La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



viernes, 15 de marzo de 2013




CARTA DE SAN MARTIN A ROSAS, POR LA  MERITORIA DEFENSA DE LA SOBERANÍA NACIONAL EN LA VUELTA DE OBLIGADO.


Recopilación: Roberto Antonio Lizarazu

Primera Parte.

Generalmente conocemos los términos del testamento del Libertador, donde en su artículo 3º   deja como herencia a Rosas  la espada que usara en sus campañas militares.

“3º El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al general de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla.”
   
Pero la correspondencia entre ambos, cuando Rosas era gobierno; y la mantenida luego de su derrocamiento en Monte Caseros, se la ignora deliberadamente. Es verdad existe poca  correspondencia entre ambos personajes. Y si algo llama la atención de la misma, (probablemente ese sea el motivo de su desconocimiento), es la forma amable, gentil, respetuosa, como corresponde a verdaderos amigos que mantenían en esa correspondencia.

Hoy reproduciremos una carta de San Martín a Rosas motivada por la Batalla de la Vuelta de Obligado del 20 de noviembre de 1845; y la respuesta de Rosas a esa carta. No se puede tapar con un dedo que en la primera de ellas, San Martín se dirige a Rosas como “Mi respetable general y amigo” y se despide de él con un “Que goce usted la mejor salud, que el acierto presida en todo lo que emprenda son los votos de este su apasionado amigo y compatriota”.

En la respuesta, Rosas se dirige a San Martín con un “Mi querido general y amigo”  Y se despide de él con un “Deseándole, pues, un pronto y seguro restablecimiento y todas las felicidades posibles, tengo el mayor gusto suscribiéndome como siempre su apasionado amigo y compatriota”.  Estas no son notas entre políticos que pretenden ganar adeptos o especulan con cambiar de partido, son cartas entre dos Generales de la Nación que combatieron, sumando las de ambos, en más de sesenta batallas, combates y escaramuzas, con las armas en la mano y no llevándolas de adorno precisamente. Salvemos las distancias para medir con precisión el valor de estas palabras, observando las acciones de los personajes que las pronunciaban, en este caso que las dejaron por escrito y las firmaron.

José de San Martín
Boulogne-sur- Mer, 2 de noviembre de 1848.
Excmo. Sr. Capitán general D, Juan Manuel de Rosas.

Mi respetable general y amigo:
A pesar de la distancia que me separa de nuestra patria, usted me hará la justicia de creer que sus triunfos son un gran consuelo a mi achacosa vejez.

Así es que he tenido una verdadera satisfacción al saber el levantamiento del injusto bloqueo con que nos hostilizaban las dos primeras naciones de Europa; esta satisfacción es tanto más completa cuanto el honor del país, no ha tenido nada que sufrir, y por el contrario presenta a todos los nuevos Estados Americanos, un modelo que seguir y más cuando éste está apoyado en la justicia. No vaya usted a creer por lo que dejo expuesto, el que jamás he dudado que nuestra patria tuviese que avergonzarse de ninguna concesión humillante presidiendo usted a sus destinos; por el contrario, más bien he creído no tirase usted demasiado la cuerda de las negociaciones seguidas cuando se trataba del honor nacional. Esta opinión demostrará a usted, mi apreciable general, que al escribirle, lo hago con la franqueza de mi carácter y la que merece el que yo he formado del de usted. Por tales acontecimientos reciba usted y nuestra patria mis más sinceras enhorabuenas.

Para evitar el que mi familia volviese a presenciar las trágicas escenas que desde la revolución de febrero se han sucedido en París, resolví transportarla a este punto, y esperar en él, no el término de una revolución cuyas consecuencias y duración no hay precisión humana capaz de calcular sus resultados, no sólo en Francia, sino en el resto de la Europa; en su consecuencia, mi resolución es el de ver si el gobierno que va a establecerse según la nueva constitución de este país ofrece algunas garantías de orden para regresar a mi retiro campestre, y en el caso contrario, es decir, el de una guerra civil (que es lo más probable), pasar a Inglaterra, y desde este punto tomar un partido definitivo.

En cuanto a la situación de este viejo continente, es menester no hacerse la menor ilusión: la verdadera contienda que divide a su población es puramente social; en una palabra, la del que nada tiene, tratar de despojar al que le posee; calcule lo que arroja de sí un tal principio, infiltrado en la gran masa del bajo pueblo, por las predicaciones diarias de los clubs y la lectura de miles de panfletos; si a estas ideas se agrega la miseria espantosa de millones de proletarios, agravada en el día con la paralización de la industria, el retiro de los capitales en vista de un porvenir incierto, la probabilidad de una guerra civil por el choque de las ideas y partidos, y, en conclusión, la de una bancarrota nacional visto el déficit de cerca de 400 millones en este año, y otros tantos en el entrante: éste es el verdadero estado de la Francia y casi del resto de la Europa, con la excepción de Inglaterra, Rusia y Suecia, que hasta el día siguen manteniendo su orden interior.

