La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



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miércoles, 27 de junio de 2012



FINALMENTE, ¿LINIERS ERA BONAPARTISTA O NO?


Por: Roberto Antonio Lizarazu

PRIMERA PARTE

Cuadro de situación general.  Hace pocos días el jueves 10 de mayo 2012, en este mismo blog publiqué un comentario titulado “Errores conceptuales al estudiar la Independencia de América” y en el mismo abrevié al máximo lo ocurrido en la Península Ibérica entre los años 1808-1814.

En este comentario, referido exclusivamente al bonapartismo de nuestro Virrey Liniers, intentaré explicar los movimientos políticos de Liniers entre 1808-1809, donde veremos diversas gestiones oscilantes del personaje que tratamos de definir.

Producido el levantamiento cívico popular de Madrid del 2 de mayo de 1808, (1) y los levantamientos inmediatos en otras ciudades españolas, Napoleón se vio apremiado a hacer aceptar por ambos monarcas, Carlos IV y Fernando VII,  padre e hijo,  presos en Francia, el acuerdo de que su hermano Don Pepe, fuese el Rey de España. Así se hizo. Pero el verdadero temor de Napoleón, era que la rebelión se extendiera a las colonias americanas y que estas se unieran con Inglaterra.  El levantamiento de la Metrópoli no lo asustaba en absoluto, incluso su opinión era peyorativa sobre ese aspecto, según dijo: “He dominado toda Europa, con mis imbatibles ejércitos y no voy a ser detenido por un pueblo de cobardes, de gentes a las que un simple gesto de amenaza hará inclinarse, que no se mantendrá un día en la revuelta y que en caso necesario se calmaría con cuatro tiros”.

Es peligroso hacer  declaraciones temerarias de este tipo en medio de una guerra de liberación. Estas palabras estaban escritas en cuanto libelo se imprimía en España y se encontraba en los bolsillos de los combatientes.

Wellington mucho más político y a la larga se vio que mejor conductor de ejércitos que Napoleón, definió en una sola frase lo que ocurriría a los pocos años: “Si la guerra de España dura, Europa está salvada”.  Efectivamente España no fue el vencedor definitivo de Napoleón en ningún campo de batalla, a lo sumo presentó batallas de un incierto resultado, donde los autores españoles mencionan como vencedor a España y los franceses afirman lo contrario,  pero como lo menciona Luis G. de Valdeavellano (2) “Si España no fue el sepulturero del absurdo sueño bonapartista, por lo menos cavó la fosa”.

Napoleón se daba cuenta, que si los ingleses apoyaban los diversos levantamientos americanos, que es lo que nosotros estudiamos como el “proceso juntista”,   las riquezas de América serían inglesas, y él no podría evitarlo pues no podía cruzar el Atlántico con sus numerosos ejércitos,  dado que carecía de la flota necesaria, que si contaban los ingleses. Pero en el imaginario político-diplomático de Napoleón, el contaba con Buenos Aires que tenía un Virrey francés de su parte. Veamos lo que tiene Vicente Sierra para informarnos sobre este tema: (3) “Liniers acababa de expresarle su adhesión en términos categóricos y amplios; y por su comportamiento contra los ingleses gozaba de enorme prestigio. Era preciso sumarlo a sus planes para lo cual sólo necesitaba un buque ligero para burlar el bloqueo inglés y un amigo de Liniers que lo recibiera inmediatamente. La nave fue una recién construida: “Le Consolateur”, el amigo, el marqués de Sassenay.”

“Sassenay llegó a Bayona el 29 de mayo  (1808) y de inmediato fue recibido por el Emperador el cual lo interpeló con su brusquedad habitual.
-¿Estais vinculado con M. de Liniers? le preguntó
-Si Sire, respondió el marqués
-Es lo que me había dicho Maret. Ministro de Napoleón, continuó el Emperador.
-Puesto que ello es así, voy a encargarle una misión ante el virrey del Plata.
-Estoy a las órdenes de Vuestra Majestad, replicó el viejo aristócrata.
-Pero Vuestra Majestad tendrá a bien permitirme volver a mi casa para poner mis asuntos en orden antes de emprender tan largo y tan peligroso viaje.
-Es imposible. Fue la respuesta.
-Es necesario que partas mañana mismo. No teneis más que veinticuatro horas para prepararos. Haced testamento. Maret se encargará de hacerlo llegar a vuestra familia. Entre tanto, id a buscar vuestras instrucciones. Y con un gesto, Napoleón despidió a su aterrado interlocutor”.

