La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



Mostrando entradas con la etiqueta Profesora Marta Hebe Loureiro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Profesora Marta Hebe Loureiro. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de marzo de 2014



MANUEL BELGRANO Y LOS ESCITAS JUJEÑOS


Por: Profesora Marta Hebe Loureiro

Introducción

Desde la prehistoria, el ser humano se diferenció de otros seres vivos, pues supo que su supervivencia dependía de la satisfacción de dos necesidades básicas: la obtención de alimentos y el abrigo, hasta tal punto que debió luchar contra otros hombres por los mismos intereses.

Si pensamos en los primeros estadios paleolíticos, en los que las actividades se centraron en la caza, la pesca y la recolección de frutos, el hombre fue adquiriendo nuevas destrezas y aprendiendo a vivir en un ambiente hostil, cambiante, trasladándose hacia regiones que tuvieran los recursos necesarios para su subsistencia.

El desarrollo de la agricultura, la cría de ganado e incluso la construcción de notables sistemas de riego artificial y el almacenamiento de alimentos le dieron, sin lugar a dudas, una gran diferencia con respecto a las demás especies y a sus antepasados. 

La revolución del Neolítico fue la que demostró que su inteligencia estaba a su servicio para tal fin, la producción agraria y la domesticación de los animales fueron las que le dieron la base de la organización social de las primeras aldeas. De esta manera, abandonó el nomadismo y comenzó la etapa de una organización más compleja que dio origen a las primeras civilizaciones.

Egipto, Mesopotamia asiática, China, India e incluso América lo demostraron, con el surgimiento de grandes sociedades que presentaban un alto grado de complejidad política, religiosa, social y económica, demandando una organización eficiente. A través de las conquistas militares, obtuvieron nuevos territorios convirtiéndose en fabulosos imperios.

Tras largos esfuerzos y a pesar de las adversidades, el hombre logró dominar el planeta.
Por eso nos podemos preguntar, qué difícil será para un pueblo que tiene todo organizado abandonar y quemar todo aquello por lo que se esforzó y, de esa manera, evitar que otro se apodere de ello.
¿Qué habrá sentido el pueblo de Jujuy y el mismo General Manuel Belgrano, al dar la orden de abandonar y arrasar por el fuego lo que obtuvieron con tanto sacrificio, para provocar en el ejército realista su derrota física y psicológica que aquel momento requería?

Para la misma época, el pueblo ruso produjo un hecho similar: la tierra arrasada frente al ejército de La Gran Armée, un ejército que avanzaba con una rapidez increíble frente a un pueblo que muy lejos estaba aún de presentar batalla.

La misma estrategia para la misma época, en diferentes ambientes, tuvo por finalidad frente a enemigos poderosos, salvaguardar la vida de la  población no preparada para un combate inmediato, pero que le permitiría la organización de un ejército de patriotas que le daría futuras victorias. El sacrificio fue el mismo para ambos pueblos.

El presente trabajo pretende reforzar la figura de Manuel Belgrano, quien nunca pensó en ser soldado, pero siempre demostró estar a la altura de las circunstancias, fuera donde fuese, a las órdenes del Triunvirato, siendo útil al país y a sus conciudadanos. Un estudioso de los verdaderos problemas que necesitaban rápida solución, desobedeciendo genialmente, bajo su propia responsabilidad, para proteger y preservar la vida de los demás.

Un hombre con grandes dotes de estadista, capaz de todo sacrificio. Un intelectual inquieto, un abogado brillante y un militar que se forjó en la fragua de los genios. Una persona que dedicó su vida al servicio de sus ideales, y con profunda vocación patriótica abrazó la milicia como un imperativo del deber de la hora.

También, este trabajo pretende afianzar el valor y la decisión del pueblo jujeño, quienes acatando la orden del General Belgrano, en momentos en que la Patria les exigió un sacrificio, lo hicieron, a pesar de las lágrimas con profundo heroísmo, en la batalla por las provincias del Norte.

Desarrollo

La estrategia de la tierra arrasada o quemada fue puesta en práctica en diferentes momentos de la Historia. Así por ejemplo Herodoto registró que los escitas la usaron en contra del rey persa Darío I o Darío el Grande; más adelante los galos, con Vercingetórix, la utilizaron contra Julio César.
También fue utilizada por los musulmanes contra los cruzados a principios del siglo XI, y durante la guerra de los Cien Años la usaron franceses e ingleses indistintamente.
Otros registros como la invasión turca a Valaquia en 1462, o los indígenas contra la invasión a  Quito por los españoles, o la guerra entre Pedro el Grande de Rusia contra los suecos en la batalla de Poltava en 1709.

Entonces, sabiendo que Manuel Belgrano fue un gran estudioso e intelectual y adelantado para su época, no se puede dudar que haya pensado en esta estrategia, la que se dio en llamar en nuestra Historia Argentina, El Éxodo Jujeño.      

En el territorio argentino a inicios del siglo XVI vivieron grupos indígenas que se encontraban en grados muy diversos de desarrollo cultural, y que generaron a través de los siglos, formas muy variadas de adaptación a las distintas condiciones naturales del territorio.

El noroeste argentino estuvo habitado por pueblos sedentarios, con importantes densidades demográficas y altos niveles de desarrollo político y cultural en el momento de la llegada de los españoles; influidos por el imperio incaico a principios del siglo XVI y con la adopción de muchas pautas culturales y sociales impuestas desde el Cuzco.

Esas regiones que conocemos genéricamente como andinas, áridas y pobres, tuvieron habitantes que supieron adaptarse y aprovechar sus potencialidades, y sobre todo la enorme diversidad de microclimas y recursos en espacios relativamente cercanos.      

Una limitada agricultura, preferentemente en la ladera de las montañas, donde gracias a la formación de terrazas artificiales para el mejor aprovechamiento del agua escasa, se pudo cultivar ciertos vegetales como papa, quinoa, ulluco, los que soportaban el clima y la altura. Junto a ella, el pastoreo de animales domesticados como las llamas y vicuñas fueron los elementos fundamentales de las culturas andinas. El clima y la disponibilidad de sal favorecieron a los procesos de disecado y conservación de los alimentos que se aprovecharon en los tiempos de escasez, largos viajes o las transacciones.

Próximo a los valles calchaquíes, donde se encontraban los principales asentamientos humanos del territorio argentino, se practicó el cultivo del maíz, zapallo y otros vegetales en terrazas, en las laderas y valles y  con alta productividad.