Un millar de agradecimientos, mi apreciable general, por la honrosa memoria que hace usted de este viejo patriota en su mensaje último a la Legislatura de la provincia; mi filosofía no llega al grado de ser indiferente a la aprobación de mi conducta por los hombres de bien.

Esta es la última carta que será escrita de mi mano; atacado después de tres años de cataratas, en el día apenas puedo ver lo que escribo, y lo hago con indecible trabajo; me resta la esperanza de recuperar mi vista en el próximo verano en que pienso hacerme hacer la operación á los ojos. Si los resultados no corresponden a mis esperanzas, aun me resta el cuerpo de reserva, la resignación y los cuidados y esmeros de mi familia.

Que goce usted la mejor salud, que el acierto presida en todo lo que emprenda, son los votos de este su apasionado amigo y compatriota.

José de San Martín”.







RESPUESTA DE ROSAS A SAN MARTIN POR LA CARTA DE FELICITACIÓN CON MOTIVO DE LA BATALLA DE LA VUELTA DE OBLIGADO  


Recopilación: Roberto Antonio Lizarazu

Segunda parte.

“Juan Manuel de Rosas
Marzo de 1849
Mi querido general y amigo:

Tengo sumo placer en contestar su muy estimada carta fecha 2 de noviembre último. Aprecio intensamente las benevolentes expresiones en cuanto a mi conducta administrativa sobre el país en la intervención anglo-francesa, en los asuntos de esta república. La noble franqueza con que usted me emite sus opiniones da un gran realce a la justicia que usted hace a mis sentimientos y procederes públicos.

Nada he tenido más a pecho en este grave y delicado asunto de la intervención, que salvar el honor y dignidad de las Repúblicas del Plata, y cuanto más fuertes eran los enemigos que se presentaban a combatirlas, mayor ha sido mi decisión y constancia para preservar ilesos aquellos ídolos queridos de todo americano. Usted nos ha dejado el ejemplo de lo que vale esa decisión, no he hecho más que imitarlo.

Todos mis esfuerzos siempre serán dirigidos a sellar las diferencias existentes con los poderes interventores de un modo tal, que nuestra honra y la independencia de estos países, como de la América toda, queden enteramente salvos e incólumes.

Agradezco sobremanera las apreciables felicitaciones que me dirige por el levantamiento del bloqueo de estos puertos, por las fuerzas de los poderes interventores. Este hecho, que ha tenido lugar por la presencia sola de nuestra decidida constancia y por la abnegación con que todos nos hemos consagrado en la defensa del país tan injustamente agredido, será perpetuamente glorioso. Ha tenido lugar sin que por nuestra parte hayamos cedido un palmo de terreno. Acepto complacido, pues, sus felicitaciones, y al retornárselas con encarecimiento, me es satisfactorio persuadirme que usted se regocijará de un resultado tan altamente honorífico para la República.

Siento que los últimos acontecimientos de que ha sido teatro la Francia hayan perturbado su sosiego doméstico y obligándolo a dejar su residencia de París por otra más lejana, removiendo allí su apreciable familia, a esperar su desenlace. Es verdad que éste no se presenta muy claro: tal es la magnitud de ellos y tales las pasiones e intereses encontrados que compromete.

Difícil es lo pueda alcanzar la previsión más reflexiva. En una revolución en que, como usted dice muy bien, la contienda que se debate es sólo del que nada tiene contra el que posee bienes de fortuna, donde los clubs, las logias y todo lo que ellas saben crear de pernicioso y malo, tienen todo predominio no es posible atinar qué resultados traigan, y si la parte sensata y juiciosa triunfará al fin de sus rapaces enemigos y cimentara el orden en medio de tanto elemento de desorden.

Quedo instruido de su determinación de pasar a Inglaterra, si se enciende una guerra civil (muy probable) en Francia, para desde ese punto tomar un partido definitivo, y deseo vivamente que ella le proporcione todo bien, seguridad y tranquilidad personal.

Soy muy sensible a los agradecimientos que usted me dirige en su carta por la memoria que he hecho de usted en el último mensaje a la Legislatura de la Provincia; ¿cómo quiere usted que no lo hiciera, cuando aún viven entre nosotros sus hechos heroicos, y cuando usted no ha cesado de engrandecerlos con sus virtudes cívicas? Este acto de justicia ningún patriota puede negarlo (y mengua fuera hacerlo) al ínclito vencedor de Chacabuco y Maipú. Buenos Aires y su Legislatura misma me harían responsable de tan perjudicial olvido, si lo hubiera tenido. En esta honrosa memoria sólo he llenado un deber que nada tiene usted que agradecerme. Mucha pena siento al saber que la apreciable carta que contesto, será la última que usted me escribirá, por causa de su desgraciado estado de la vista; ¡ojalá que sus esperanzas de recuperarla por medio de la operación que se propone, tenga por feliz resultado su entero restablecimiento! Fervientemente ruego al Todopoderoso que así sea y que recompense sus virtudes con ese don especial. Al menos, mi apreciable general, es consolante para mí saber que, en caso desgraciado, no le faltará resignación. Ella y los cuidados de su digna familia harán más soportables los desagrados de una posición mucho más penosa para cualquier otro que no tenga la fortaleza de espíritu de usted.