Relación de amistad y comercial entre Liniers y Sassenay

Sassenay, como tantos otros representantes de la nobleza francesa, había conocido el exilio en Inglaterra, con motivo de la Revolución de 1789, formando parte en los primeros ejércitos que lucharon contra aquel levantamiento. Actuó posteriormente en la campaña contra los sublevados en la Isla de Santo Domingo  que derrotaron a las fuerzas inglesas de las que formaba parte el regimiento de caballeros franceses que integraba Sassenay: Los dragones de Humpesch. Sassenay pasó a vivir en Lancaster, estado de Pensylvania, donde se casó. Al permitirse en los dominios españoles de Sudamérica el comercio con neutrales, Sassenay expidió tres grandes cargamentos destinados al Río de la Plata. En el navío de uno de ellos se embarcó en persona y estuvo en Buenos Aires, desde febrero a julio de 1800, período en el que trabó amistad con Liniers y efectuaron varias transacciones comerciales juntos de las que derivó una estrecha amistad personal. Ya con el apoyo en Buenos Aires de Liniers, Sassenay estuvo en otro viaje comercial entre septiembre de 1801 a mayo de 1803.
Estando en Buenos Aires, el Senado de Paris promulgó una amnistía general a la cual Sassenay se acogió y volvió a Francia para 1804.

Pero volvamos a las instrucciones que Napoleón le ordenó a Sassenay  debía recibir de manos de Maret. Este no lo recibió, lo atendió otro  de sus ministros, Champagny, quien le proveyó de las instrucciones a que debía ajustar su conducta, las que en lo esencial decían. Siguiendo nuevamente a Sierra: “Mr. de Sassenay (4) entregará al general Liniers los pliegos de que está encargado. El sabe lo que debe decirle del estado actual de Europa. No hará más que contarle lo que ha oído en Bayona; podría no ser más que el eco fiel del idioma actual de los españoles, que se felicitan al presente de un cambio de dinastía obrada de un modo tan pacífico que promete a la patria el remedio a tantos abusos  tantos males de que ella se quejaba ha tanto tiempo y le da la esperanza de ver renacer la antigua gloria y prosperidad.”

“Hablará de esta Asamblea convocada en Bayona, para empezar esta útil regeneración y de la esperanza que ella hace nacer en toda España, cuyos pueblos piden con ardor el soberano prometido, José Bonaparte, rey de Nápoles y de Sicilia. Mr. De Sassenay hará conocer en la América esta gloria de la Francia, que llena a toda Europa y que influencia el genio poderoso que la gobierna, y ejerce sobre Europa, a la cual dicta sus leyes”.   

Al margen del viaje de Sassenay y de las instrucciones que recibiera; tema sobre el cual continuaremos en el siguiente comentario, existe una contradicción que no deja de tener un aspecto  irónico en  toda esta situación y  es que los bonapartistas terminarían  afirmando que Liniers les había dilatado su respuesta, los había hecho perder tiempo; y no era hombre de confiar.

Los pro borbónicos españoles, tanto los Juntistas (Fernado VII) como los Carlotistas lo acusaron de bonapartista y de enemigo de sus partidos.

Los partidarios pro anglófilos, que los había y en gran cantidad, lo odiaban a muerte.

Los partidarios radicalizados de la primera hora de mayo, directamente lo arcabucearon.

Siempre sostuve que Liniers fue un meritorio y notable personaje histórico, héroe de La Reconquista, pero con unas circunstancias desfavorables que hacía que la mayoría de sus acciones se volvieran en su contra. Atraía enemistades políticas como un imán. Coincidentemente, Martín de Alzaga el héroe de la Defensa, también murió ejecutado a los pocos meses,  por supuesto por causas políticas diferentes, pero también muere igual que Liniers, ejecutado por  gobiernos auto denominado revolucionarios.  Ambos  destacados triunfadores de las invasiones inglesas terminaron ejecutados por los que se supone fueron los beneficiados por esos triunfos contra los británicos. A no ser que no hayan sido tan  beneficiados como uno supone.              

Muchas, demasiadas calles de Buenos Aires, están bautizadas con los nombres de pro anglófilos que actuaron en las invasiones del lado inglés; y algunas de ellas directamente con los nombres de agentes, pagos por supuesto, del British Foreign Office. Debe ser caso único en los anales de la Historia Universal,  donde la ciudad capital de un país, muestre calles y avenidas con los nombres de los espías y agentes al servicio del país que los invade.



