La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



lunes, 21 de enero de 2013

Catedral de Corrientes

CORRIENTES Y LA ASAMBLEA DEL AÑO XIII

Por: Roberto Antonio Lizarazu

Sabemos que el segundo Triunvirato que perdura desde el 8 de octubre de 1812 al 19 de agosto de 1813, estaba integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte; y surge como consecuencia del movimiento popular del 8 de octubre, dirigido por la Logia Lautaro. Exigiendo  los triunfantes revolucionarios  la convocatoria a una asamblea general a realizarse en el término de noventa días. Se debe mencionar también que desde la Semana de Mayo de 1810 se venía exigiendo esta tan anhelada asamblea que debería posibilitar la institucionalización del antiguo Virreinato del Río de la Plata, con su independencia política incluida. Ya estábamos en octubre de 1812; y de hecho continuábamos en la indefinición más absoluta de lo que éramos y de lo que queríamos ser.

El 31 de enero de 1813, la Asamblea General Constituyente inició sus sesiones en el antiguo edificio del Consulado.
El triunviro Paso pronunció el discurso de apertura y a continuación fue elegido presidente de la Asamblea el representante de la Provincia de Corrientes Carlos María de Alvear, y secretarios los diputados por Buenos Aires, Hipólito Vieytes y Valentín Gómez. (1)

La Asamblea inauguró sus sesiones con los siguientes diputados: Carlos María de Alvear (Corrientes), Mariano Perdriel (Santiago del Estero), Juan Larrea y Gervasio Posadas (Córdoba), Fermín Sarmiento (Catamarca), Vicente López y Planes, Hipólito Vieytes y Valentín Gómez (Buenos Aires), Francisco Argerich (Luján), Antonio Valle (San Juna), Ramón Balcarce (Tucumán), José Ugarteche (La Rioja), Pablo Vidal (Jujuy), Bernardo Monteagudo (Mendoza), Agustín Donado (San Luís), José Agrelo y José de Moldes (Salta).

La primera disposición política fue un decreto de diez artículos donde “asumió la representación de la soberanía”,  decretó la inviolabilidad de sus diputados y confirmó en el gobierno  a los miembros del segundo Triunvirato. La Asamblea se constituyó en el Poder Legislativo y Constituyente y confirmó en su cargo al Ejecutivo que era el Segundo Triunvirato. Inmediatamente hizo público su ideal de Independencia de cualquier potencia extraña. Por fin, fue el evidente  comienzo del proceso que finalizará en el  Congreso de Tucumán.

Tendencias políticas en el seno de la Asamblea.

José Matías Zapiola, amigo personal tanto de San Martín como de Alvear (regresa en la fragata George Canning de Inglaterra junto con ellos) es el autor de unas notables cartas ahora inhallables, en  las cuales   entre otras cosas narra las tendencias políticas que había en la Asamblea.
Según Zapiola los asambleístas podían agruparse de la siguiente manera: “Los alvearistas”, “los sanmartinistas”, “los acomodaticios”, “los teocráticos” y “los independientes”.
Nos aclara en esa correspondencia que “Los teocráticos”, que eran de marcada tendencia conservadora, no gustaban de las innovaciones y formaban un grupo semejante a “Los independientes”, no se juntaban con nadie.  En cambio “Los alvearistas” que al principio contaban solamente con seis diputados, de inmediato sumaron a sus filas a “Los acomodaticios” que tenían trece diputados, sumados a los seis diputados originales,  ahora eran mayoría y contaban con diecinueve diputados.                 
¿Alguien supuso que la borocotización era algo relativo a la modernidad?
“Los sanmartinistas” a los pocos días se quedaron sin su jefe y perdieron peso en la Asamblea. San Martín debió alejarse para luchar en San Lorenzo.

Repercusión en Corrientes de la Asamblea del año XIII
Breve cuadro de situación. Al establecerse la Junta de Buenos Aires fue nombrado teniente de gobernador el coronel Elías Galván. Como sabemos nuestra provincia fue tomada en abril de 1811 por fuerzas españolas, que la ocuparon hasta el 16 de mayo, en que el comandante Blas de Rojas se declaró por la causa patriota. Durante ese período el gobierno fue detentado por Ángel Fernández Blanco.

El resto del año 1811 y principios de 1812 fue gobernado por Carlos Casal hasta el arribo del coronel Eusebio Valdenegro, jefe oriental enviado por Artigas para poner paz en la vida correntina. El 3 de agosto fue sustituido por el coronel Toribio de Luzuriaga, nativo del Perú, quien realizó un buen gobierno, en cuyo curso, a expensas de los vecinos, se construyó el edificio del Cabildo.

Al instalarse la Asamblea del año XIII, el cuerpo capitular (del Cabildo) estaba integrado por Sebastián Almirón, Francisco Antonio Soto, Francisco de Paula Pérez, Eugenio Tomás Cabral y Francisco de Paula Araujo, quienes en abril de 1813 juraron y reconocieron la soberanía de la Asamblea General Constituyente. En la nota informando del acto de juramento y reconocimiento, los capitulares mencionados expresaron: “Llegada aquella época feliz en que el vasto continente de la América, esperase a disfrutar de las benignas influencias de una soberanía organizada dentro de su propio seno, y colocada en beneméritas personas de sus propios hijos y habitantes; y no como ates aislado para nosotros, y concentrada entre quienes sólo para con los nacidos en el Antiguo mundo se mostraba pródiga, benigna y fecunda”.

Con fecha 5 de julio de 1813 el coronel Luzuriaga (peruano que respondía a Buenos Aires), fue sustituido por el coronel  José León Domínguez  (mendocino que respondía a Buenos Aires). No es novedad que la sociedad correntina se hallaba por afinidades diversas y por  intereses comerciales, más cerca de Paraguay que de Buenos Aires. Corrientes colocada en el centro del campo de influencias del doctor Francia y de Artigas, participó de los problemas  del Paraguay como de la Banda Oriental y de Entre Ríos, tanto como de las ideas comunes de esos pueblos. Corrientes también mostró su desagrado con el armisticio convenido con Elío, (no se suponía que estábamos en plena Guerra de la Independencia) de manera que Artigas ganó su apoyo, máxime ante las depredaciones de que fueron víctimas en aquellos años de parte de los portugueses, sus enemigos tradicionales desde la colonización. No puede extrañar que Corrientes se plegara a Artigas cuando éste, rompiendo con Buenos Aires, se retirara del sitio a Montevideo.