Deseándole, pues, un pronto y seguro restablecimiento y todas las felicidades posibles, tengo el mayor gusto, suscribiéndome, como siempre su apasionado amigo y compatriota.               

Juan Manuel de Rosas”

lunes, 11 de marzo de 2013

Jorge Mariano Mitre
 
 
 
JORGE MARIANO MITRE, UN POETA Y SU TRAGEDIA

Por: Roberto Antonio Lizarazu
 
Bartolomé Mitre fue Presidente de la Nación entre 1862 y 1868. Sarmiento lo sucede y asume el 12 de octubre de 1868; y seguramente el peor momento que Mitre tiene que haber pasado en su ámbito privado en esos años,  debe haber sido el suicidio de su hijo Jorge Mariano, de dieciocho años recién cumplidos.

Ni siquiera pretenderé interpretar las motivaciones ni los porqués llevaron al talentoso Jorge Mariano a adoptar esa extrema medida; y resumiré los hechos lo más objetivamente que me permita el tema.

Jorge Mariano Mitre (1852-1870) fue el cuarto hijo  de los seis que tuviera el matrimonio entre Bartolomé Mitre y Delfina de Vedia. A la temprana edad de trece años comienza a perfilarse como un notable y precoz creador en el campo de la literatura. A esa edad escribe un excelente poema, titulado “A México”,  en el que narra la resistencia de la nación mexicana ante las dos invasiones francesas que sufriera  en el siglo 19.

Jorge Mariano era distinto, era diferente a los demás adolescentes, a los diecisiete años goza de una fama literaria impensada. Era precoz y comienza a caminar por los extraños caminos de los círculos literarios porteños. Hijo del Presidente de la República, de muy buena posición económica, incipiente poeta y literato ya reconocido por la crítica y por la sociedad. Todo esto tiene que marear al más centrado. Pero ese éxito lo lleva a abandonar sus estudios  y entra en razonables conflictos familiares con sus padres, y con sus hermanos mayores.

Para los lectores que lo crean interesante, la obra completa de Jorge Mariano Mitre se encuentra recopilada en su libro “Poesías”, editado en Buenos Aires, por Editorial El Ateneo, 1945. Igualmente Ricardo Rojas en su monumental Historia de la Literatura Argentina, Los Modernos, Tomo VII, de Editorial Kraft, Buenos Aires, 1957, reproduce casi completamente la obra del joven Mitre.

Al llegar Sarmiento a la Presidencia en 1868, nombra como presidente de la delegación argentina ante Brasil, con el cargo de embajador plenipotenciario al general Wenceslao Paunero, íntimo amigo de Mitre. Bartolomé vio como una oportunidad este nombramiento de Paunero y le pide a Sarmiento que en la delegación ante Brasil, nombre como integrante de la misma a su hijo Jorge Mariano, al que el notaba “como demasiado disperso en actividades que no lo llevarían por la senda de la prosperidad”, según sus propias palabras.

Jorge Mariano toma esta designación de la peor manera, como si fuese una penalidad de ostracismo. Paunero lo recibe y lo trata como si fuera su propio hijo. Un trabajo en la delegación argentina en Río de Janeiro, donde dependía de un amigo de su padre y donde su única tarea debe haber sido dedicarse a escribir lo que quisiera, resulta para él, un preanuncio de la tragedia.

Ya antes de partir, el 14 de septiembre de 1870, deja cartas a dos de sus amigos, despidiéndose con un terminante e inexplicable “Parto para siempre”.

Desde Río escribe a su madre en relación a que no le agrada ni su trabajo ni Río de Janeiro: “Y todo esto, sin embargo, sólo logra llenarme de tristeza y melancolía” “… Prefiero pisar de nuevo las llanuras áridas de mi patria”.

El desenlace. El joven Mitre participa en una de las permanentes reuniones sociales que se realizan en la Embajada y conoce a una señorita brasileña. De común acuerdo quedan en verse, pasando la  medianoche en el dormitorio de la joven, cuya casa quedaba apenas a seis cuadras de la delegación.  El plan de los enamorados se ve frustrado por  una criada que oye ruidos en la alcoba y descubre a la pareja.  Gran escándalo familiar y nuestro joven poeta esa noche termina preso. El padre de la novia denuncia lo ocurrido ante el Ministerio de Negocios Extranjeros de Brasil y  el escándalo familiar termina convirtiéndose  en un conflicto diplomático.

A la mañana siguiente Paunero logra ponerlo en libertad y decide, con muy buen criterio, alejarlo  del lugar del conflicto, y alejarlo de la ofendida familia de la joven, planeando que Jorge Mariano regrese a Buenos Aires a la mayor brevedad.