Es comprensible que el hombre, a lo largo de los siglos fuese logrando modificar su ambiente para poder vivir enfrentando las adversidades que le impuso la naturaleza, por ello podemos imaginar lo que significó para el pueblo jujeño ese acto de heroísmo colectivo, un gran sacrificio dejarlo todo.

Sin ninguna duda, del mismo modo habrá sido para Belgrano muy difícil, dictar el bando que ordenaba, bajo pena de muerte a quien desobedeciera, dejar sólo tierra arrasada.

En momentos de la Revolución Francesa, Manuel Belgrano se encontraba en España, en dónde se nutrió de las ideas de libertad, igualdad y propiedad, que lo mostrarían como precursor de la emancipación, siguiendo con un razonamiento impecable, advirtió que el enemigo era el régimen español, quien mantenía una deformante estructura económica y traba para el progreso de los pueblos.

Belgrano, con el fino sentido práctico que lo caracterizó siempre, advirtió cuán necesario era defender a los agricultores o labradores de la época, en un medio que veía la riqueza sólo en la ganadería. Para ello debíase tomar en cuenta el régimen de la tierra, la política de comercialización de granos, la diversificación de los cultivos, alentar a otros nuevos.

Desde su cargo como Secretario del Consulado, escribió en su primera Memoria la necesidad de fomentar la agricultura, animar a la industria y proteger el comercio, favorecer a los abonos, semillas, escuelas de náutica y dibujo, de matemáticas y comercio, de establecimientos para la enseñanza de las técnicas del hilado y la creación de escuelas para los hijos de los campesinos y en particular para las niñas.           

La introducción de nuevos cultivos, forestación, medios para tener aguadas permanentes,  exterminio de perros cimarrones, protección de los cueros de las polillas. Tales son, harto esquematizadas, las ideas que inspiraron la obra fecunda de Belgrano desde el Consulado.

Producida la Invasión Inglesa de 1806, es sabido que Belgrano se negó a jurar fidelidad al rey británico; y empujado por su honor, se movilizó para ocupar un puesto de defensa, apreciando la falta de preparación militar de la ciudad y de su propia carencia.

Ejecutada la Reconquista, fue designado como Sargento Mayor, por los votos de sus mismos subordinados. Para lograr un desempeño eficiente en su nuevo cargo, recibe instrucción militar, porque “...no era lo mismo vestir el uniforme de tal que serlo”.

Producida la invasión de 1807 se lo nombró ayudante del Cuartel Maestre, Coronel César Balbiani. Debido a los sucesos de mayo, Belgrano concretó su aspiración para la formación de un instituto cuyo objetivo fuera la capacitación de los oficiales del nuevo ejército.

Su paso como jefe militar y político en el Ejército Expedicionario al Paraguay luego, de regreso a la Mesopotamia, para continuar la campaña a la Banda Orienta, al igual que al frente del Regimiento de Patricios, demostró ante las tropas, con su sola presencia, sus dotes de competente autoridad militar.
Belgrano expresó que “...llevar las armas de la Patria, obtener el título de soldado de ella, será una distinción de las más apreciables que caracterizará a los hombres de bien”

Por otra parte, la firme nobleza de su perfil, se vio enaltecida por varios hechos de desigual importancia, pero no por ello menos profundamente significativos: fue el creador de nuestra Bandera Nacional, y hay un libro a él dedicado, que constituye uno de los más brillantes trabajos de la historiografía continental, nos referimos a la Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina.

El 27 de febrero de 1812 es puesta al servicio de la batería Independencia, y flameó por primera vez nuestra bandera azul- celeste y blanca en el emplazamiento de la batería Libertad.
Inmediatamente, y cumpliendo superiores órdenes recibidas, debió ponerse en marcha para hacerse cargo de los restos del Ejército del Norte, cuyo mando asumió el 3 de abril de 1812.

La revolución y las guerras externas e internas que la acompañaron trajeron cambios drásticos en las regiones agrarias del ex virreinato del Río de la Plata que los originados por las reformas y alteraciones de fines del periodo colonial. La ruptura del enorme espacio interior de intercambios que orientó las economías agrarias de las diversas regiones y la destrucción de bienes y medios de producción que generaron las guerras.

Conviene destacar cuáles fueran las condiciones generales en que se desarrolló esta guerra. Tanto realistas como patriotas estuvieron limitados a los recursos que les proveyó el continente sudamericano, Los patriotas sólo contaron con el recurso de la importación de armas en cantidades limitadas y la compra de buques para compensar su inferioridad naval. Los realistas se vieron limitados por la guerra en España, por la lejanía de su base de poder y su superioridad naval fue liquidada en 1804 en Trafalgar, careciendo además del potencial necesario para asistir oportunamente a las fuerzas de América y liberarse de las interferencias diplomáticas inglesas. Debido a ello los auxilios metropolitanos fueron generalmente escasos y tardíos.

La situación de los beligerantes se complicaba con la diversidad de los teatros de operaciones, que no sólo obligaba a la división de los escasos recursos, sino que presentaban características geográficas y climáticas distintas, que impusieron variadas exigencias a los hombres y al material de guerra; estas incidían en la salud y la capacidad de marcha del soldado, en el abastecimiento del ejército (dificultades de transportes, provisiones de caballadas, abundancia o escasez de pastos, etc.)

Los ríos constituyeron un obstáculo serio al movimiento de tropas, tanto por la inexistencia de puentes como por la falta de ingenieros o pontoneros. Debían cruzarse a nado o en balsas construidas en el lugar. Pero también la escasez de agua fue un problema aún mayor tanto en las zonas áridas como en los períodos de sequía en las zonas húmedas. En esos casos, la existencia de aguadas determinaba la dirección y duración de las marchas e hizo posible la subsistencia de las caballadas. Estos factores climáticos-geográficos limitaban generalmente las operaciones en el lapso comprendido entre octubre y abril.

Otro factor que perturbaba las operaciones fue la falta de cartas militares adecuadas, por lo que los comandantes debieron valerse con gran frecuencia de baqueanos que orientaban la marcha de las tropas, lo que muchas veces creó serios problemas, pues las rutas no se adaptaban a las necesidades militares.

Manuel Belgrano, ya como Jefe del Ejército del Norte, que en lo específico militar ningún detalle se le escapaba a su control, cuidado y atención, a los efectos de conocer los territorios donde operaría, organizó con ciertos pobladores, un cuerpo de guías con la misión de levantar una detallada carta topográfica de la región. Formó una Compañía de Cazadores de Infantería, organizó el parque de artillería, armó a la caballería con lanzas, organizó la logística y el sistema contable del Ejército.