(1) A ese  levantamiento cívico militar del 2 de mayo de 1808, corresponden la serie de óleos que Francisco de Goya y Lucientes diera a conocer en 1814, con el título “2 y 3 de mayo de 1808”.

(2) Luis G. de Valdeavellano. “Historia de España”. Revista de Oriente, 2 Tomos, Madrid, Cuarta Edición, 1968.

(3)  Vicente Sierra, en su Historia Argentina, toma los datos publicados por “DOCUMENTOS DE LA COMISIÓN NACIONAL DEL CENTENARIO”,         Documentos del Archivo de Tucumán, Invasiones Inglesas y Revolución de Mayo”. Buenos Aires, 1910.

(4) Mr. Es la abreviatura francesa de marqués.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Santiago Antonio María de Liniers y Bremont


LOS VALES PATRIOTICOS DE LINIERS


Por: Roberto Antonio Lizarazu

Cuando el dinero emitido escasea en las arcas estatales, es más viejo que la injusticia que los gobiernos emitan “Bonos” para ampliar la masa circulante. Pero en este caso puntualmente nos referiremos a unos “Vales Patrióticos” que proyectó Liniers con el objeto de paliar las dificultades financieras del Virreinato.

Santiago Antonio María de Liniers y Bremont, es designado Virrey como consecuencia de las heroicas acciones de la segunda de las invasiones inglesas, y mantiene el cargo desde el 10 de febrero de 1807 hasta el 30 de junio de 1809, pocos meses antes de los sucesos de mayo de 1810.

Para fines de 1808 el virreinato del Río de la Plata se encontraba financieramente en su estado normal. O sea en total quiebra. Para poder mantenerse, Liniers que gastaba más de lo que permitían las rentas reales y para forzar medidas con que salvar la situación, necesitaba el apoyo del Cabildo, es decir de sus circunstanciales enemigos políticos. El Cabildo se encontraba dominado por los grupos peninsulares monárquicos tanto de Fernando VII (Partido Juntista) como de su hermana Carlota (Partido Carlotista) y a Liniers lo apoyaban los llamados “afrancesados” o “iluministas”. 

Este enfrentamiento financiero por el manejo de las vacías arcas reales perduró durante todo el gobierno de Liniers y las acusaciones de unos contra otros; el Virrey contra el Cabildo y el Cabildo contra el Virrey ocupó el tiempo, las energías y mantuvo ocupado a los escribientes de uno y otro lado con reclamos, acusaciones y denuncias, que mantuvieron en permanente movimiento  a los correos reales. Pero de dinero nada de nada por ningún lado.

Pero Liniers, hombre ingenioso como pocos y apremiado como se encontraba sin poder hacer casi nada de obra pública y pagando los sueldos con seis meses de atraso,  resolvió recurrir a un arbitrio que violaba las leyes reales vigentes, tanto de la monarquía como de toda sana economía: la emisión de papel moneda, disfrazada con el pomposo   nombre de “Vales Patrióticos”. Como no tenía dinero, imprimía uno. Enterado el Cabildo, su Síndico Esteban  Villanueva el 27 de diciembre de 1808 denunció la peligrosa resolución de Liniers, informando que el mismo Virrey había mandado grabar ciertas láminas con las cuales se habían impreso una cantidad considerable de “Vales”; además recordó Villanueva que en uno de los dos proyectos que el Virrey había presentado a la Junta General (del Cabildo) en fecha 17 de mayo de 1808, se había referido a la emisión de esos vales que haría circular como papel moneda.

Villanueva agregó en su informe: “... los vales en estos Dominios serían el medio más eficaz de dejarnos a poco tiempo sin numerario, el comercio interior sin giro, la agricultura arruinada y la industria en el más lastimoso estado: Como las rentas reales son insuficientes para soportar sus cargas y gastos extraordinarios en el actual sistema de administración, no pueden presentar a la confianza pública ningún motivo de seguridad, sin la cual esa especie de moneda no entrará en circulación, y cuando que entrase, las fortunas se verían arruinadas, y un tropel de delitos inundarían el Estado y por último después de acreditar de un modo indudable la ninguna autoridad del gobierno para su establecimiento empeña a este Excelentísimo Cabildo para que representando al Excelentísimo Señor Virrey lo conveniente sobre un punto de tanto interés, impida semejante ruinoso proyecto”.