Desde un par de años antes, Artigas venía trabajando el ánimo de los correntinos, mediante la acción de algunos caudillos indígenas. “Tales como Domingo Manduré, Blas Basualdo, Blas Ojeda, Lafuente, Carrasco, Quinteros, Cuzú; jefes propios de una población inorgánica, sin consistencia social ni administrativa, sin organización económica ni administrativa, sin organización económica ni financiera, sin estabilidad gubernamental, como era entonces nuestra provincia”. (2)

El Gobernador Domínguez se mantuvo en su cargo hasta el 14 de marzo de 1814, en que fue derrotado por el alzamiento del Teniente Juan Bautista Méndez, que tomó el gobierno y proclamó el protectorado del caudillo oriental.
Poco duró la tranquilidad y la situación de Corrientes llegó a ser angustiosa por las ambiciones de los jefes de las distintas facciones que surgieron ávidos de conquistar el poder. El Cabildo pidió a Artigas que interviniera, y éste encomendó al capitán Genaro Perugorría la misión de poner orden, a cuyo efecto llegó a Corrientes el 30 de mayo. Pocos días antes, el 20 de abril, el Cabildo había resuelto “DECLARAR LA INDEPENDENCIA DE LA PROVINCIA BAJO EL SISTEMA FEDERATIVO”  (3)
El 9 de junio Perugorría declara nula la declaración de independencia del Cabildo e instala un Congreso General Constituyente Provincial, integrado con representantes elegidos por los vecinos, citados al efecto por las autoridades departamentales de común acuerdo entre sí. Esta fue una elección oficial semejante a cuantas hasta entonces se habían realizado en el país. Este Congreso General Constituyente correntino, sería el equivalente a nivel provincial de la Asamblea General Constituyente que sesionaba en Buenos Aires bajo el sistema federativo. Con el objetivo de Integrarse a la federación de estados provinciales, no para independizarse de ella.

Los congresistas electos fueron: “Por la capital, Dr. José  Simón de Cossio; por Curuzú Cuatiá, José Cayetano Martínez; por Goya, Juan Vicente Gómez Botello; por Esquina, Francisco Javier de la Graña; por Empedrado y San Lorenzo, José Antonio Paz; por Yaguareté-Corá, Manuel Ignacio Pérez; por Santa Lucía, fray José Pesoa; por Riachuelo, fray Manuel Garamendi; por Las Saladas, Dr. Juan Francisco Cabral; por Iratí, Bernardo Garay; por San Roque, Juan A. Rajoy; por Caacatí, Baltasar Acosta; y por Ensenada, Juan B. Fernández.  




(1) Los señores lectores que deseen ampliar los detalles del  inicio de la Asamblea, pueden consultar en Corrientes Opina  un comentario del suscripto publicado el 26 de abril del 2011, Titulado “Juan Hipólito Vieytes, un periodista injustamente olvidado”.  Como considero de suma importancia y con el objeto de destacar la valentía y el carácter patriótico de los que juraron el acta inaugural de la asamblea, me permito reproducir completo el apartado que sigue:

Cuando se comienza a dejar de lado a Fernando VII
Sabemos que desde mayo de 1810 en adelante, toda la documentación oficial y los juramentos de las autoridades, de cualquier nivel, debía ser presidida por la declaración de absoluta dependencia al señor don Fernando VII,  monarca de estas alejadas  regiones y reafirmar el vasallaje por parte de los gobernantes que firmaban el documento.
Pero el 31 de mayo de 1813, a las nueve de la mañana, se reunieron en el Fuerte los diputados electos que inaugurarían la Asamblea General Constituyente que elegirían la nueva composición del Triunvirato. Pasaron previamente por la Iglesia Catedral “… a efectos de implorar el auxilio divino en el manejo de los negocios.”
“Terminada la ceremonia religiosa, se procedió a tomar juramento a los diputados. Al efecto se colocaron tres sillas en el presbiterio, y un sitial sobre el que se colocó el libro de los Santos Evangelios. Ocupadas las sillas por los triunviros, éstos procedieron a recibir el juramento de los diputados, de dos en dos, y con la siguiente fórmula: Jurad Vmds. Por Dios Nuestro Señor, sobre los Santos Evangelios y prometen a la Patria desempeñar fiel y exactamente los deberes del sublime cargo a que los han elevado los Pueblos, sosteniendo la Religión Católica y promoviendo los derechos de la causa del país y felicidad común de América.”
¿Y la fidelidad a Fernando VII? Ya era hora, que corte de manga notable. Se comienza a gestar en 1813, precisamente en ese momento, lo que se ratificaría en 1816.
Este feliz y trascendente acontecimiento, que no fue menor, lo menciono en este comentario porqué uno de los tres firmantes por Buenos Aires, fue nuestro personaje de hoy: El criollo Juan Hipólito Vieytes, juntamente con Vicente López y Planes y el canónigo Juan Valentín Gómez. También es verdad que quien tuvo el honor de ser el primer firmante (con corte de manga incluido) de ese documento fue nuestra Provincia. Porqué   el diputado representante de la Provincia de Corrientes, nuestro Carlos María de Alvear, fue el primero en hacerlo. Honor a todos ellos. Reitero, en ese momento comienza el proceso que finalizaría en 1816 con la Declaración de la Independencia y en la cual, lamentablemente, nuestra Provincia estuvo ausente.