Las distancias en el teatro de operaciones entre el Alto Perú y Buenos Aires eran enormes: de Buenos Aires a Humahuaca dos mil kilómetros, de Humahuaca a Huaqui aproximadamente mil quinientos kilómetros, de Huaqui a Lima algo menos, pero a través de varias cordilleras. La zona apta para operaciones militares en el Alto Perú estaba limitada por el río Desaguadero y la cordillera oriental por el oeste, y las cordilleras de La Paz y Cochabamba y la sierra de Aguarape y sus prolongaciones por el este. La altura del terreno oscilaba entre dos mil y cuatro mil metros, siendo las cordilleras frías y los valles templados. El apunamiento era frecuente en el soldado que provenía de las planicies.

Esta región se comunicaba con las provincias argentinas por tres rutas: el camino del despoblado que por la quebrada del Toro llegaba a Salta (ruta oeste), un camino que por Tarija iba a Orán y de allí a Jujuy (ruta este) y otro que partiendo de Anta seguía por Humahuaca hasta Jujuy (ruta central). Esta última era la única practicable normalmente para los ejércitos, aunque muy apta para operaciones defensivas. Más al sur, en Salta y Tucumán, el terreno lo formaban serranías y bosques menos apropiados para la defensa pero útiles para operaciones de guerrilla de las tropas, lo que muchas veces creó serios problemas, pues las rutas no se adaptaban a las necesidades militares.

En poco tiempo, de aquellos andrajos conformó un nuevo ejército, armó la caballería con lanza, dando a estas unidades una neta superioridad sobre los realistas que fue, en definitiva una de las claves de la victoria de Tucumán. Dentro de este vastísimo plan de mejoras orgánicas, económicas y profesionales, redactó un proyecto de reclutamiento, con el asesoramiento del Barón de Holmberg, que sería el primer ensayo de servicio militar obligatorio en nuestro país, para todos lo jóvenes comprendidos entre los dieciocho y los veinticinco años de edad, sin excepción. Las penas para los desertores o para los que tratasen de eludir el servicio eran severísimas. Lamentablemente, por motivos circunstanciales, su iniciativa no fue adoptada por el gobierno.

Pero este plan de mejoras presentaba debilidades, pues no había municiones, pertrechos, ni sables. La infantería no tenía bayonetas, así pues fueron provistos de cuchillos de monte hechos en las fraguas de Tucumán y atados en la punta de los fusiles. Las lanzas de la caballería estaban formadas por una tacuara y un cuchillo en la punta atado con cuero crudo.

Las deserciones se multiplicaban, sumadas a las bajas causadas por los estragos del paludismo y la malaria que redujeron por esos días al Ejército Auxiliador a menos de mil hombres, con la mitad enfermos o imposibilitados de combatir. Instalado para el  invierno en Jujuy en su Cuartel General en el mes de junio, un contingente de quinientos hombres, la mitad del Ejército, a las órdenes de Díaz Vélez, marchó a Humahuaca para establecer allí una posición defensiva, la primera línea a partir de la cual aquellos hombres debían “verificar la retirada, ofendiendo al enemigo y manteniendo el honor de las armas de la Patria

Un vez  que cayó en poder de los realistas Cochabamba, el ejército godo reforzó la vanguardia asentada en Suipacha y preparó el avance sobre Jujuy y Salta. El Virrey del Perú Abascal creyó llegado el momento de liquidar el poder revolucionario de Buenos Aires. El plan fue llevado a cabo por el general José Manuel Goyeneche.

En junio de 1812 Goyeneche le impartió a su primo, el coronel Pío Tristán y Moscoso una orden clara y sencilla: liquidar en el menor tiempo posible al General del Ejército Auxiliador del Perú, Don Manuel del Corazón de Jesús Belgrano y González y a su Ejército. Tristán conocía a Belgrano de Europa y hubo quienes decían que eran amigos.

Belgrano se dedicó a intercambiar correspondencia con los jefes realistas Goyeneche y Tristán, dando a entender que existía algún tipo de trato entre los nombrados y los patriotas. Así fue uno de los primeros que utilizaron la acción psicológica en el suelo americano.

Pío Tristán acató la orden y con tres mil hombres, sin agua, sin víveres y también sin dinero, pero con un ejercito triunfador, marchó rápidamente desde Tupiza por las soledades de Tres Cruces, Purmamarca y Volcán, en una penosa travesía con rendimientos sorprendentes para la época; y a mediados de agosto se halló muy próximo a Humahuaca pronto a cumplir las órdenes impartidas.

Reclamó infructuosamente auxilios al gobierno central. Entonces, Belgrano comprendió la necesidad de retroceder y tomar la medida extrema de abandonar Jujuy al enemigo; fue el único medio de evitar un desastre fatal para las fuerzas de la Patria.

El General dictó un Bando el 14 de julio de 1812, convocando a alistarse al Ejército a “...todos los ciudadanos amantes de la Patria comprendidos entre los dieciséis y los treinta y cinco años de edad, porque era preciso defenderla, ya que”...no hay derecho sin obligación”, no siendo causa de excepción la buena posición económica o social.

Encontró apoyo sobre todo entre los jujeños, y con los reclutados organizó una nueva unidad de caballería llamada los “Decididos” que puso a las órdenes de Eustaquio Díaz Vélez. Aceleró la fundición de cañones, preparó vituallas, reunió la caballería y el ganado. El 29 de julio publicó un bando en el que obligó a la población a abandonar sus hogares dejando tierras arrasadas al enemigo. Instó a las familias a unirse heroicamente al ejército, llevando sus armas, todo el hierro, el plomo y sus ganados a Tucumán. 

Así fue que inició el 23 de agosto de 1812, sin la aprobación del Triunvirato quien le dio la orden de retroceder hasta Córdoba en donde se le unirían fuerzas procedentes del Río de la Plata, la retirada que él mismo dirigió con la protección de la retaguardia patriota; al decir de un historiador jujeño: “Por fin se encolumna la caravana. Allí van las familias de abolengo, las de noble estirpe, los doctores, los letrados, ahí van los labradores, los artesanos, las mujeres, los viejos y los niños; todos ellos formando un monumento viviente de ese heroísmo sin estridencias”

De esta forma, con su desobediencia genial, ganó doscientos kilómetros desde Yatasto a Humahuaca, preservando la vida de muchos patriotas y con la certeza de que retirándose hasta Córdoba hubiera favorecido a los realistas a avanzar sobre Buenos Aires.