Martín de Álzaga en su carácter de Alcalde de primer voto del Cabildo, pudo comprobar la verdad de la denuncia de Villanueva (Quien además de Síndico era Alcalde de segundo voto). El platero Juan de Dios Ribera era el encargado de grabar los clisés. Estos se encontraban impresos en blanco y la autoridad correspondiente, en este caso Liniers, llenaba el nombre del titular y el importe depositado que servía como una letra al portador.

El 29 de diciembre el Cabildo se dirigió por oficio al Virrey, recordándole que, al proponer el 17 de mayo la emisión de moneda, la Junta General había rechazado su proyecto por inútil, perjudicial y gravoso; y que si bien ahora se constata que se había confeccionado los clisés, se considera que no atentará con “consecuencias funestísimas, privativo de la Soberanía (del Rey), para por su cuenta intentar causar la ruina del Continente”.

El plan de Liniers consistía en una emisión de cinco millones de pesos, en Vales de veinticinco a quinientos pesos, con un interés del seis por ciento anual. Quedando como garantía todas las rentas reales, que dependía del Virrey, los fondos del Cuerpo Municipal (El Cabildo) y los del Real Consulado, que dependía de Belgrano. El plan de los vales en el tema de garantías era medio disparatado. El Virrey emitía los vales y los garantizaba  con las rentas reales que dependía de él, con los del Cabildo y con los del Consulado.

Unos párrafos anteriores mencioné que Liniers era un hombre ingenioso. Pero hay que reconocer que pocas veces la suerte estuvo de su lado. En este proyecto ocurrió otro tanto. Uno de los famosos vales que ya circulaban entre algunos comerciantes y financistas, fue ofrecido como parte de pago de un deudor de Francisco Javier de Elío, el Gobernador de Montevideo, que pretendió cancelar la deuda que mantenía con él,  con unos “Vales Patrióticos”.

El gobernador de Elío informó directamente a su Cancillería, quien por carta del 8 de febrero de 1809 detallaba lo siguiente: “He podido tener uno de los vales que el virrey Liniers hace mucho tiempo intenta crear, y no obstante que halló en la mayor parte del comercio una oposición terrible, se estamparon, y no se si dejará el proyecto porque sus gastos son excesivos y más del duplo de lo que las rentas Reales y situados le reditúan: V. A. comprenderá cuál puede ser su fin, cuáles sus facultades para crearlos , cuál la precisión pues mantiene un Ejército innecesario con una infinidad de vagabundos con crecidos sueldos, y sobre todo, cuan infalible era la destrucción y desorganización del comercio interior de la  América. Sólo incluyo a V. A. para su conocimiento”.  (1) (2) (3)

La oposición generalizada que desató el proyecto determinó su finalización antes de que alcanzara mayor proporción. A los pocos meses dejaron de imprimirse y honestamente desconozco si alguien pudo recobrar su inversión.

(1) Fuente documental. Vicente D. Sierra. Historia de la Argentina. Fin del Régimen Virreinal e Instalación de la Junta de Mayo de 1810. (1800-1810).  Editorial Científica Argentina, Buenos Aires.

(2) José Torre Revello. La Sociedad Colonial, Buenos Aires, entre los siglos XVI y XIX. Editorial Pannedille, Buenos Aires, 1970.

(3) V. A. Quiere decir Vueltra Alteza.

jueves, 29 de marzo de 2012

Gobernador Liniers



CUANDO LINIERS FUE GOBERNADOR DE LAS MISIONES

Por: Roberto Antonio Lizarazu
Liniers también anduvo por nuestros pagos. En 1802, cuando ya había pasado el mal trago del fallido intento de “Las pastillas de Liniers”; y cuando el Virrey en ese momento era Joaquín del Pino y Rozas (1801-1804), (1)  nuestro futuro héroe de la Reconquista se postuló ante las autoridades para cubrir la vacante, que desde hacía meses se encontraba en ese estado, al empleo de Gobernador de los Treinta Pueblos de las Misiones del Uruguay y Paraná. El Coronel Joaquín de Soria que había sido el gobernador anterior,  había dimitido en diciembre de 1801, por una razón muy simple, las partidas de pago no llegaban nunca, y cuando llegaban había diferencias inexplicables.

Santiago de Liniers que era en ese momento Capitán de Navío de la Real Armada Española, fue nombrado luego de algunas naturales oposiciones, por Real Orden expedida el 5 de noviembre de 1802. Nos detendremos en esta RO, por que en ella se detallan  las funciones y responsabilidades que le correspondían cumplimentar a Liniers en este nuevo cargo y además por que al ser esta RO un original, deseaba compartir con los lectores de Corrientes Opina esa  circunstancia.