Observaciones: Vmds. es el plural de Vmd. Como los juramentos se hacían de dos en dos. Quería decir Vuestras mercedes
(2) y (3) Manuel Florencio Mantilla, “Crónica Histórica de la Provincia de Corrientes”, Buenos Aires, 1928.
(4) Vicente D. Sierra, obra y tomo mencionado, pág. 87.

Fuente documental: Vicente D. Sierra. Historia de la Argentina. Independencia y Anarquía (1813-1819). Tomo VI. El año XIII, La Asamblea. Pg. 29 a 116.




Carlos María de Alvear

LA RESTAURACION. EFECTOS EN EL RIO DE LA PLATA




Por: Roberto Antonio Lizarazu

“Vuelve, todo vuelve”. Fernando Axel.



Fernando VII vuelve a ocupar el trono de España, y en el río de la Plata corre un sorpresivo ventarrón  de: ¿Y yo donde me pongo ahora? La oligarquía dominante en Buenos Aires (alguna vez hay que empezar a usar las palabras correctas) en el cimbronazo perdió  totalmente el rumbo y si alguna vez había realmente  creído en la  emancipación y en la independencia, con este regreso,  inmediatamente giró de orientación y pensó en un acuerdo con España, garantizado por Gran Bretaña que les asegurara la vida y sobre todo la hacienda de sus integrantes.

Recordemos que en el Río de la Plata los gobiernos que se vieron afectados por todo este proceso de “Restauración” fueron a partir de los distintos Triunviratos.

El Primer Triunvirato tuvo dos composiciones. La primera parte del Primer Triunvirato: Feliciano Antonio Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan Losé Passo, desde el 23.09.1811 hasta el 23.03.1812. Y la segunda parte del Primer Triunvirato estaba compuesto por: Federico Antonio Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan Martín de Pueyrredón, desde el 23.03.1812 hasta el 08.10.1812.

El Segundo Triunvirato también tiene dos períodos, con dos composiciones diferentes. El primero de ellos integrado por Juan José Passo, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte, desde el 08.10.1812 hasta el 19.08.1813. El segundo de ellos con Juan José Passo, Nicolás Rodríguez Peña y Gervasio Antonio de Posadas desde el 19.08.1813 al 31.O1.1814.


En honor a la verdad también existió un Tercer Triunvirato que asumió el gobierno cuando ya el Directorio estaba en ejercicio, pero que duró un suspiro.

El Tercer Triunvirato se componía por José de San Martín, Matías de Irigoyen y Manuel de Sarratea, desde el 18 al 20 de abril de 1815. Pobre nuestro Libertador, metido a político era como un elefante en un bazar. Duró dos días.

Es preciso aclarar que en realidad, el término “Restauración”, tiene en la Historia un alcance de mayor amplitud del que aparece en este comentario y efectivamente cubre otros hechos y circunstancias que los expuestos aquí, en un período mucho mayor.

Volvamos a los triunviros, en rápida reacción, Sarratea viaja a Gran Bretaña  a solicitar consejo y apoyo y escribía desde Londres dando cuenta de su entrevista con Lord Liverpool, quien le había prometido a Sarratea (que más que promesas le podían dar los ingleses) “tratar los objetivos de su comisión con el embajador español, conde de Fernán Núñez; pero nada pudo trascender y hacerse, pues a poco se producía el derrumbe de Napoleón y Fernando VII volvía al trono de sus mayores, cambiando bruscamente la situación internacional.”  (1)

Por otra parte existe una carta del 9 de mayo de 1813 del Ministro de los Estados Unidos en Brasil, Thomas Sumter Jr. Dirigida al presidente James Monroe que en su opinión, “la resistencia de Montevideo (Primer sitio de Montevideo) o la falta de posesión de dicha plaza había desalentado siempre el ardor del partido favorable a la independencia.”
Y en un memorial que con fecha 30 de junio de 1813, el presidente Monroe informó lo siguiente: “A los Ministros Americanos en los puestos Europeos”. Algunos autores consideran que el autor de este documento fue Thomas Sumter que residiendo en Río de Janeiro conocía el tema de primera mano. “Buenos Aires,  que a veces se había mostrado fogoso, pero siempre débil y precipitado en sus proyectos, habiendo sido en realidad sus jefes obligados siempre a esperar por la Gran Bretaña que llegue la hora en que la suerte de la Península decida su política con respecto a la América española. No he dudado durante más de los dos últimos años que los jefes secretos y eficaces no hubiesen resuelto dar algún paso irrevocable sobre la verdadera independencia, a menos que las circunstancias de España o la protección de Inglaterra se lo asegurase”.

¿Quiénes serían esos “jefes secretos y eficaces”  que respondían a Monroe y a los Estados Unidos y deberían dar el paso de la verdadera independencia de nuestra patria?

El Ministro Sumter admitía: “que el partido de la independencia tenía fuerza suficiente para realizar sus propósitos, imponiéndose a los demás; los cuales no habían procurado entenderse entre sí por la esperanza de que muy pronto podría llegar una fuerza superior para calmar y someter a los resueltos por la independencia, con menos daño que mediante una guerra interna entre los dos partidos.”

Sumter continuaba informando que: “… siendo ambos partidos iguales en número y estando los independientes en posesión del ejército, de las armas, etc., pueden llegar, quizás hasta a ocupar Montevideo antes de que lleguen auxilios, pero si poseyeran esa ciudad no podrían sostenerse largo tiempo en ella contra una fuerza que pudiera bloquear el lugar por tierra y por agua. La falta de armas, de rentas, etc. lo llevaría pronto a entregarla, siendo lo más que ahora puede esperarse que reciban pronto protección de Inglaterra, se reconcilien con España y huyan a las provincias altas y aseguren las minas de Potosí, haciendo en esas montañas una fastidiosa guerra defensiva.”

El doctor Carlos Ibarguren en la obra mencionada en Fuente documental, en relación a las opiniones del Ministro Sumter, que son las del gobierno de los Estados Unidos, hace una interpretación que considero merece ser transcripta completa dada su relevancia.