La noche anterior a su viaje de regreso, el joven Mitre, decide terminar con todos los problemas, tomando la peor de las opciones para solucionar algo de lo que aún era factible ser solucionado. Escribe varias cartas, una de ellas a su madre, donde intenta explicar lo inexplicable: “No porqué me tiemble el pulso dejo de tener el alma entera, en posesión de todas mis facultades. Soy de mi muerte el único culpable”. Y luego escribe una inexplicable argumentación: “Muero sin saber por qué”. Se mató de un balazo en la sien, colocando a sus pies un retrato de su padre. El suicidio ocurrió a las tres de la tarde del 17 de octubre de 1870, en la habitación 12 del “Hotel Dos Estrangeiros” cuando recién había cumplido los dieciocho años. A la mañana siguiente fue enterrado en el Cementerio San Juan Bautista de Río de Janeiro.

Recién dos años más tarde el 7 de enero de 1873, luego de diversos trámites burocráticos, judiciales y policiales, los restos de Jorge Mariano Mitre son traídos a Buenos Aires y enterrado en la Recoleta. Todo esto hecho con la  mayor reserva y sigilo. Se supone, por que no hay constancias escritas del traslado, que el mismo se realiza en el vapor de bandera uruguaya, “Río de la Plata”.

Fuentes consultadas: Ada Jijena, Gloria y tragedia de Jorge M. Mitre. Revista Todo es Historia.

Juan Ignacio Verni, La pérdida de Mitre//notio.com.ar

martes, 5 de marzo de 2013

¿YO? ARGENTINO


Por: Roberto Antonio Lizarazu

Una de las características más relevante de nuestra deficiente idiosincrasia individual y social es, que ante cualquier error,  dificultad o inconveniente en nuestro camino, nosotros no tenemos la menor responsabilidad de ello. Somos totalmente ajenos a los resultados de nuestras acciones y/o de nuestra inacción. En realidad nuestro apotegma de cabecera pareciera ser: ¿Yo? Argentino.

Hace ya unos meses en este mismo sitio, el 12 de junio del 2012, publicamos un apunte titulado “Recibí un muy buen regalo, un libro de Enrico Udenio”, referido al libro La Hipocresía Argentina. Este concienzudo trabajo de Udenio,  pone el dedo en la llaga y explicita, en la Tercera Parte del mismo, en el Capítulo El Pueblo no es Inocente, lo que los teóricos y demagogos que escriben sobre el tema de la decadencia argentina, tratan de explicar lo inexplicable y de justificar lo injustificable. Resumiendo Udenio sostiene argumentalmente,  lo que el suscripto opina desde hace décadas. El problema de la argentina somos los argentinos.

Transcribo textualmente. “Casi todas las exposiciones y análisis que investigadores y periodistas realizan sobre el proceso de involución del desarrollo argentino, exculpa generalmente a la población, señalando que ella es una inocente víctima. Y la identidad de los culpables, varía según la ideología del que la señala: manipulación de los países poderosos, los populistas ambiciosos del poder, los perversos conservadores, liberales, fascistas, izquierdistas totalitarios, neoliberales, ingenuos progresistas, políticos corruptos, empresas expoliadoras de la riqueza, extranjeros codiciosos, la curia católica reaccionaria, los militares golpistas, la España colonizadora de los reyes, son sólo algunos de los tantos malvados que pululan y aún proliferan por el mundo, aparentemente obsesionados por someter a los argentinos. Si aceptáramos sólo una porción de todas estas maquinaciones como probable realidad, resultaría llamativa la cantidad de energía que el mundo insumió e insume en el objetivo de dominar a la Argentina.”

El señor Enrico Udenio se olvidó y se pasó de largo a uno de los clásicos culpables de nuestra decadencia: Los judíos. Este maligno culpable es infaltable en el listado del feraz imaginario colectivo autóctono, cuando llega el momento de achacarles las culpas de nuestros males a los demás. Casualmente en este momento se reflotan viejas taras al respecto.

Sobre este mismo aspecto, hace pocos días,  el Rabino Sergio Bergman escribe en una nota que se reprodujo en varios medios,  bajo el título “Las retenciones cívicas” –un artículo que hay que leerlo completo- algunas agudas observaciones sobre la conducta y la responsabilidad de todos los argentinos.

“Esta vez no se trata de ellos, los que gobiernan, sino de nosotros, los gobernados. No es más ellos o nosotros, sino que se trata definitivamente, en términos de nación de todos. ¿Que pueden ser ellos, sino una expresión de todos?”

“La argentina es un país lleno de bendiciones, con una sola maldición: nosotros los argentinos.”