No pocos sacrificios costaron a los jujeños la retirada que la crónica conoce como Éxodo Jujeño. Cumpliendo la directiva del gobierno: “Vuestra Señoría sabe bien- le dice Rivadavia- que en los lugares que deje a su espalda y que ha de transitar el enemigo, deben quitarse todos cuantos recursos podían favorecer sus marchas. La Patria es preferible a las lágrimas de los que se queden infelices por medidas de tal naturaleza”.

No se equivocó el Triunvirato cuando habló de las lágrimas de los que quedaron infelices. El bando de Belgrano ordenando la retirada que produjo el vacío literal del área en disputa, dejó a Tristán huérfano de todo, cuando una jornada después que el Ejército Argentino dejó aquella plaza y empujó con un soplo a las avanzadas patriotas de Humahuaca, llegó a Jujuy.

Aquella demostración de sus aptitudes militares, luego de atravesar casi mil kilómetros, se vio coronada de gloria con los triunfos de Las Piedras y Tucumán. Paralelamente, con esta victoria cayó el Primer Triunvirato, siendo reemplazado por el Segundo, el que apoyó más decididamente al Ejército del Norte. Fueron momentos harto difíciles, pues para la misma época se produjo la invasión portuguesa a la Banda Oriental.

La victoria en la batalla de Tucumán obligó a los realistas a retroceder hacia el norte, de modo que los patriotas recuperaron el control de la región, el cual se hizo completo con el segundo triunfo en la batalla de Salta.

Hoy en día el Éxodo Jujeño es recordado por los habitantes de la provincia norteña cada 23 de agosto, pues se lo considera un acto de heroísmo colectivo. En el año 2002, luego de ciento noventa años, una ley del Congreso Nacional (Ley 25.664) instituyó este día como fecha conmemorativa y se la consideró a la provincia de Jujuy como “Capital Honorífica de la Nación Argentina”.

Manuel Belgrano, luego de los triunfos de Las Piedras, Tucumán y Salta donó la Bandera al Cabildo de Jujuy el 25 de mayo de 1813, como homenaje al pueblo del norte que acató la orden de dejarlo todo, a pesar de las lágrimas.

Conclusión

La estrategia de tierra arrasada o quemada, presentó para Belgrano una acción destructiva que no necesitó tecnología avanzada ni especialización para aplicarla, su objetivo fue desmoralizar al enemigo y demorar su avance, quebrándolo psicológicamente y dejándolo sin recursos para su abastecimiento. Obviamente provocando sufrimiento en las poblaciones afectadas.

Seguramente su objetivo no fue desde en un principio producir aquel sacrificio y el consecuente Éxodo Jujeño, pero un enfrentamiento que expusiera a aquellos hombres a una derrota aplastante y a la propia muerte, Belgrano jamás se lo hubiese perdonado a sí mismo. 

“La batalla por el país Calchaquí”, al decir de Maffey, desarrollada por las miserables reliquias del Ejército derrotado en Huaqui, en el río Desaguadero, a orillas del Titicaca, fue un ejemplo de ejecución de maniobra de defensa móvil,- según la actual doctrina militar- que operó en forma retardante cambiando espacio por tiempo, a lo largo de un extensísimo territorio y donde se aplicaron los principios más puros de reacciones ofensivas y contra ataques, como lo permitieron las circunstancias y que le dieron al fin la victoria.

En una sucesión de marchas y contramarchas, de idas y venidas, de triunfos y derrotas, todo aquel territorio fue testigo, esos años de infinidad de luchas y combates, que reunidos dieron lugar a la gran batalla por el Norte y que, como un gigantesco péndulo, alejaba o acercaba el límite de la revolución; péndulo que oscilaba de Córdoba a Potosí cubriendo en cada vaivén, un territorio tan extenso como Europa, de Calais al Rhin.

En el campo táctico, las operaciones que ejecutó Belgrano cubrieron toda la gama indicadas en los reglamentos de operaciones tácticas: retirada, defensa, repliegue, contraataque, acción retardante, etc.

Todas esas opciones abiertas a su capacidad como conductor y el pequeño ejército que trabajosamente fue preparando le dieron a Belgrano la instancia decisiva para la lucha por las provincias del Norte.

Para la misma época, el General Kutúzov, luego de sufrir la derrota contra la Gran Armée en la batalla de Borodino, también retrocedió dejando a Moscú arrasada por el fuego, intentando proteger la vida de la población civil frente a un ejército veloz y victorioso.

Mientras contempló a Moscú convertida en cenizas, Napoleón Bonaparte vio que los rusos, entre lágrimas, prefirieron “quemar sus santos que abandonarlos a sus enemigos”, comprendiendo
así la fuerza moral del pueblo ruso. Al decir del Emperador, “¡Qué extraordinaria resolución! ¡Qué hombres, son verdaderos escitas!”

Parafraseando a Napoleón I podemos afirmar que los jujeños fueron verdaderos escitas, poseedores de una moral bien alta y un espíritu de sacrificio a toda prueba.

En cuanto a Belgrano, años más tarde, cuando el Congreso de Tucumán debió resolver qué jefe militar designar para comandar el Ejército del Norte en reemplazo de Rondeau como consecuencia de la derrota de Sipe Sipe y desprestigiado por sus diferencias con Güemes, al ser consultado San Martín, éste expresó: “yo me decido por Belgrano; éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted, que es lo mejor que tenemos en América del Sur”. Este testimonio es por demás categórico.

La personalidad de Manuel Belgrano se engrandece a medida que avanzamos en la investigación de sus dotes naturales y se transforma en un ejemplo: su sacrificio, su humildad sin vanidades, su compromiso con los pueblos, su grandeza de alma para contraer grandes responsabilidades y desempeñar los roles, sin dudar,  para los que fuese elegido.

Perseverante, enérgico, buscó estar siempre a la altura de las circunstancias, sin lamentaciones ni resentimientos, pero con el sublime objetivo puesto en servir a la Patria y a sus compatriotas.

A las órdenes del Triunvirato o a las del zar, su desempeño como General hubiera sido destacado.





Bibliografía General

Barski, Osvaldo- Gelman, Jorge, Historia del Agro Argentino,  desde la conquista hasta comienzos del siglo XXI. Buenos Aires. Sudamericana, 2009.

Belgrano, Mario, Historia de Belgrano. Buenos Aires. Espasa- Calpe, 1944.

Floria, Carlos A., García Belsunce, César A. Historia de los Argentinos.  Buenos Aires. Larousse, 1992. Tomo I.

Epistolario Belgraniano. Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia, 1970.