“Sumter denunció en este escrito una división en la opinión pública de las Provincias Unidas del Río de la Plata, expresada por dos grupos o partidos similares en número, uno de los cuales consideraba que no quedaba otro camino que una declaración de independencia que permitiera organizar una nueva nación, y otro opuesto a medida tan extrema, grupo éste que se encontraba dividido a su vez, por quienes esperaban la suerte que la guerra deparara a la Metrópoli para, de acuerdo con la Gran Bretaña, decidir su política respecto del país, y otros que confiaban que España sometiera a los partidarios de la independencia mediante el envío de alguna gran expedición militar, posibilidad que Sumter no desdeñaba.

En aquellos momentos el grupo que había tomado sobre sí el gobierno de Buenos Aires no consideraba solución alguna que no contara con el beneplácito británico. La mayoría de sus miembros alentaba muy pocas esperanzas de llegar a un acuerdo con España sin la mediación y la garantía de la Gran Bretaña, que asegurara a todos y cada uno de ellos que no serían objeto de ofensas en sus vidas y en sus bienes por un sentimiento de venganza de parte de España, según la intervención que les había cabido en los sucesos ocurridos desde 1810. EL PROBLEMA PERSONAL DICTABA LA SOLUCION NACIONAL.

El hecho de que el partido de la independencia contara con el apoyo del ejército, en cuyo seno era donde prácticamente había tomado forma y consistencia, se explica perfectamente. Era el ejército el que luchaba contra el enemigo español y se encontraba en plena Guerra de la Independencia. En esa lucha se nutrieron odios que no podían buscar soluciones fuera de la ruptura total, y se comprende, además, que de esa idea comenzara a participar la masa anónima del pueblo, por lo mismo que de sus filas salían quienes cubrían las del ejército, y en ellas fuera grande la aportación de sangre que la guerra exigía.

Siempre admiré a las personas inteligentes, y que bien que lo explica el doctor Ibarguren. Del pueblo llano salían los que componían el ejército que luchaba por la Independencia de la Patria. La campaña al Paraguay ya había ocurrido, la campaña al Alto Perú otro tanto, la victoria de Suipacha, la derrota de Huaqui, el combate de San Nicolás, la Batalla de Tacuary, la expedición a la Banda Oriental, el combate de Las Piedras, el sitio de Montevideo, la Batalla de Tucumán, la de Salta, el Combate del Cerrito, el combate de San Lorenzo, y una decena de enfrentamientos más. A los que lucharon en esos sitios y a los deudos de los que murieron en ellos les explicábamos: No se preocupen ahora está todo bien, no somos independientes pero estamos  protegidos por  Gran Bretaña.

Continúa Ibarguren “En mayo de 1810 se pudo creer que España sucumbiría ante Napoleón, pero nadie tuvo dudas de que el imperio español se mantendría en América dentro de su gloriosa trayectoria histórica. Se creyó, además que para que lo hiciera más fuerte debía apoyarse en nuevas normas políticas y administrativas, todo lo cual determinó que la gestación consiguiente quedara por demás ligada al desarrollo de los sucesos de Europa. No faltaron, evidentemente, quienes se adelantaron a expresar que no debía esperarse reconstrucción alguna; que el imperio había dejado de existir y la hora imponía una declaración de independencia que librara a Hispanoamérica de toda atadura exterior, pero los tales no lograron traducir sus conceptos en actos efectivos de trascendencia notoria.”

Sumter informó de sus observaciones en 1813-1814. Carlos Ibarguren las interpretó en 1944. Ahora nos encontramos en el 2012, pero el esquema ideológico es semejante. ¿Estaremos en el túnel del tiempo?



Fuente documental: Carlos Ibarguren. “Estados Unidos ante la independencia de América, La Misión Aguirre a Estados Unidos. Buenos Aires, 1944.
Diego Luis Molinari, “Fernando VII y la emancipación de América”, Buenos Aires, 1939.





MISION DESIGNADA POR EL DIRECTOR PUEYRREDON ANTE AUSTRIA Y RUSIA

 Por: Roberto Antonio Lizarazu

“Ella busca un príncipe y yo la princesa”. Roberto Melo


Cuando  las papas queman, los príncipes no aparecen, el miedo cunde y nuestros dirigentes políticos no se encuentran a la altura de las circunstancias; las misiones diplomáticas dirigidas por Rivadavia,  recorrían las cortes de Europa buscando soluciones en el extranjero. Cualquier país es bueno para pedir ayuda. Como veremos en este comentario les toca el turno a Austria y a Rusia. Si señores lectores, en 1817 representantes de las provincias Unidas del Río de la Plata le piden ayuda a Rusia.  Algunos conspicuos autores sostienen que hasta Manchuria no llegaron, porqué era invierno y había mucha nieve.

Con fecha 3 de enero de 1817, Pueyrredón, que fue Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata desde el 9 de julio de 1816 hasta el 9 de junio de 1819, dispuso dar por finalizada la maratónica misión de Rivadavia en Europa, que venía desde el Segundo Triunvirato (1814).  Prácticamente desde un año atrás se encontraba varado en Paris, que como todos sabemos es un lugar ideal para vivir viaticando  sin hacer nada. Ya ni las más elementales noticias sobre la situación del país le eran comunicadas. El último oficio que recibió del gobierno fue en diciembre de 1816 dándole cuenta de la Declaración de la Independencia en Tucumán. Esta noticia hacía más de dos meses que era pública en Europa. Si carecía de comunicaciones sobre hechos de tanta importancia como la declaración de la independencia, no es extraño que se mantuviera sin instrucciones y sin respuestas a sus muchas cartas informativas sobre la situación europea. A pesar de ello considero de interés reproducir algunas de esas cartas que no eran respondidas y ni siquiera se les acusaba recibo por parte del gobierno. Ni Manuel García, que se supone que dependía de él y que se encontraba en Londres, le informaba nada. Cada personaje jugaba su propio partido de manera independiente y de acuerdo a sus intereses políticos y económicos.  