“Yo, Dn. Joaquín del Pino y Rozas, por cuanto se halla vacante el Empleo de Gobernador de los treinta Pueblos de Misiones del Uruguay y Paraná por dimisión que ha hecho el Coronel Dn. Joaquín de Soria que lo obtenía por nombramiento de este Superior Gobierno y Capitanía General confirmado por Real Orden de tres de diciembre del año pasado, y precisa proveerlo desde luego provisionalmente en un oficial de talento, desinterés, celo y conocimientos militares y políticos; por tanto y conceptuando asistido de estas circunstancias y demás convenientes al Capitán de Navío de la real Armada Dn. Santiago Liniers, le elijo y nombro por ahora en comisión por Gobernador Político y Militar de los mismos Pueblos y Subdelegado de Real Hacienda de los pertenecientes a esta Provincia”.

“Y mando que haciendo ante esta Real Audiencia el correspondiente juramento de usar bien y fielmente su oficio y tomada razón de este Despacho en el Tribunal de Cuentas y Reales Cajas de esta Capital se le admita al ejercicio de él con el sueldo que le corresponde por su referido empleo  de Capitán de Navío y reconociéndole por su Gobernador, los Tenientes , Cabildos, Caciques, Corregidores, Naturales, Empleados y Habitantes en los citados Pueblos obedeciéndole y haciendo cumplir las órdenes y guardar las facultades, privilegios y prerrogativas que como a tal Gobernador le pertenecen. Para todo lo cual le hice expedir este Despacho firmado de mi mano, sellado con el sello de mis armas refrendado por el Secretario de Su Majestad de este Virreinato; en Buenos Aires, a cinco de noviembre  de mil ochocientos dos.- Joaquín del Pino- Manuel Gallego.
Vuestra Excelencia nombra por ahora y en comisión , por Gobernador de los treinta pueblos de Misiones del Uruguay y Paraná al Capitán de Navío de la Real Armada Dn. Santiago de Liniers”. (2)

Liniers previendo el sinnúmero de dificultades de todo tipo que encontraría en una región para él, totalmente desconocida, se ilustró cuanto pudo sobre sus particularidades y se puso en contacto con el fraile dominico Julián Perdriel, quien por haber vivido varios años en las reducciones jesuíticas, en ese momento lo convertían en un experto sobre la materia.

Se debe tener en cuenta; y Liniers era totalmente consciente de ello, que la mayor dificultad de su gobierno y la de cualquier gobierno que fuese nombrado,  resultaba ser la indefensión de las Misiones ante las permanentes, reiteradas y crónicas incursiones de los bandeirantes paulistas. De común acuerdo entre Liniers y Perdriel proyectaron un tren de artillería volante, que se pudiera desplazar rápidamente entre las distintas Misiones y poder enfrentarse a los Tiradores Paulistas y a la caballería bandeirante. Liniers le solicitó a del Pino los obuses que artillaban la fragata Medea, surta en el puerto de Montevideo para esos menesteres de defensa de su gobernación.

Es verdad que del Pino accedió al pedido y ordenó lo requerido por Liniers, pero la Medea junto con La Fama, La Flora y la Mercedes zarparon desde Montevideo escoltando un importante cargamento de mercaderías y caudales rumbo a Cádiz, sin dejar sus preciados obuses y marcando claramente cuales eran las prioridades para la corona. Entre defender las Misiones y defender el cargamento de plata con rumbo a las arcas reales, no había mucho que decidir.

Para explicar como termina el viaje de La Medea, la Fama, La Flora y La Mercedes me guiaré por la reconocida obra de Alejandro Larguía, Las Misiones Jesuíticas del Uruguay. La Provincia Perdida, Corregidor, con prólogo del R. P. Julián Zini, Corregidor, Buenos Aires, 2007. “Cuando el convoy en el que viajaba Don Diego de Alvear  con su familia estaba llegando a Cádiz fue interceptado por naves de guerra inglesas. El Comandante pretendió que se rindiera todo el convoy, que estaba constituido por cuatro navíos, la fragata “Medea” ya sin sus obucitos,  la “Fama”, la “Clara” y la “Mercedes. El Comandante español naturalmente lo mandó al inglés a tomar baños y empezaron los cañonazos.  Una bomba inglesa hizo estallar la Santa Bárbara de la “Mercedes”, en la que viajaba la familia de Don Diego de Alvear. Esta familia pereció junto a toda la tripulación.”
“Por haber tenido que reemplazar al comandante enfermo, ese día Don Diego de Alvear navegaba en la “Clara”, acompañado por uno de sus hijos, Carlos María, entonces de dieciséis años, a quien su madre no lo aguantaba en la “Mercedes” y lo había fletado con su padre. Providencialmente entonces, se salvó de perecer  junto a su madre y sus siete hermanos, este muchacho nacido y criado entre los guaraníes del pueblo misionero de Santo Ángel Custodio, hoy conocido en Río Grande do Sul como Santo Ángelo.”
“Ocho años después de este funesto episodio, volvería el misionero Carlos María de Alvear a navegar hacia su patria, esta vez en la fragata inglesa “George Canning”. Vendría en compañía de otro misionero, nativo de Yapeyú, llamado José Francisco de San Martín.”