General Belgrano, Apuntes biográficos.  Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano, 1995.

Gral. Maffey, Alberto, Crónicas de las Grandes batallas del Ejército Argentino. Buenos Aires. Círculo Militar, 2000.

Ludwig, Emil, Napoleón. Barcelona. Editorial Juventud, 2006.

Tcnl (R) Morales, Horacio, Vida Militar de Manuel Belgrano, en Revista El Gran Americano. Buenos Aires, Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, 2011, Nº 12.
        
Weimberg, Gregorio, Manuel Belgrano (1770-1820), en Hombres de la Argentina, de mayo a la crisis del 30. Buenos Aires. Eudeba, 1983.
                                            





















martes, 5 de noviembre de 2013


LA RECONQUISTA DE BUENOS AIRES, GERMEN DE LA EMANCIPACIÓN ARGENTINA


Por: Profesora Marta Hebe Loureiro


La Reconquista de Buenos Aires, fue sin lugar a dudas, la puerta de acceso al devenir de la Historia Argentina, el punto de inflexión que marcó el final de la subordinación a la Corona española y el comienzo del deseo de libertad que se efectivizó el 9 de julio de 1816, diez años después.           

La Reconquista fue también el acontecimiento que terminó por demostrar, no sólo el fracaso de la administración española, sino también la derrota británica por el control de esta rica región, que no resignaron hasta 1833, fecha en la que se apoderaron de nuestras Islas Malvinas dependientes de la Gobernación de Buenos Aires, y unos años después el bloqueo anglo- francés en 1845, que provocó, con la Vuelta de Obligado, una reacción social en contra de ese acto de invasión extranjera.             

La victoria en Trafalgar en 1805 sobre la escuadra franco-española dejó claro quién era  el dueño de los mares, y es por ello que Gran Bretaña recurrió a atacar en los puntos más débiles de sus enemigos: las colonias españolas en América.

 La invasión británica en 1806 articuló los acontecimientos internacionales con los  movimientos indigenistas y criollos que precedieron a los de 1810. Confiados en el apoyo que esperaban encontrar, debido a los planes que Miranda había presentado ante la corona británica tendientes a la independencia de estas tierras, los británicos cometieron un grave error: subestimaron la alianza que ambos grupos llevaron a cabo para repeler esta invasión, al decir de Manuel Belgrano “el amo viejo o ninguno”, y
que muchos jefes militares y políticos que actuaron durante las Invasiones Inglesas terminaron como protagonistas de la política rioplatense de los años subsiguientes entre ellos Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Juan Martín de Pueyrredón Martín de Álzaga y Santiago de Liniers entre otros.

 Sin duda, la Reconquista de Buenos Aires en 1806 fue el campo de pruebas de nuestra libertad, de una nación que tomó por sí misma el manejo de su propio destino, el amanecer de nuestra nacionalidad.                                                                       
  
El Río de la Plata durante 1806 y 1807 tuvo que hacer frente a dos incursiones británicas. La aplicación del Reglamento de Libre Comercio de 1778 no eliminó el carácter monopólico del sistema comercial español, el que privaba a los comerciantes ingleses de un importante mercado para sus productos.

Las Invasiones Inglesas no fueron inesperadas, desde hacía una década la Corona española se preparó para eventuales incursiones en sus colonias americanas. (1)             

No es casualidad que los virreyes que se sucedieron en el Río de la Plata fueran militares y de probada experiencia política en América, pues hubo que asegurar el orden interno e internacional del nuevo virreinato iniciado con Cevallos, y así fortalecer en una figura todo el poder; la excepción a ello fue Sobremonte que rompió esa unidad, cuando las circunstancias políticas de su gobierno lo llevaron a perder el poder militar, quedando limitado al poder civil o potestad y éste aún con limitaciones. (2)

 En el plano internacional, a raíz del bloqueo económico impuesto a los productos ingleses en los puertos europeos por parte de Napoleón, el gobierno inglés encontró oportuno lanzar un ataque combinado sobre las colonias que se encontraban bajo la órbita enemiga, de ese modo golpear, no en el centro de su poder, sino en los puntos débiles, de  manera que sin obtener una victoria decisiva, se mejorase gradualmente la situación estratégica general, obteniendo pequeños triunfos y pequeños territorios que hiciesen costoso al enemigo la prosecución de la guerra y ventajosa la posición británica para las discusiones de paz, recurrir a golpear los pies, de tal modo que se viese imposibilitado de caminar. (3) 

El gobierno inglés encontró oportuno lanzar un ataque sobre la colonia de El Cabo, en Sudáfrica, posesión holandesa bajo la influencia napoleónica; su fácil captura hizo pensar que con los medios militares disponibles en aquellas regiones, se podría repetir la operación en el Río de la Plata. Supusieron una colonia mal defendida, enemistada con su gobierno y favorable a la aceptación del invasor que los liberaría del dominio español. Fue indudable la influencia de Francisco de Miranda, el héroe venezolano, quien para obtener el apoyo a sus planes independentistas, sembrara la idea sobre la conveniencia de la importancia de una invasión británica en el Río de la Plata, sin darse cuenta que de esta manera sembró el germen de la emancipación argentina y americana. (4)

Miranda desde 1803 convenció a sir Home Popham de los beneficios de dicha empresa, pero, el gobierno inglés no consideró oportuno atacar las posesiones españolas por temor
a fortalecer la alianza hispano-francesa. Popham  nunca se pronunció sobre los propósitos de la expedición: buscó provocar una sublevación americana,  constituir un punto de apoyo territorial británico,  ambas cosas o  una simple conquista. (5)

Por información de espías, supo lo inconveniente de un ataque sobre Montevideo, por estar fortificado aquel puerto, y sí la conveniencia de desembarcar directamente sobre Buenos Aires,  ciudad desguarnecida y capital política y económica del virreinato  por donde la plata peruana aventuraba la travesía atlántica. (6)

Confiaron en que obtendrían el apoyo de la población, y fue en este  punto en el que los ingleses se equivocaron, pues la base del plan consistió en suponer que la división entre los  criollos y españoles era tan marcada que los primeros recibirían a los invasores como libertadores y constituirían el apoyo político de la ocupación. Esa base fue un gran error  y fue la fuente del fracaso británico. Existió entre ambos bandos una rivalidad y desafecto que se expresó en el desplazamiento que los criollos tenían de la función pública. Dicha rivalidad no llegaba al odio ni adquirió formas de aspiraciones políticas concretas y generalizadas, excepto para una pequeña minoría entre los que se encontraban Rodríguez Peña, Castelli, Pueyrredón, Arroyo y otros. (7)