En fecha 31 de enero de 1817, en carta al gobierno dice: “… se dolía de la conducta de la corte de Brasil, pero desgraciadamente todos mis esfuerzos son hasta ahora inútiles, para saber las deliberaciones de ese Gobierno a este propósito, y qué es lo que ha hecho D. Manuel García , de quien, es bien extraño , no tengo ni una letra; de manera que sobre un asunto de tanta consecuencia no puedo, absolutamente, obrar ni hablar, y precisamente cuando la invasión de los portugueses en ese territorio ocupa tanto a la Europa, a quien generalmente desagrada.”

El 22 de marzo volvía a escribir afligido, advirtiendo “… que la causa revolucionaria debía atender tres objetivos vitales: las disposiciones existentes, o posibles, de las naciones cuyo influjo decidía los destinos en el momento; la situación particular de España, y la marcha que, como consecuencia de uno y otro, y de su propio estado, debían adoptar las Provincias Unidas.”
Conviene detenerse un momento en estos tres objetivos vitales para nuestra revolución e independencia. Considero que resumen exactamente el ideario rivadaviano sobre el particular. Primero tenemos que considerar las disposiciones de las naciones que deciden los destinos de las naciones, (Gran Bretaña y Francia); segundo tener en cuenta lo que podría querer España de nosotros y tercero las medidas que deberían adoptar las Provincias Unidas respecto de los puntos anteriores.

Al efecto Rivadavia añadía: “Nunca pensé que el Congreso demorase tanto en pronunciar sobre la forma de gobierno de este Estado; pero siendo demasiado urgente el hacerlo, yo estoy persuadido que es de suma importancia el declarar a ESE ESTADO EN MONARQUÍA, RESERVÁNDOSE LA ELECCION DE SOBERANO AL RESULTADO DE LA NEGOCIACION QUE EN SU VIRTUD ACUERDAN PARA CON LAS CORTES DE EUROPA. (El subrayado es del propio Rivadavia).

Algunos antecedentes de la misión ante Rusia.

 José Lanz fue uno de los tantos profesionales europeos que Rivadavia, durante su larga permanencia en Europa, contrató para trabajar en el Río de la Plata. José Lanz, un profesor de matemáticas y ciencias naturales español que vivía en Londres,   en 1816 viaja a Buenos Aires y como no se adapta a estas latitudes regresa a Gran Bretaña en mayo de 1817 donde se encuentra  con Rivadavia. Lanz si bien es verdad que  no nos sirvió como profesor, fue contratado nuevamente por Rivadavia para que le sirviese de correo con Pueyrredón y volvió al Río de la Plata con correspondencia para el gobierno. En carta del 30 de agosto de 1817, dice que “este método para informar al gobierno lo usaría  en cuanto se lo permitieran sus recursos, adelantando la noticia de que se preparaba una nueva expedición en Cádiz, y se rumoreaba que era propósito del Emperador Alejandro de Rusia auxiliar a España en sus propósitos ofensivos, si bien señalando que las demás potencias veían con desconfianza la actitud rusa, por ser la nación que menos relaciones e intereses tenía con la América. (1) Por otra parte, añadía Rivadavia, es muy poco probable que la Rusia hiciera sacrificios de buques, tropas y dinero, o sólo dinero, sin una indemnización más que proporcionada. Por su parte no creía que tal expedición  (la española que se preparaba en Cádiz) llegara tener más apoyo que el de la corte del Brasil, cuando ésta ha pedido a Lisboa un refuerzo de 4 a 6 mil hombres con la mayor urgencia, y que ya han salido en parte, y el resto si no se ha dado ya a la vela, no tardará en zarpar, según la noticia de los diarios.”

Misión del cubano Antonio José Valdés ante Austria y Rusia en representación de Pueyrredón.

Por carta del 30 de junio de 1817, dirigida al director Pueyrredón, Rivadavia decía que “el 14 de dicho mes había sido sorprendido por un artículo de uno de los diarios  de París, concebido en los siguientes términos: En La Gazeta de Bremen del 29 de mayo, se lee el artículo siguiente: En este momento se halla en ésta un diputado de Buenos Aires de paso para Viena, encargado de ofrecer el Reino de Buenos Aires a un príncipe Austriaco. Se dice que este Diputado deberá dirigirse a otra corte poderosa de Europa, en el caso que sus ofertas no sean admitidas en Viena.”

Rivadavia ya había recibido instrucciones del 3 de enero de 1817 firmadas por Pueyrredón, disponiendo su regreso por no haber “motivo alguno de conveniencia que pueda fundar su residencia en Europa”.  Rivadavia no pudo admitir que se enviara un nuevo comisionado, por lo que supuso se trataba de una falsa información. No lo era en realidad. En la misma fecha, el 3 de enero de 1817, Pueyrredón había confiado a Antonio José Valdés, un cubano que había sido director de “El Censor” a llevar pliegos a los emperadores de Rusia y Austria rogándoles nos adopten bajo sus poderosos dominios, y eventualmente designen algún príncipe que se haga cargo de nosotros. Valdés utilizaba el cargo de Diputado Representante de las Provincias Unidas  de Sud América.

En la carta que lleva Valdés, dirigida al emperador de Rusia, y sobre la cual requiero de los señores lectores la lean con detenimiento, Pueyrredón comienza diciendo que: “Estaba en el interés de Europa que América dejara de permanecer en la ignorancia y la servidumbre, para que cultivada, floreciera y abriera sus entrañas al género humano, sin ser patrimonio exclusivo de una Nación mezquina y suspicaz, que se abroga su dominio en virtud de un descubrimiento casual  (el descubrimiento de América) y de la famosa Bula de donación otorgada por Alejandro 6º,  (la Bula que divide América entre España y Portugal) Es constante que la naturaleza ha destinado la tierra a las necesidades del hombre en general, Y NO DA A NINGUN PUEBLO MAS DERECHO QUE EL DE APROPIARSE EL PAIS QUE LE ES SUFICIENTE, obstruyendo su beneficio con perjuicio necesario de los demás Pueblos”.