Pero debemos volver a nuestro tema. Liniers llega a Candelaria, el 6 de marzo de 1803. En ese momento Candelaria gozaba del pomposo título de "Capital de la Gobernación. Llega sin Perdriel al que su orden no autorizó su viaje y sin los mencionados obuses para organizar una defensa medianamente eficaz. Liniers tuvo la buena idea de que toda la correspondencia entre su Gobernación y el Virrey quedara registrada por duplicado en un libro que denominó Borradores de la Correspondencia al Virrey, (3)y que felizmente se conservó hasta nuestros días y por medio del cual se pueden conocer las vicisitudes de su gobierno. Dicho sea de paso esas vicisitudes son las mismas de todos los gobernadores anteriores. Al margen que los sueldos no llegaban nunca, el abandono y la desidia más absoluta por parte del Virreinato respecto de estos abandonados pueblos a la mano de Dios y prácticamente ofrecidos a quien quisiera ocuparse de tomarlos.

La lectura de estos borradores es un reiterado testimonio de la escasa atención a las distintas iniciativas y proyectos, de diversa índole, que Liniers pretendiera. Todo era aceptado pero no se realizaba absolutamente nada, ni aparecía un real ni dibujado. Todo era voluntarismo.

Liniers reclama en forma prioritaria atención a la defensa del territorio a la que consideraba inadecuada para controlar las incursiones que los portugueses realizaban periódicamente, consecuentes con su tradicional política expansionista.  Los lusitanos llevaban a cabo sorpresivas correrías en territorio español, asaltando a sus pobladores indefensos, arreando su ganado y llevándose en cautiverio a los indígenas que encontraban a su paso, y vendiéndolos como esclavos. En uno de los borradores de junio de 1803, un párrafo grafica perfectamente lo que ocurría. “Es imperioso tomar las más estrechas medidas para poner, al menos, nuestra costa occidental al abrigo de estas raterías.” La costa occidental es actualmente el territorio de nuestra provincia.

Cuando se hace el inventario del armamento que le entregara su sucesor, el ya mencionado Joaquín de Soria, se puede observar el estado de obsolescencia de las mismas. En Candelaria se registraron ciento sesenta armas de chispa, en Concepción setenta y cinco y en Yapeyú 218. Lo que daba en  un total de 453 armas de chispa para la defensa de todo el territorio. El problema radicaba que solamente cincuenta de ellas estaban en funcionamiento, entre pistolas de chispa (del vasco piztu-ola), arcabuces y mosquetes.  Lo demás servía solamente para ampliar la estadística y eventualmente para los desfiles, pero no para hacerle fuego a nadie.

Este tema de la carencia del armamento a fin de defender el territorio no fue atendido por el Virrey. En realidad ningún tema fue solucionado y todo quedó exactamente igual de calamitoso que antes de la llegada de Liniers. Lo mismo sucedió con el aspecto del estado sanitario de la población que fue uno de los de mayor preocupación y que mereció varios oficios clamando por alguna ayuda.

Otra de las preocupaciones sin resolver fue intentar evitar la vergonzosa explotación de los naturales en yerbatales y obrajes madereros y reclamaba al Virrey la aplicación de la ley vigente sobre el particular. “Por lo menos deberían gozar de los derechos que dimanan de nuestros principios y leyes fundamentales,  y de las particulares con que han sido favorecidos los demás indígenas de ambas Américas”.

Luego de casi tres años de ver como le aprobaban todos sus requerimientos y finalmente ninguno se llevaba a cabo. Poco antes de pedir su remoción y luego de veintiséis meses de no cobrar sueldo alguno,  Liniers presenta un plan, que hoy podríamos llamar de reforma agraria, y que el denomina “Sistema de un género de enfiteusis en las Misiones”.  Daría la impresión que pretendía establecer aggiornado el antiguo sistema aplicado por los jesuitas que tanta prosperidad trajo a las partes involucradas. Con algunas modificaciones en las denominaciones y algunos puntos más  en el canon por el pago del servicio por el dominio de la explotación de la tierra. En un extenso “Memorial al Rey” presenta su proyecto de enfiteusis, que por supuesto tampoco no prosperó.