Es para ponerse a llorar, pero por fin  pareciera que algunos intelectuales argentinos han dejado la politiquería y la demagogia de lado y apuntan al centro del problema. El problema somos nosotros y nuestra deficiente conducta individual que afecta y se  proyecta a la social.



lunes, 25 de febrero de 2013

Doctor Enrique de Gandia
 
ERRORES CONCEPTUALES AL ESTUDIAR LA INDEPENDENCIA DE AMERICA


Por: Roberto Antonio Lizarazu

Es mi opinión que en  nuestro medio, el especialista más criterioso y metódico en relación al estudio de la historia de la Independencia Americana, es sin lugar a dudas, el doctor Enrique de Gandía. A los 23 años era Jurisconsulto egresado de la Universidad de La Sorbona de Paris y Doctor en Leyes de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.   Dedicado desde muy joven a la investigación histórica fue notablemente prolífico; y sin quererlo por supuesto, rompió con todas las marcas que se le pueden reclamar a un autor de historia. Algunas de ellas realmente sorprendentes.

De Gandía fue miembro correspondiente de todas las academias de historia del Continente.
Ha sido condecorado por el Gobierno Paraguayo.
Ha publicado 110 libros de historia y más de un millar de artículos y ensayos.
Perteneció a unas 200 instituciones culturales americanas y europeas.
Pero su récords  más notable fue su precocidad y en nuestro país, fue designado a los veinticuatro años de edad, miembro de número de la Academia Nacional de la Historia. En relación a esta incorporación, de Gandía al cumplir cuarenta años de académico,  hace unas declaraciones ironizando sobre si mismo.  “… era demasiado joven y ahora comprendo que aquellos señores se arriesgaron en demasía en colocar a su lado a un enamorado de la historia que lo mismo podía seguir toda su vida, como he hecho, entregado a los archivos, que abandonar esa pasión y representar, en la Junta, un peso muerto. Por fortuna, el amor a la historia fue tan fuerte y constante como el de otros amores que he tenido en estos cuarenta años, y aquí sigo fiel a esa locura que es el querer descubrir los enigmas que se llevan los siglos”.

En relación al tema de La Independencia Americana, uno de sus predilectos, nos dejó un listado de errores de concepto, en los cuales no se debería incurrir si deseamos realmente arrimarnos a la verdad en este controvertido tema, que es fundamental para comprender lo que sucede con posterioridad a la Independencia.

A.- “El primer error consiste en seguir llamando Revolución a lo que fue exclusivamente una guerra civil.”

B.- “El segundo en suponer que la pseudo revolución fue americana, cuando en realidad fue  principalmente, española, peninsular.”

C.-  “El tercer error está en decir que no fue un episodio aislado cuando en verdad, no tuvo ninguna relación con otros países fuera de España y sus posesiones americanas.”

D.- “El cuarto error está en imaginar que sus causas fueron muchas, cuando en realidad la guerra civil se da entre los partidarios de las Juntas  y los partidarios del Consejo de Regencia.”  (1)

E.- “El quinto error está en denominar proceso espiritual a lo que fue un complejo proceso político.”

F.- “El sexto error está en creer que este proceso estuvo vinculado a la historia universal, cuando es bien sabido que nada tuvo que ver con países lejanos y aun próximos, conforme dijimos anteriormente.”

G.-  “Y el séptimo error está en sostener que para comprenderlo, es preciso un conocimiento profundo de la historia prerrevolucionaria: conocimiento totalmente inútil, pues la independencia nace de los acontecimientos peninsulares de 1808 y no cuenta, anteriormente, en América, con ninguna fuerza que lo haya originado.”  (2)

(1) (2) Breve cuadro de situación en España que determinaron primero el  proceso “Juntista” y luego  el Consejo de Regencia.

La invasión napoleónica en España, causa un hecho histórico que se minimiza o directamente no se estudia. José Bonaparte (Pepe Botellas) se convierte en Rey de España y de las Indias. Era nuestro Rey.
En 1806, Inglaterra levantó una cuarta coalición contra el emperador Francés Napoleón Bonaparte, por lo que éste decretó, a modo de réplica, el bloqueo continental contra Inglaterra. Como Portugal era aliada de Inglaterra, no cumplió con las disposiciones del bloqueo continental, Napoleón Bonaparte ordenó ocupar el territorio lusitano.

El Rey de España Carlos IV,  autorizó el paso de las tropas francesas que se dirigieran hacia Portugal.  En noviembre de 1807 Portugal fue ocupado mientras la familia real lusitana y su corte, acompañados por los miembros de la nobleza, y el ejército en pleno, buscaban refugio en Brasil. El lector que quiera ampliar detalles sobre este hecho en particular, el suscripto publicó en este portal en fecha 26 de marzo  de 2012, un comentario titulado “Cuando Belgrano y Saavedra fueron Carlotistas”  donde se amplían detalles sobre el traslado a Brasil  de la corte de los Braganza.

La gran cantidad de efectivos franceses en suelo español, puestos a las órdenes del mariscal Joaquín Murat, era desproporcionado para su aparente misión, tomar el gobierno portugués y vencer cualquier resistencia armada. Ni unos ni otros ya se encontraban en Portugal. La Corte completa con la nobleza, su ejército y su armada, que era quienes los transportaban ya no estaban en Portugal, estaban en alta mar rumbo a su nuevo Imperio. Brasil.