Este último párrafo, en el que subrayamos un concepto sorprendente, que ofrece todos los caracteres de una invitación a tomar posesiones en América, ya que era evidente que Buenos Aires a la cabeza de las Provincias Unidas de Sud América contaban con más tierra de la que necesitaban por su cantidad de habitantes. Por otra parte se debe tener en cuenta que de manera simultánea a la Guerra de la Independencia que se estaba desarrollando a pleno. El triunfo de Chacabuco fue el 12 de febrero de 1817. (2) los gobernantes gestionaban príncipes de cualquier nación del mundo y sugerían la ocupación de nuestros territorios a las potencias europeas. Existía una contradicción evidente entre las acciones militares de algunos héroes por la guerra de independencia de nuestra patria contra el anterior coloniaje español;  y las acciones políticas de los dirigentes portuarios que ofrecen el gobierno y el territorio nuestra patria a cualquier potencia que aspire a obtenerla.

Pero debemos continuar con los lagrimosos pedidos de Pueyrredón al Zar de Rusia. La América sigue su denodada y sangrienta lucha (la Guerra de la Independencia) en la que reconoce la suma necesidad de un brazo poderoso que vigorice su aliento, y paralice las maquinaciones  y esfuerzos de sus enemigos. ¿Y quién, Señor, mas adecuado que V. M. I. (3) cuyo sólo nombre respeta toda la Tierra.

El oficio dirigido al emperador de Austria por Pueyrredón, y entregado por el inefable cubano  Antonio José Valdés, tiene las mismas características lagrimosas, y transcribiré algunos párrafos que considero importantes. Se iniciaba con una explicación de los antecedentes políticos de estas pampas, que a los austriacos le sonarían como si les hablaran en chino. Ahora veremos como Pueyrredón le pide disculpas al Emperador de Austria  de haber realizado las acciones de 1810 y sobre todo la declaración de la independencia en  1816. Todo un verdadero y vergonzoso disparate. Habla de los americanos en tercera persona. ¿Y él que era en 1810 y en 1816, súbdito de Gran Bretaña? “El proceso revolucionario establecido al ser invadida España por los franceses, los americanos creyeron que adoptar sus precauciones para no correr la suerte de su Metrópoli en Caso de ser desgraciada. Los gobiernos revolucionarios instalados en España pretendían dictar la ley a la América. Resistimos a sus pretensiones tan injustas y creamos gobiernos provisorios hasta la restitución del Sr. D. Fernando VII a su trono. Las juntas de la Península nos declararon la guerra. El regreso de Fernando VII encontró a estos pueblos en plena guerra.”  Si, estábamos en plena  Guerra de la Independencia.

“Creímos haber llegado entonces al término de tantos desastres; pero el rey (Fernando VII) mal aconsejado, sin encontrar que aplaudir en los gobiernos españoles, no consideró en nuestra resistencia los preceptos de unas autoridades que él mismo declaró nulas, la prueba ilustre de nuestra lealtad”.
“A los males consiguientes a una guerra sin fin, se había unido la expedición portuguesa, que se suponía realizada mediante un entendimiento con España, por lo que se recurre ante el emperador para que fuese el Protector de la América, título que acompañaría al de Pacificador de Europa,  con el que se lo reconoce en todo el orbe”.

Sorprendentemente la misión de Valdés ante Rusia y Austria se frustra por las inclinaciones detectivescas de Rivadavia. Por un confidente de la policía de Paris, por supuesto pago, Rivadavia es informado que el diplomático enviado por Pueyrredón  se trataba de un aventurero carente de escrúpulos y que vendía el producto (el reinado de Buenos Aires) a varios interesados a lograr la vacante. Valdés con ese objeto, según Rivadavia, había visitado al embajador español en París, el duque de Fernán Núñez, y mantenido  entrevistas con el Conde de Casa Flores. Valdés habría supuesto que a falta de príncipes no estarían mal un duque o un conde. Cualquiera que pague.

Posteriormente y por carta del 15 de febrero de 1818, y cuando en Buenos Aires ya se conocía el papelón, Rivadavia informa “que se trataba no solamente de un impostor sino también de un traidor, pues la embajada española dio a conocer un escrito suyo”.

Ya entonces se conocía la verdad en Buenos Aires, pues con fecha 31 de julio de 1818, Gregorio Tagle le escribió a Rivadavia diciéndole que se conocían otros chanchullos de Valdés.   

Como lo menciona Diego Luis Molinari en la bibliografía que señalo, “Pueyrredón recibió en este caso una dura lección. No se debe confiar en venales e  inescrupulosos periodistas”. (4)




(1) Esta es una errónea interpretación geopolítica de Rivadavia. Para la fecha Rusia de hecho era la poseedora de vastísimas  extensiones de América del Norte (Alaska) y competía tanto con Francia como con Gran Bretaña en los derechos de posesión de prácticamente todo el norte de Canadá hasta la Bahía de Hudson. También tenía un conflicto con Dinamarca sobre el dominio de Groenlandia, que es América y que recién se resuelve al finalizar la guerra ruso japonesa en 1905.

(2) Los lectores interesados en este tema, pueden leer en este portal en fecha 15 de noviembre 2011 “Parte de San Martín sobre la batalla de Chacabuco”.

(3) V. M. I. es Vuestra Majestad Imperial.

(4) Diego Luis Molinari era un activo militante radical y siempre  la prensa liberal y luego la peronista fueron muy críticas con su obra. Irónicamente Molinari y Perón eran amigos personales y lo visitaba seguido en la Casa Rosada. También queda la correspondencia entre ambos de los años de exilio en España. Tal vez por eso la prensa antiperonista también era muy crítica con la obra de Molinari. Le pegaban de todos lados; y el cuando podía también respondía, como en este caso.