Es verdad que el virreinato no conoció movimientos políticos en sus primeros años como  los de los comuneros de Antequera en el Paraguay en 1728,  y posteriormente en Corrientes, durante las guerras guaraníticas. Estos movimientos fueron precedidos por la acción de hombres reconocidos como precursores de la emancipación como Francisco de Mendiola en México, Gual en Venezuela, y Antonio Nariño en Colombia, los que revelaron una agitación simultánea que movía los espíritus de ciertos americanos que presentían mejor que la mayoría de sus paisanos el destino de sus respectivas patrias; así se reveló el sentido de unidad que para los precursores tuvo el gesto emancipador, no reducido a los intereses locales sino que llevó el signo de América. (8)

                                                             
El 8 de junio los incursores  estaban frente al Cabo de Santa María, en la costa de la Banda oriental; el virrey Sobremonte seguro  que la amenaza se dirigía a Montevideo, envió su escasa tropa veterana; pero cuando apareció en el río la pequeña flota incursora no fue seguida por un ataque contra el puerto fortificado de Montevideo, comenzó a dudar de que ése fuese finalmente su destino; juzgó imposible que el objetivo fuera Buenos Aires, creyó que los ingleses dañarían la navegación en la boca del Río de la Plata. El desembarco de las tropas de Beresford en Quilmes lo desengañó obligándolo a   Improvisar una resistencia a cargo de los blandengues- veteranos en la lucha de fronteras- y milicianos urbanos. Estas tropas fueron improvisadas e ineficaces. La línea de defensa sobre el Riachuelo se quebró y Beresford entró en Buenos Aires.

Encuentran allí una recepción inesperadamente favorable, mientras que el virrey se marcho con lo más importante de los caudales, y desde el 27 de julio está en Luján, en vana espera de refuerzos formados por la campaña. Pero las corporaciones urbanas se apresuraron a prestar adhesión al nuevo orden, persuadieron al virrey de que entregue los caudales regios  al conquistador, salvando así las fortunas privadas de las que Beresford amenazó recurrir como fuente alternativa de botín. (9) Manuel Belgrano, dejó su testimonio de tal indignante espectáculo, hasta entonces fortaleza de la lealtad a España. (10)

La aparente unanimidad de las adhesiones terminó  por debilitar a los ocupantes y descartar por peligrosa cualquier tentativa de buscar apoyo político de ciertos sectores descontentos con el régimen español. Al conquistar Buenos Aires por propia iniciativa, ignoraba por entero la actitud de su gobierno con esta conquista, pero la acción de los ingleses fue la de mantener a todos los magistrados y funcionarios en sus cargos, y confirmó a los esclavos en el deber de obedecer a sus amos y que no estaba en la intención de las autoridades británicas tender a su emancipación. A pesar de todo, el 4 de agosto implementaron el libre comercio, con muy bajas tasas aduaneras, sentando así las bases de un nuevo pacto colonial. (11)

Sumado a esto, los británicos ofrecieron como garantía de la bondad del nuevo monarca a quien debían obedecer, la seguridad del libre culto católico. Ambas bondades no fueron del todo las esperadas, pues la prometida libertad religiosa no pudo competir con el ánimo de una población católica identificada con la Iglesia y el Estado, del que fue éste su protector y custodio; en cuanto a la libertad de comercio, el libre comercio solo fue la participación dentro de la estructura mercantil inglesa, igualmente proteccionista que la española, aunque más amplia y elástica, oponiéndose a los intereses mercantilistas del grupo comercial monopolista integrado por españoles y aunque menos directamente a las ideas de quienes querían comerciar libremente con todo el mundo, como los comerciantes criollos y los ganaderos exportadores. (12)

A diferencia de Floria y Belzunce, existieron tres espíritus ante la llegada de los invasores, por un lado los que preferían continuar con el viejo amo;  los que se acercaron a los ingleses o colaboracionista, entre los que se contaron Francisco Antonio Cabello y Mesa, el antiguo editor del Telégrafo Mercantil, Manuel Collantes recaudador del ramo de pulperías y un escándalo mayúsculo produjo la noticia de que dos poderosos comerciantes Martín Simón de Sarratea y su cuñado León de Altolaguirre se esmeraron por dar una recepción a Beresford y demás jefes invasores. (13)

Finalmente, estuvieron los grupos más avanzados en ideas políticas y que esperaron de los ingleses ayuda para independizarse, conforme a las ilusorias promesas de Miranda. Juan José Castelli, se entrevistó con Beresford, sin obtener  otra promesa que la de pedir instrucciones a Londres. Pueyrredón, a su vez se entrevistó con Popham, y quedó convencido de la improvisación de los independentistas. Fue entonces allí, días después de la invasión que seprodujo una alianza entre todos los sectores de la población-criollos, peninsulares, comerciantes, productores clérigos y militares- dispuestos a expulsar al invasor inglés. (14)

Los adversarios dentro de Buenos Aires, considerando que el virrey se encontraba en Córdoba , decisión que el tomó  de acuerdo a las conclusiones de la Junta de Guerra, que  el 2 de abril d 1805 le recomendó abandonar Buenos Aires, en el caso de un ataque no resistible y concentrar sus refuerzos de todo el Virreinato más al norte, aislando al invasor del puerto, para luego volver sobre él con fuerzas superiores, medida que cumplió apresuradamente, sin pensar las consecuencias políticas de tal actitud (15), en la ciudad se organizaron grupos de resistencia: Juan Martín de Pueyrredón y Manuel Arroyo y Pinedo, los armaban en la campaña, mientras que un emigrado francés, Santiago de LIniers, capitán de navío acantonado en la Ensenada, prefirió marcharse a la Banda Oriental, y utilizar sus recursos en una reconquista en regla. (16)            