Era evidente que las tropas francesas “de paso” se transformarían en tropas de ocupación de España. Los planes imperialistas de Napoleón se vieron favorecidos por el monarca Carlos IV y sobre todo por la política seguida por su primer ministro y favorito Manuel Godoy. Era visible en la Corte la enemistad existente entre Godoy y el príncipe Fernando, hijo mayor y heredero de la corona.

Nuevas tropas francesas continuaron ingresando en España y entonces Godoy aconsejó a la Corte que se retirara hacia el sur, para luego, en caso de empeorar la situación, poder embarcarse rumbo a América, imitando lo hecho por los Braganza de Portugal. Así se procedió, pero cuando la Corte arribó a la ciudad de Aranjuez se produjo un motín organizado por los partidarios del heredero Fernando. La derivación de mayor trascendencia de esta sublevación cívico militar, fue que Carlos IV abdicó la corona a favor de su hijo Fernando quien pasó a ser Fernando VII.

La abdicación duró un suspiro, Carlos IV se retractó de lo hecho, argumentando que había sido coaccionado, y pidió ayuda a Napoleón Bonaparte para recuperar la corona. Murat persuadió a Carlos IV y a Fernando VII para que concurran a Bayona (Ciudad francesa) a intentar solucionar el problema. En territorio francés, Napoleón directamente apresó a ambos soberanos españoles, al padre y al hijo. Fernando VII detenido en el Castillo de Valençay  y Carlos IV en  el de Compiègne. Finalmente proclama a su hermano mayor José Bonaparte Rey de España y de las Indias.

Es en ese momento donde aparece el movimiento juntista. Los sucesos de Bayona provocaron la inmediata y unánime reacción de la sociedad española en su conjunto, la peninsular y la de las Indias. Las provincias de Oviedo y Gijón iniciaron levantamientos que rápidamente se extendieron a las demás partes del reino. Pronto surgieron Juntas Provinciales en las ciudades capitales de las diferentes regiones españolas, que con gran apoyo popular, juraron fidelidad a Fernando VII, el rey cautivo.

Con el propósito de unificar los esfuerzos se constituyó en Madrid la Junta Central  en septiembre de 1808 bajo la presidencia del conde de Floridablanca. Este gobierno juntista  que fue el producto de un acuerdo federal, estaba facultado para resolver los problemas exteriores y acordar tratados de paz o guerra, siempre en nombre de Fernando VII.

Debido a la proximidad de los avances de las tropas francesas sobre Madrid, la Junta Central  se vio forzada a cambiar de residencia y se estableció en Sevilla. Nuevamente por la proximidad de las tropas francesas que intentaban apresar a los integrantes de la Junta Central, se estableció en enero de 1810 en la Isla de León en la bahía de Cádiz. Allí transfirió sus poderes a un Consejo de Regencia integrado por cinco miembros leales a Fernando VII. Comenzando esta institución a gobernar España y sus colonias en nombre del monarca mencionado.
Es necesario mencionar que los combatientes cívico militares de España prolongaron la defensa de su territorio por seis años continuos, desde 1808 hasta 1814. Entre los enfrentamientos de mayor importancia se debe señalar, por varios motivos, la victoria de Bailén en julio de 1808, donde se cubrió de gloria nuestro más destacado paisano.

Fuente Documental:  Enrique de Gandía. “La Independencia Americana. Los libros del Mirasol. Compañía General Fabril Editora S.A. Buenos Aires, 1961.


Primer Rector Presbítero Antonio Sáenz



LA UNIVERSIDAD EN LOS GOBIERNOS DE ROSAS. PRO Y CONTRA

Por: Roberto Antonio Lizarazu

PRIMERA PARTE: PRO

Sabemos que Juan Manuel de Rosas ejerce la gobernación de la Provincia de Buenos Aires -con la ciudad de Buenos Aires incluida dentro de la provincia- en dos oportunidades. Entre los primeros actos de Rosas al iniciar su segundo período de gobierno, merece destacarse el interés con que se abocó al mejoramiento de los estudios universitarios y la designación de las personalidades del mundo de la cultura más relevantes del momento, en el cargo de la rectoría de esa alta casa de estudios. Veremos más adelante quienes fueron esos destacados humanistas.

Primero se debe señalar que una de los tantos argumentos que se acostumbra repetir en nuestros institutos especializados sobre historia, se encuentra la circunstancia  que durante los gobiernos de Rosas, la Universidad había sido cerrada y clausurada. ¿Quién no escuchó esa afirmación? Pero encontrarlo escrito ya es más difícil, a no ser que se escriba sin documentación, cosa que no es tan extraña.