“En esta etapa de su vida, tal vez la menos conocida de su azarosa existencia, Liniers demostró poseer un criterio moderno, completamente opuesto al que la metrópoli aplicaba a sus colonias en materia de economía, cuando sostenía nada menos que el libre comercio y propiciaba el reparto de tierras como único medio de evitar la explotación de los naturales y de obtener un desarrollo nacional de las riquezas agrícolas.” (4)

Finalmente es relevado de sus funciones el 3 de enero de 1804, y designado su sucesor, Don Bernardo de Velasco, pero lejos de mejorar su suerte, comenzaba la peor parte de esta fallida experiencia. En Itapuá contrató la sumaca Nuestra Señora del Pilar que lo llevaría de regreso  a el y a su familia hasta Buenos Aires.  Liniers era casado en segundas nupcias -su primera esposa fue Juana Úrsula Membielle- con María Martina de Sarratea, hija de Manuel de Sarratea, y lo había acompañado en su viaje como gobernador.

En ese viaje de regreso fallece su señora  María Martina de Sarratea, y a los pocos días fallece la hija recién nacida Francisca de Paula de Liniers. El viaje finaliza con el mismo sino  con que se había desarrollado su gestión de gobernador. Muy mal, viudo nuevamente y con más deudas que antes de comenzar.

Faltaba un par de años para llegar al más grato tiempo de las apasionadas relaciones amorosas con la Perichona y que diera comienzo a un período donde los hados se colocaron de su lado; pero solamente por algunos años hasta que nuevamente le soltaron la mano.

Observaciones y fuentes consultadas.

1. Para tener una idea de los acelerados cambios que se producían en los gobiernos virreinales de esos años.  En 1794 cuando el fallido negocio de las pastillas, el virrey era Nicolás de Arredondo 1789-1794), Luego vino Pedro Melo de Portugal y Vilela (1794-1797), luego Antonio Olaguer y Feliú (1797-1799), luego Gabriel de Avilés y del Fierro (1799-1801) y luego Joaquín del Pino (1801-1804). Entre el tema de las pastillas y la gobernación de las Misiones de Liniers, pasaron cinco virreyes. Ningún gobierno alcanzaba a durar tres años. Esta falta de continuidad ejecutiva siempre fue uno de los puntos débiles de la monarquía borbónica y coadyuvaron al comienzo de su derrumbe que se produce al poco tiempo.

1.- AGN. Virreinato.  Libro 32, folio 249. Titulo: Gobernador interino de los treinta Pueblos de Misiones Guaraníes y Tapes, expedida el 5 de noviembre de 1802.
2.- AGN. División Colonia. Gobierno. Borradores de correspondencia de Santiago de Liniers al Virrey del Río de la Plata. Sala IX.18.8.8.
3.-Bernardo Lozier Almazán, Liniers y su Tiempo. Emecé Editores, Buenos Aires,

lunes, 26 de marzo de 2012


LAS PASTILLAS DE LINIERS


Por: Roberto Antonio Lizarazu
Corrían los días del virreinato de Nicolás de  Arredondo (1789-1795), cuando  en 1791 nuestro futuro héroe de la Reconquista, Santiago de Liniers y Bremond, en ese momento un joven Capitán de Fragata de la armada española y su hermano el Conde Luís Enrique de Liniers, quien fue el que puso el dinero, tuvieron la ingeniosa idea de producir para su venta masiva, en base a sustancia de carne vacuna, unos panes de extracto de carne con los cuales se podía hacer sopas y guisos y  algún valiente hasta animarse a comerla directamente previamente calentado. Este producto pasó a la historia con el nombre de: “La pastilla de Liniers”.

Esto no fue un invento de los hermanos Liniers. De manera familiar en muchas naciones europeas con tradición vacuna,  se cocinaba  para su conservación en el invierno de manera inmemorial de esta manera. Se obtenía una gelatina o pastilla de sustancia de carne que pudiera ser conservada algún tiempo.