Fuente documental:  Diego Luís Molinari. “Fernando VII y la emancipación de América”, Buenos Aires, 1939. Reedición 1957.
Ricardo Piccirilli. “Rivadavia y la Diplomacia. Historia de una empresa monárquica frustrada”. Buenos Aires, 1945.
William Spence Robertson. “Russia and the emancipación of Spanish America 1816-1826, en “Hispanic American Historical Review”, tomo XXI, 1941.




ESQUELA DEL DOCTOR GUSTAVO MARTÍNEZ ZUVIRÍA A DARDO CORVALÁN MENDILAHARZU.

Por: Roberto Antonio Lizarazu

Cuadro de situación. Sabemos que el doctor Gustavo Adolfo Martínez Zuviría, Hugo Wast, (1883-1962) publicó en la Editorial Bayardo, de Buenos Aires, en 1920, su obra La Corbata Celeste,  y que desde 1931 a 1955 fue director de la Biblioteca Nacional.

Por otra parte Dardo Corvalán Mendilaharzu, (1888-1959) autor nacionalista-rosista declarado,  había publicado en el Suplemento Literario de La Prensa en abril de 1933, algunos comentarios laudatorios y otros críticos respecto a la trama argumental de La Corbata Celeste. Conviene recordar que hasta ese momento ambos eran amigos personales.

Para 1933 en que Gustavo Martínez Zuviría ya presidía la Biblioteca Nacional; y usando papel con el membrete  de la misma, responde con una brevísima esquela, que personalmente considero  intentaba cerrar definitivamente las diferencias con una sorprendente confesión.

DIRECTOR DE LA BIBLIOTECA NACIONAL

“A Dardo Corvalán Mendilaharsu (sic)

“En mi libro La Corbata Celeste,  atraído por la potente fisonomía de Rosas, he tratado de expresar mi admiración hacia aquel gran nacionalista.”

“Y yo desciendo de unitarios y en aquellos tiempos, tal vez, hubiera llevado una corbata celeste, como el personaje de mi novela.
                               
                                 HUGO WAST”

“Buenos Aires, mayo 15 de 1933.”


domingo, 20 de enero de 2013

UN CUENTO DE AMOR INÉDITO DE JUAN MANUEL DE ROSAS

Recopilación: Roberto Antonio Lizarazu

SEGUNDA PARTE

En la Primera Parte se detalla la introducción a este cuento que realizara oportunamente el doctor Dardo Corvalán Mendilaharzu. Tanto esa introducción como el texto de este cuento, hasta ese momento inédito, es obra de Corvalán Mendilaharzu, quien oportunamente había tenido acceso al archivo de Rosas que se encontraba  en ese momento en posesión de la familia Terrero.  Ya lo expliqué en la Primera Parte pero deseo reiterarlo. Esto no es mérito del suscripto sino de Corvalán Mendilaharzu.

No usaré comillas para reproducir el texto, porque todo es redactado de puño y letra por el General Rosas y al copiarlo se conservó la forma original y los giros idiomáticos del momento.

                                      DESESPERA, Y MUERE

En 1858, en las cercanías de Fontainebleau, entraron en una casa de huéspedes, una señora, y un caballero, que se proponían pasar en el campo una temporada.

En los primeros tiempos salían juntos todas las mañanas, y no volvían hasta la hora de comer.
La noche la pasaban leiendo  (sic) en su cuarto. Esa fue su vida durante el Estío.

Cuando llegó el tiempo de la caza, el joven salía muy temprano y volvía tarde. Ella nunca salía esos días. Parecía muy triste, Andrés, hizo conocimiento en la caza con algunos y a poco tiempo después llevó a varios a la casa. Comieron juntos y se divirtieron bebiendo y hablando muchas horas de la noche. Por la mañana, Andrés se fue con ellos y pasó algunos días sin volver. Luego estas ausencias se repitieron a menudo. María pasaba esos días cerca de la ventana o de la lumbre, trabajando o leiendo, cuando no lloraba. A fines del invierno Andrés se marchó, dejando pagado el gasto que podía hacer la joven durante su ausencia, que anunció debía ser bastante larga.

Transcurrieron dos meses después de su salida y María ninguna carta recibió. La joven estaba tan triste, que luego se enfermó.
Los primeros días de primavera la re animaron un poco. Por primera vez salió y se dirigió al bosque, sin querer que nadie la acompañara. Los hijos del posadero, que se había interesado mucho por la pobre María, la siguieron. Volvieron diciendo que había ido a una roca donde estaban escritos estos nombres: “Andrés, María”, y debajo una inscripción en una lengua extranjera. Todo el verano lo paso así, yendo todos los días a la gruta; pero andaba tan lentamente y se mostraba tan abatida, que inspiraba compasión a todos.                         

Por la noche escribía. Cuando comenzó el otoño, el estado de María se empeoró: se conocía que su fin era cercano.
Una tarde entregó al amo de la casa un pliego sellado, recomendándole que lo guardara para entregarlo a Andrés cuando volviera. Luego, dándole gracias por los cuidados que se había tomado, le dijo hiciera subir a los niños, y entre ellos repartió todo lo que poseía.

Aquella misma tarde de repente dio, un grito y murió pronunciando dos palabras en lengua extrangera  (sic).  Se enterró a María en el cementerio de Fontainebleau. Abierto el pliego escrito por María, se vio que contenía el diario siguiente:

2 de septiembre. Tengo hoy la certidumbre que la vida me abandona, como hace tiempo he abandonado yo la vida.

Andrés; no vivía yo más que para amarte, y ser amada de ti; náda me liga a este mundo desde que tu amor me abandonó. Mientras he sido dichosa, eres tú mi único confidente. Hoy mi corazón quiere saltarseme  (sic) del pecho y tengo que confiar mis penas al papel.

Además si alguna vez lees estos renglones, quiero que encuentres en ellos mi perdón que es muy facil, porque la felicidad que he experimentado en nuestro amor compensa las desgracias.

