi, consistió en ignorar por completo el pueblo para el cual se pretendió formular el gobierno, ya que ese pueblo no servía para la clase de gobierno formulada, y traer en su lugar un pueblo diferente.”

Santiago Baqué, hoy por hoy casi un ignoto historiador para las mayorías, coincidió en este punto con Jaén y en su obra “Influencia de Alberdi en la organización política del Estado Argentino”, nos detalla con precisión algunos argumentos imperdibles. “Alberdi y algunos de los románticos que coincidían con él, tenían un auténtico patriotismo al país y no hacia sus compatriotas; pues no pensaban en la felicidad de los argentinos ni en su grandeza sino en la grandeza de su territorio”. El que suponga que el doctor Santiago Baqué era rosista o nacionalista o antiliberal se llevará una gran sorpresa cuando lea su biografía.

Continúa Jaén “Como románticos los miembros de esta generación acertaron al penetrar en las entrañas del pueblo y de su historia para sacar de allí una constitución y una unidad nacional que respondía a las aspiraciones del pueblo como un todo y no sólo de una parte. Pero dentro de la tradición y costumbres de ese pueblo no pudieron encontrar las características que respondieran a las necesidades de un sistema preconcebido a la vista del progreso material de Europa y de los Estados Unidos y, en este respecto, rechazaron al pueblo y su tradición y trataron de atraer de Europa a otros pueblos que respondieran a las especificaciones exigidas.”

“Pero si los románticos desviaron la dirección que indicaba el principio con él cual empezaron, las generaciones posteriores tampoco han llegado a comprender el mensaje implícito en la posición romántica: la idea de que la democracia no es inherente a ninguna forma de gobierno, -aunque en los países más democráticos haya logrado formas determinadas-, que el espíritu de la democracia es más bien una actitud de los gobernantes, un deseo de descubrir, expresar y concretar las aspiraciones del pueblo, actitud y deseo que, indudablemente, pueden faltar aún en el más vehemente defensor de las formas democráticas. La idea de que el verdadero gobierno democrático no es como el gobierno ilustrado que trata de imponer al pueblo lo que le parece mejor, sino que se compenetra con él y trata de elevarlo por medio de la educación, intentando expresar y materializar sus aspiraciones. La idea de que el gobierno democrático no es fraccionario sino total, no aspira a representar las aspiraciones e ideas de un bando, sino las de toda la población, a armonizarlas y hacerlas funcionar juntas. Los románticos, tal vez sin comprenderlo perfectamente, aportaron esta idea a la consideración del problema de Hispanoamérica; habría que regresar a ella y considerarla detenidamente, porque con ella se aproximaron a la solución.”

(1) Debo reconocer que cuando leí por primera vez el ensayo de Jaén, no me convenció. Puede haber sido mi juventud que acompañada por mi inexperiencia, limitaban mi opinión. Hoy en día considero a su ensayo sobre este tema, lo más cercano a la realidad. También debo reconocer que uno de los aspectos que influyó para que comenzara a mirar con simpatía los diferentes ensayos del doctor Jaén, fue su reconocida amistad con nuestro Jorge Luís Borges. Ambos se visitaron en varias oportunidades, tanto en Argentina, en Estados Unidos y en Francia.

(2) Se debe notar que Jaén menciona siempre Hispanoamérica y no Latinoamérica en sus argumentos. No incluía a la parte Américo-lusitana en sus comentarios.

(3) En 1837 cuando comienza el movimiento romántico por estas pampas, el mismo era marcadamente pro federal. No podía ser de otra manera, porque sino no coincidirían con el romanticismo.  La oposición posterior fue por motivos políticos a  Rosas no por motivos filosóficos ni conceptuales de su movimiento. Esta válida oposición política a Rosas, debería haber traído aparejado la inmediata cesación del uso del nombre “románticos”, cosa que no ocurrió, interpreto que por motivos de imagen.