Rosas no fue un intelectual y es verdad que sus gobiernos fueron marcadamente autocráticos, pero su buen sentido común, su buen criterio le bastaba para advertir el divorcio existente entre los planes de estudio de ese momento aplicados en la Universidad y la ideología nacional y federal aceptada por la amplia mayoría de  la sociedad. Los planes de estudio aplicados eran anteriores a nuestra independencia como Nación. Problema de difícil solución dada la escasa disponibilidad con que se contaba en condiciones de señalar y enseñar las orientaciones en el campo filosófico y humanista. Incluso el propio Rosas repara que no tenía a su alrededor personas idóneas con quienes encarar la cuestión y al dar cuenta de la labor realizada en el curso del año 1836, en su mensaje a la Legislatura menciona: “Mas con respecto a los problemas de educación pública, el Gobierno no puede dejar de manifestar con sentimiento a los señores Representantes, que está muy distante de creer que el de la Universidad corresponda a las erogaciones que causa, y que por lo tanto este negocio ocupará su atención luego que se lo permita el despacho de otros más urgentes y de primera necesidad.”

En el mensaje a la Legislatura de 1837, volvió a tocar el tema, diciendo: “Todavía no ha sido posible emprender la reforma de la Universidad. La importancia trascendental del buen orden y distribución de los estudios, como las materias que se enseñan, merece muy seria atención de estas autoridades. El Gobierno la tomará a su cargo oportunamente con detenida circunspección. Sin privar a nuestra juventud ávida de instrucción de los medios de enriquecer su espíritu con los conocimientos útiles, procurará se le inspiren constantemente los sentimientos sólidos de virtud y civismo”.

Para 1838 las condiciones financieras de la Confederación habían cambiado radicalmente. La guerra contra el Mariscal Andrés de  Santa Cruz y el conflicto y bloqueo de Francia contra los puertos argentinos no resultan gratuitos. Los ingresos por derechos de aduana se reducen a un tercio y los egresos son mayores que los ingresos. Hubo que apelar a recursos extremos en cuanto a la contención de los gastos públicos.

En el informe a la Legislatura de ese año de 1838, Rosas dice que: “… el déficit de nuestras rentas obligó al Gobierno a suprimir la dotación de empleados de la Universidad, ordenando la cesación de las cátedras que no fuesen sostenidas por los alumnos. Ninguna de estas cátedras ha suprimido sus trabajos. Además el Gobierno tendrá presente la útil necesaria reforma de la Universidad”.

No es verdad que fuese cerrada la Universidad. Lo único que se hizo fue obligarla a sostenerse con los recursos que provenían de los alumnos de familias pudientes. Pragmatismo y sentido común aplicado al nivel universitario, que aún carecemos. Funcionó con dificultades y limitaciones  notorias, de orden financiero y de ideología política, pero funcionó. No cerró nunca.

Deberíamos interrogarnos, ¿Luego de Monte Caseros, la Universidad fue aséptica en materia de ideología política?

Estos fueron los Rectores de la Universidad de Buenos Aires durante los gobiernos del Partido Federal. (1)

“En el período de 1821 a 1852 la Universidad fue regida por cinco eminentes sacerdotes. Fueron los presbíteros Antonio Sáenz, José Valentín Gómez, Santiago Figueredo, Paulino Gari y Miguel García. Harto conocidos son los dos primeros para detenerse en ellos. Por decreto del 23 de agosto de 1830, y ante la renuncia al rectorado presentada por José Valentín Gómez, Rosas designó para el alto cargo al presbítero Santiago Figueredo, nacido en la Banda Oriental, y que recibió en la Universidad de Córdoba el título de doctor en derecho civil y canónico. El 27 de dicho mes se hizo cargo del puesto que le fue entregado por el vicerrector, doctor Antonio de Ezquerrenea, el que lo venía desempeñando desde 1823, y quien a poco fue sustituido por el presbítero Paulino Gari, que fue más tarde continuador de Figueredo en la conducción de la Universidad.”

“Figueredo trabajó sin más salario que el que recibía como canónigo. Fue hombre de activa actuación en la vida de la provincia,  diputado de su Legislatura, (Buenos Aires) y entre sus preocupaciones se señaló la mejora que imprimió en la Universidad a los estudios de latinidad. Falleció en mayo de 1831 después de una larga y penosa enfermedad. El 22 de febrero de 1832, siendo sustituido por el doctor Faustino Gari, graduado en Córdoba en 1794 y completado estudios en la Universidad de Charcas. Durante varios años fue miembro de la Sala de Representantes de la Provincia.”

“Por decreto del 15 de mayo de 1834 se dispuso que el gobierno de la Universidad estuviera a cargo de un consejo directivo, que fue integrado con el catedrático de derecho canónico doctor José León Benegas; el de derecho civil, doctor Rafael Casagemas; el de nosografía médica, el doctor Cosme Argerich, y el de ideología, doctor Diego Alcorta, presidido por el rector, doctor Paulino Gari. Durante la actuación de éste la enseñanza fue objeto de varias reformas sustanciales, que alcanzaron a todos los grados de la educación pública. Gari falleció a fines de 1849, siendo sustituido al frente de la Universidad por el presbítero Miguel García, quien como canónico se destacó por su colaboración con el Obispo Medrano, alcanzando a ser designado provisor y vicario general del Obispado de Buenos Aires”.