4 de septiembre. Si puede decirse “que no hay peor dolor que el pensar en las felicidades cuando se han perdido”,  (1) no comprendo esta idea. Las únicas alegrías que puede haber en mi pobre corazón son aquellas que proceden del recuerdo de las felicidad pasada.

Cada día sentada en la peña que tanto nos gustaba, (falta texto) desarrollarse a mis ojos los días del año tan feliz que ha trascurrido; repaso cada hora, cada incidente, y descubro en aquellos que entonces me parecían mas insignificantes, nuevos encantos y delicias ignorados.

Cuando me aparecen los queridos fantasmas de los días en que se quedaron fijos en mi memoria, mi corazón sumergido en tristes voluptuosidades, se complace en acariciar esas imágenes lejanas, y cuando todo ha desaparecido, paréceme que mi alma se sube a mis ojos con las lágrimas y se calma suavemente con el santo rocío.

Te veo, Andrés, rico, joven y hermoso, viniendo hacia mi, pobre huérfana extranjera que por lástima recogió tu familia en su seno, para demostrarme el primero de todos un poco de cariño, en lugar de esa compasión desdeñosa que me había infundido tanta tristeza. ¡Oh! Qué pronto se abrió mi corazón a tus dulces palabras; que pronto me abandoné a la fé que me inspirabas, sin contar los obstáculos; mas en breve tu primera palabra de amor borró la huella de las lágrimas vertidas. ¡Con que resignación te hice el sacrificio de mi honor, mi única riqueza, para que no tuvieras que luchar jamás con tu familia, que jamás habría consentido en que te hubieras casado conmigo!

¡Dios me perdone! Mi arrepentimiento implora su misericordia!

10. De Setiembre. (2)  Desde el día en que viniste aquí con amigos, conocí que se había concluido nuestra felicidad.

Las mujeres convertimos todo nuestro corazón en un sentimiento único; pero los hombres que llevan una vida mas agitada, hallan pronto el aburrimiento, allí donde nosotros mantenemos un foco un foco eterno que se alimenta consigo mismo.

20. (de septiembre) No puedes figurarte, que alegría cruel la experimento al conocer que mi fin se aproxima. Si: ¿Qué haría yo en este mundo? Arrastrar un dolor inconsolable entre una muchedumbre indiferente, porque jamás renacería otro amor sobre las ruinas del primero.

Prefiero pues marcharme hacia las playas desconocidas donde siempre he pensado que los buenos podían amar sin dolor y sin crimen. Andrés allí te espero.

25 Setiembre. ¡Ay! ¿Porqué me has abandonado? Porqué me he encontrado en tu camino, yo, pobre huérfana extrangera. Estaba escrito que debía yo morir aquí, lejos de mi patria y sola con mi desesperación.

Mil veces leo en nuestra gruta del monte nuestros dos nombres, que decías debían estar menos unidos que nuestras almas.

¿Con que mentías entonces? ¡Oh Dios mío! ¿Cómo puede ser que se mienta con miradas tan tiernas, con palabras tan dulces? No, no mentías; te engañabas, y mi desgracia quiso que yo fuese partícipe de tu amor.

1º de Octubre. Hoy es el aniversario de uno de los últimos días felices que hemos pasado juntos. ¡Cuán dichosos éramos! ¡Que encantos tenía para mí toda la naturaleza! ¡Cómo desafiábamos a la desgracia!

En ese día de júbilo de fe serena descubrimos la gruta y grabamos en ella nuestros nombres. Hoy he querido volver a verla; pero todo me ha parecido muy sombrío, y en un momento de amarga desesperación he escrito debajo de nuestros nombres, en inglés, mi lengua, esta sentencia tristísima: “Desespera y muere”. Si; ese es mi horizonte; y siento que se aproxima con rapidez el momento en que van a concluirse mis padecimientos.

5 de Octubre. Aunqué  (sic) estoy muy débil he querido ir esta mañana al monte; tenía el presentimiento que sería mi despedida a ese teatro de nuestras felicidades pasadas. He recorrido todas las cumbres, todos los céspedes, todos los lugares donde hemos estado en los días en que tu me amabas; y luego otra vez en la gruta que visitábamos juntos, estendí  (sic) mis dos manos hacia la llanura, y saludé con un adiós solemne cada punto de este horizonte, en donde nuestros ojos y nuestras almas se encontraban tan a menudo.

Pronuncié tu nombre y el mío repetidas veces; pero quebrantada por mi exaltación caí al suelo, y solo después de algunas horas recobré fuerzas para llegar al lecho de donde ya no debía salir.

12 de Octubre. Presintiendo que la muerte me sorprendería de un momento a otro, he quemado todos mis papeles a fin de que nadie más que tú sepas mi triste historia.

No podrán grabar en mi sepulcro otro nombre que el de María, nombre que no es el mío, pero que yo tengo en mucho porque tu me lo diste en uno de los primeros días de nuestra felicidad. He quemado todas tus cartas después de haberlas leído por última vez.

Amigo mío, me has amado mucho, y todavía te lo agradezco. Unos meses de tal felicidad valen mas que una vida targa atravesada siempre por sinsabores, sean cuales fueren la posición y la fortuna.

Adiós para siempre, Andrés: tengo que cerrar estas paginas antes de que la fría mano de la muerte arranque la pluma de mis manos. ¡Adiós!

La historia es cierta: los que visitaron en el bosque de Fontainebleau  podrán ver en la gruta los nombres de Andrés y de María, y debajo la sentencia inglesa: “Desespera y muere”.




(1) Corvalán Mendilaharzu no dice una sola palabra sobre el autor de la frase que Rosas pone entre comillas. Exactamente como la registra Rosas, el suscripto no la encontró nunca. En relación a su  concepto de manera genérica, varios autores expresaron similares criterios.  Desde Epicuro, pasando por Trasímaco, hasta el mismo Shakespeare y Lope de Vega como los posteriores a Rosas, Darío Nervo y nuestro Benito Lynch, usan similares expresiones, pero no textuales como lo señala el autor. 


(2) Utiliza tanto septiembre como setiembre.