El Conde Luís Enrique de Liniers, heredero del título nobiliario de la familia, responsable de la iniciativa y del capital, llevaba  la dirección de la pyme y había obtenido… “una Real Orden con la aprobación de un plan para elaborar pastillas de sustancia y aguardiente de granos de uva del lugar y almidón”. (1)

Se debe notar que en la Real Orden además de las pastillas se le agregó lo del aguardiente. Si uno lee la Real Orden (firmada por el Virrey) todo el texto bastante largo en especificaciones, está referido a las pastillas propiamente dichas, y en el último renglón, como al pasar, se menciona lo del aguardiente.

Para llevar a cabo el proyecto, en el texto de la RO se previó  dar una exclusividad de ocho años sin competencia alguna y la cesión de una casa en Buenos Aires para su instalación. Primero se pensó ubicar la fábrica en una quinta del Retiro, actual plaza San Martín, pero no prosperó. El Procurador General del Cabildo, quien representaba los intereses de los vecinos se opuso con muy buen criterio, argumentando que: “los inevitables  malos olores y que en ese lugar se acostumbra lavar la ropa y los vecinos, pasear en el verano” (2)

Finalmente a fines de 1791, se instalaron en el barrio “del Miserere”, en una quinta comprendida en las actuales calles Boedo, Venezuela, Moreno y Liniers. El proceso de elaboración de las pastillas consistía fundamentalmente en hervir en grandes tachos de cobre durante varias horas, carne vacuna trozada en  tamaños generosos. El producto que se obtenía era un caldo concentrado que se enfriaba en envases de hojalata de distintos tamaños y se tapaba. Para poder ser utilizado había que disolverlo en abundante cantidad de agua a la que había que agregarle sal, pimienta y verduras y se hervía nuevamente. Con esto se debería obtener una sopa espesa y nutritiva. El procedimiento en teoría es similar  a las sopas y caldos concentrados de la actualidad.

Nos ilustra Alfredo J. Montoya en su libro “La ganadería y la industria de salazón de carnes en el período 1810-1862, Buenos Aires, El Coloquio. 1971, que a pesar de vender varios miles de libras del producto durante el año 1794, la empresa se fundió al año siguiente y Liniers se vio  obligado a “empeñar hasta su camisa”. Lo que Montoya no menciona para nada, como si nunca se hubiese llevado a cabo, es el tema del aguardiente. No parece muy razonable obtener una RO del virrey para producir algo de mucha mayor demanda que las pastillas y no hacerlo.

Observaciones. Soy consciente de que este comentario deja sin explicación varios aspectos que por respeto a los lectores de este blog intentaré ampliar. No resolverlos, porqué escapa a mis limitadas posibilidades, pero si ampliar su panorama.
Uno de ellos es el agregado en el último párrafo de la RO del virrey  de una habilitación para destilar aguardiente en un documento que habilita para producir un derivado vacuno. No tiene absolutamente nada que ver una cosa con la otra. Los hermanos Liniers se fundieron haciendo una producción cuando tenían la autorización para producir algo que los hubiera enriquecido de inmediato. ¿Tan torpes eran?

Varios autores sostienen que los verdaderos motivos del cierre de la fábrica de pastillas no fue el tema de la comercialización de las mismas, si no razones políticas. El gobierno virreinal sospechó que varios de los que trabajaban en la empresa tenían ideas favorables a la Revolución Francesa y muchos de ellos fueron presos y deportados. Los hermanos Liniers optaron por salir del mercado comercial para no figurar tanto antes que les tocara a ellos las sospechas.

Otros autores sostienen respecto de la RO, en la cual  en su último párrafo figura la habilitación para destilar aguardiente, que el párrafo en cuestión fue agregado con posterioridad al fusilamiento de Cabeza de Tigre, para desmerecer la figura de Liniers, quien gozaba de gran prestigio en la sociedad no solo de Buenos Aires, si no en las provincias, y sobre todo en Córdoba.

También se debe señalar que la RO que nos ocupa, se halla archivada en el AGN, o por lo menos se hallaba archivada hace un par de décadas, pero ese ejemplar no es el original, es una copia realizada aproximadamente en 1815. El original casi seguramente se encuentre en poder de algún pudiente coleccionista privado brasileño, como gran parte de nuestra documentación histórica que en los últimos cincuenta años sufrió una vergonzosa e ilegal sangría, ante la miopía de nuestras autoridades competentes.

Fuentes:
(1) Bernardo Lozier Almazán. Liniers y su tiempo, Emecé Editores, 1990.
(2) Félix Luna. Todo es Historia. Aventuras y Desventuras del Vacuno Criollo en la Época Colonial. José Andrés Carrazzoni. Nº 391, febrero 2000
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