Pasó Liniers a La Colonia y el 18 de julio estaba en Montevideo, donde persuadió al gobernador militar español que le confiase la tropa veterana allí enviada por el virrey. Con esos quinientos cincuenta soldados y cuatrocientos milicianos volvió a embarcarse  en La Colonia. (17). Dos días antes Pueyrredón en la chacra de Perdriel, con un efectivo de mil hombres, tal vez por indisciplina que allí reinaba y por informes de algunos espías al servicio de Beresford, no pudieron mantener el secreto y los planes de la existencia de aquel campamento llegó a oídos de los ingleses. Así fue que el 1 de agosto, sorpresivamente los británicos, con un batallón de infantería reforzado con caballería abortó todo el plan. Lo cierto es que Liniers, enterado del combate de Perdriel, embarcó desde el puerto de Colonia de Sacramento aquella extraña expedición comandada por un francés al servicio de la corona de España para liberar al virreinato del Río de la Plata del yugo inglés. (18). Confiados en la oscuridad de la noche, alcanzaron la playa cercana a la desembocadura del río de las Conchas,  treinta kilómetros al norte de Buenos Aires. Fue un desembarco sorpresivo, rápido, copiado casi de la doctrina inglesa que al mediodía puso mil hombres de tierra más trescientos de mar en aquella” cabeza de playa”, según la terminología actual, en una operación anfibia que solamente pudo repetirse luego en la reconquista de las Malvinas en 1982. (19)                                     
Liniers ocupó el pueblo de las Conchas (actual San Fernando) sin inconvenientes y sumó voluntarios al Ejército Reconquistador. El 8 permaneció en San Isidro por un fuerte temporal que anegó los caminos a Buenos Aires. El 9 alcanzó Colegiales y el 10, marchó sobre los lodazales y llegó a los corrales de Miserere, al oeste de la ciudad sin combatir, moviéndose con seguridad gracias a los datos proporcionados por los ciudadanos.

Convencido de la victoria final, Liniers y su Ejército Reconquistador que incrementó sus efectivos, intimó  ese día a Beresford, del que obtuvo una respuesta negativa, llevó a que iniciara la marcha de la vanguardia del ejército.(20). El 11 de agosto, con las primeras luces, avanzó sobre el fuerte de Buenos Aires que fue interceptado por una fracción inglesa de doscientos hombres y que fue rápidamente dispersada, el Ejército Reconquistador organizó sus fuerzas en el Retiro. Pueyrredón fue citado por Beresford con la esperanza de que tal vez aceptara condiciones que Liniers ya había rechazado.

 Mientras se desarrollaba aquella reunión, Liniers pasaba revista a su Ejército en el Retiro. De pronto,  observó sobre la costa una nave con bandera inglesa aproximándose. Liniers va a un cañón, apunta, dispara y el mástil central de la nave en cuyo extremo flamea la bandera inglesa cae sobre la cubierta partido en dos. Ya no hay dudas, la victoria sonríe a la causa de la Reconquista, aunque en el fondo, aquel llamado de Beresford a Pueyrredón fue también un disparo que dio en el blanco. A partir de allí nunca la amistad entre Liniers y Pueyrredón volvió a ser la misma.
Por fin llegó el 12 de agosto, martes, día de Santa Clara virgen,  Día de la Reconquista de Buenos Aires  y nacimiento de la República Argentina, que amaneció con neblina y muy frío. (21) 

El ataque estaba previsto para las doce del mediodía iniciado desde el Retiro, en dos columnas. Una por la calle de La Merced, hoy Reconquista, al mando de Liniers, la otra por la calle de la Catedral, hoy San Martín. Una vanguardia constituida por la caballería de Pueyrredón y un número de catalanes, al mando de Sentenach, protegió el movimiento. (22)  

El doce se luchó en las calles mientras desde las azoteas se arrojaron a los ocupantes piedras y tizones ardientes. Las fuerzas de Liniers arrollaron a los inglese hasta el fuerte, donde Beresford izó la señal de capitulación.

Los efectos de la Reconquista de Buenos Aires se hicieron sentir inmediatamente. El 14 de agosto se convocó a un cabildo abierto con el fin de asegurar la victoria obtenida,

cabildo que adoptó formas revolucionarias, pues el pueblo invadió el recinto y exigió se delegara el mando en Liniers. Para salvar las formas legales se designó una comisión que entrevistó al virrey, que bajaba hacia Buenos Aires, primera víctima de aquella nueva potencia, y quien preparó demasiado parsimoniosamente la reconquista de su capital, (23) la que obtuvo que éste delegó en Liniers el mando de armas y en el regente de la Audiencia el despacho urgente de los asuntos de Gobierno y Hacienda. La comisión recomendó al virrey no entrar en Buenos Aires.

Si bien con este procedimiento la legalidad se había salvado, la realidad política era muy otra: por primera vez la población  había impuesto su voluntad al virrey, no sin resistencia de parte de éste. De hecho, puede decirse que la convulsión revolucionaria que culminó en 1810, comenzó con el Cabildo del 14 de Agosto de 1806. (24)

Mientras estos cambios operaban en Buenos Aires, Londres se vio sacudido sucesivamente por la noticia del éxito de la expedición no autorizada, y el impacto de su fracaso final. El gobierno whig, que reemplazó al equipo tory de Pitt, que fue menos afecto a que éste a las ideas independentistas de América y proclive en cambio a la de la conquista, la que se vio súbitamente reforzada por la fácil ocupación de Buenos Aire, y por las presiones de los comerciantes ingleses que vieron en Sudamérica un excelente mercado. Inmediatamente se enviaron a Buenos Aires grandes cantidades de mercaderías y  tropas de refuerzos con la idea de otra expedición para atacar la costa chilena.
     
La noticia de la capitulación de Beresford no tronchó estas esperanzas y provocó los esfuerzos militares para una nueva invasión en el Río de La Plata. (25)   Mientras tanto, los que lograron apartar al rey de su cargo, tomaron a su cargo la organización de la defensa de Buenos Aires ante un posible ataque: el Cabildo quien aumentó sus aspiraciones de exceder el ámbito municipal y Liniers a quien el Cabildo contribuyó a dotar de poder militar. Ambos presidieron la militarización de la ciudad, sobre la base de milicias obligatorias para todos los vecinos de 16 a 50 años con ejercicios cotidianos. (26)
                                                                
La militarización  fue recibida con sentimientos divididos; si bien no faltaron los sentimientos antipatrióticos que se resistían a integrase a la milicia y burlarse del entusiasmo de los reclutas, en la ciudad se despreciaba  tradicionalmente la profesión militar, y en cambio más honorable y lucrativa fue siempre la carrera mercantil. El mismo Belgrano guardó para nosotros una imagen sarcástica de esta sorprendente metamorfosis. En efecto, la militarización creó una nueva elite urbana: los comandantes y jefes de los cuerpos milicianos. El Cabildo –con el Consulado y la catedral- fue la institución que agrupó a figuras provenientes de los sectores locales que a diferencia de aquellos cuerpos, jugaron una gravitación política creciente, creando una nueva elite que la dotará de consecuencias duraderas e institucionalizará los vínculos entre la nueva elite y las masa urbanas así organizadas. (27)

Fue total la derrota de las armas invasoras, que sufrieron 157 bajas, 1600 fusiles perdidos, 8 cañones, y el trofeo más preciado, todas sus banderas. El pueblo de Buenos Aires  que luchó para conseguir la liberación de la ciudad, plasmó en un verso lo sucedido al famoso 71 de Highlanders.                             

Como correspondió a un hombre de honor y militar de palabra el 24 de agosto de 1806, en medio de una solemne función, a la que concurrieron la Real Audiencia y el Cabildo, luego de una tripla salva de artillería, Santiago de Liniers entregó al prior de Santo Domingo las 4 banderas que tomó a los ingleses bajo el patrocinio de Nuestra Señora del Rosario, para que las colocasen en las 4 ochavas del altar mayor. También se envió a Córdoba otras 2 insignias como ofrenda a la misma advocación de Nuestra Señora.Una gran alegría reinó en Buenos Aires y en todo el virreinato, pero vencidos y no escarmentados, los ingleses atacarían de nuevo. (28) 

CONCLUSIÓN

Si se considera la alianza que se efectivizó entre todos los sectores opuestos a la invasión, el destino de los invasores estaba sellado, pues la población no escatimó esfuerzos por recuperar la capital virreinal, empleando para ello todos los medios disponibles, pues aquéllos reunían dos cualidades que los hacía despreciables: para los católicos hijos de Buenos Aires: eran invasores y eran herejes.

Así nació con la defensa de Buenos Aires cuerpos militares, escuadrones de húsares, patricios, como también batallones y escuadrones que se organizaron por afinidades regionales: catalanes, vizcaínos, gallegos, etc. y los criollos, los de patricios, arribeños, correntinos, etc. esta organización, típica manifestación de regionalismo que animó a españoles y americanos, resultó definitivamente nefasta para los afanes centralizadores de la Corona, pues los cuerpos criollos constituyeron un poder militar nativo, que pronto terminó por rivalizar con sus colegas peninsulares, y lo más importante fue que después de 1807 de los diversos regimientos que se formaron, sólo se mantuvieron los compuestos por criollos., de manera que se volvió atractiva y prestigios la carrera militar para estos grupos .Algunos de esos jefes militares fueron los que participaron en la política del Río de la Plata en los años siguientes (Cornelio Saavedra, Santiago de Liniers, Martín de Álzaga).

El Cabildo no dejó de ver el peligro que ese cambio significaba y buscó contrarrestarlo creando un cuerpo miliciano que costearía y mantendría su obediencia- el de Artilleros de la Unión- cuya gravitación fue muy escasa. (29)

A partir de esta división se dio otra consecuencia de la militarización, en la que sin duda los criollos jugaban como una minoría en los sectores altos, su influencia crecía en cuanto que en ese momento comenzó a revertirse en su favor el predominio de los americanos en el conjunto de la población urbana; habían sido marginados por la estructura social que existió desde tiempo atrás, formaron lo que esa nueva élite creada por la militarización tenía específicamente de nuevo.

Por lo tanto, todo ello anticiparía las futuras tormentas de los años subsiguientes, pero la colaboración entre el Cabildo, la milicia y su plebiscitado, duraría dos años más, y sólo cesó bajo la disolución del orden español en las Indias. Dicha colaboración se puso de manifiesto en la eliminación definitiva del virrey, tras de su resonante segundo fracaso. (30)

La semilla de la Independencia ya estaba echada,  la heroicidad de los ciudadanos demostró la capacidad y el valor de los criollos para defender su libertad, un nuevo sentimiento se abrió paso, el de la emancipación. En el Cabildo del 14 de agosto de 1806 ,se cumplió la voluntad popular, en teoría el virrey tuvo  el poder, pero en los hechos, Liniers fue la verdadera autoridad.

La Invasiones Inglesas constituyeron el episodio fundamental, destinado a gravitar en la Historia Argentina, el germen de nuestra emancipación.




OBSERVACIONES

1. Halperín Donghi, T. Historia Argentina de la Revolución a la Confederación Rosista. México, Paidós .1998 pág.24
2.  Floria, C-Belzunce, C.G. “Historia de los Argentinos” Vol. I. Bs. As. Larrousse.1992.  pág.230.
3.  Ibidem. Pág. 235.
4. Floria-Belzunce Op.Cit. Pág. 235
5. Ibidem. pág.237                                                   
6. Halperín Donghi Op.Cit. pág.24                      
7. Floria,C  -Belzunce,C. Op.Cit. pág. 237.
8. Ibidem Pág232-233,                                                              
9. Halperin Donghi Op.Cit. pág. 25
10. Belgrano, Manuel “Escritos Económicos” Buenos Aires, 1954. pág. 52.
11.Halperin Donghi Op.Cit. pág.26                                                           
12. Ferns,H.S.” Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX.” Bs.As., Solar Hachette 1966.pág.60-61
13. Episodios militares de Nuestra Historia”. Bs. As. 2006. fasc. I pág, 32.
14. Floria,C_Belzunce, Op. Cit. 239                                                                       15. Floria,C_Belzunce,C Op. Cit. Pág 239.
16. Halperin Donghi, T. Op. Cit. Pág 27.
17. Ibidem. Pág.27
18. Grl. Maffey, Alberto, “Crónicas de las grandes Batallas del Ejército Argentino” Bs. As.
Círculo Militar, 2000.pág.48.
19. Ibidem. Pág. 50.
20. Ibidem Pág. 51
21. Ibidem Pág. 52 
22. Ibidem Pág.53
23. Floria, C. Belzunce, C. Op. Cit Pág.240.                                                               
24. Ibidem. Pág. 240.
25. Ibidem. Pág. 241
26. Halperin Donghi Op. Cit. Pág.29
27. Ibidem Pág.30
28. Episodios Militares de Nuestra Historia. Op. Cit Pág. 62
29.  Halperín Donghi Op .Cit.  pág.30
30. Ibidem pág, 30



BIBLIOGRAFÍA GENERAL

Carlos Floria –César G. Belzunce- “Historia de los argentinos volumen 1” Buenos Aires, Larrouse, 1992 

Tulio Halperin Donghi ”Historia Argentina de la Revolución a la Confederación Rosista” México, Paidos, 1998

Grl. Alberto Maffey “Crónica de las Grandes Batallas del Ejército Argentino” Buenos Aires, Círculo Militar 2000

“Episodios Militares de Nuestra Historia.1806 Reconquista de Buenos Aires”. Buenos Aires, 2006.