“Designado diputado a la Legislatura, a raíz del asesinato del doctor Manuel Vicente Maza fue elegido el 27 de enero de 1839, presidente del cuerpo, en el cual se perpetuó, tras sucesivas reelecciones, hasta 1852. Al fallecer el presbítero Gari, García fue designado rector de la Universidad. Cuando a raíz de la caída de Rosas, fue nombrado gobernador de la provincia don Vicente López y Planes, éste dejó a García en el cargo hasta junio de 1852. Cabe destacar que con motivo de la muerte del obispo Medrano, el 8 de abril de 1851, García se desempeñó como vicario capitular de la sede vacante hasta 1855, cuando se hico cargo de ella su titular, monseñor Escalada.”

Esta breve reseña precisada por el Profesor Ramallo, hecha un poco de luz sobre una de los tantos controvertidos temas que son repetidos por algunos autores; y obliga al lector hacerse la siguiente pregunta: ¿Cómo la Universidad en ese período tuvo cinco Rectores; contó con prestigiosos profesores y egresaron anualmente alumnos diplomados, es verdad que en algunas materias con  menos diplomados que en años anteriores, pero funcionó,   si la misma estuvo cerrada?

Fuente: (1) Jorge María Ramallo. Biografía de los Rectores de  la Universidad en la Época de Rosas. Texto trascripto en la página 449 del tomo VIII de Historia de la Argentina, Época de Rosas de Vicente D. Sierra.
Rector José Valentín Suárez



LA UNIVERSIDAD EN LOS GOBIERNOS DE ROSAS, PRO Y CONTRA

Por: Roberto Antonio Lizarazu

SEGUNDA PARTE: CONTRA

Así como vemos  en la primera parte que  consagrados autores sostienen la tesitura distinta,  en esta segunda parte mencionaremos los comentarios de los autores, igualmente consagrados,  que afirman lo contrario. Los de la contra. En términos generales se afirma lo siguiente: El   desenlace de la revolución de 1828 provocó la emigración de las personas del partido unitario e inició el éxodo político de manera masiva. Montevideo, Santiago de Chile; y algunas ciudades capitales de provincias, se constituyeron en los destinos de los que se alejaban de Buenos Aires y de Rosas, poniendo la mayor distancia posible en su ostracismo.

Dice Pedro De Angelis (1): “En la Universidad, la mayoría de las cátedras perdieron los profesores, que se ausentaron “con aviso”.

“Comenzó también la emigración de los intelectuales extranjeros traídos por Rivadavia. (El autor de estas palabras es uno de ellos). La Facultad de Medicina, donde se graduaron trece médicos en 1827, graduó uno en 1829, dos en 1831 y uno en 1833. Esa situación obligó a disponer que los cursos durasen seis años y se abrieran cada dos, facultando al rector para proponer la reforma general de la enseñanza.”

“En 1833 se hizo la reforma. Subsistió hasta 1852 y está contenida en el Manual o Colección de Decretos Orgánicos de la Universidad. Lo redactó una comisión formada por José Valentín Gómez, Diego E. Zabaleta y Vicente López, y se puso en vigencia a partir de 1834”. “La reforma que se hizo comprendía la organización científica y administrativa”.

No entraré en los detalles de la reforma porque haría muy extenso este comentario y se perdería el objeto de presentar las dos versiones: pro y contra de un mismo suceso histórico.

Ahora recurriremos al doctor Antonio Salvadores, autor de La Universidad de Buenos Aires, desde su fundación hasta la caída de Rosas”. Editado por Biblioteca Humanidades, t. XX, La Plata, 1937. Donde se registran los decretos recopilados por Pedro De Angelis y publicados en 1856 cuando Rosas ya se encontraba exiliado. Probablemente el estudio realizado por el doctor Salvadores sobre este tema en particular, sea el más completo y el mejor documentado.

Dice el doctor Salvadores: “Desde 1832 el  uso obligatorio de la divisa punzó por estudiantes y catedráticos, demuestran que la decadencia de la Universidad era un hecho real desde mucho antes de que se suprimiesen los sueldos, en 1838. Pero nada ilustra mejor sobre la imposición de la dictadura como la exoneración de catedráticos, que no eran federales, aunque no tuviesen ninguna intervención en política. Por tal causa fueron separados los doctores Juan Antonio Fernández y Juan José Montes de Oca, a los cuales siguieron otros después.”

“La imposición no paró ahí. El 2 de junio de 1835, el entonces rector, Doctor Paulino Gari, se dirigió al ministro manifestando estar persuadido de la necesidad de inculcar a los estudiantes el sistema de gobierno adoptado, encontrando conveniente para tal objeto que a la fórmula del juramento que prestaban para recibir grados, se agregase la de ser adicto al sistema federal, para que de esa manera los que violasen el juramento fuesen tratados como traidores. Rosas mandó dar las gracias al rector Gari y el 20 de junio expidió un decreto por el cual toda persona que debiese prestar juramento para desempeñar un empleo agregaría a la fórmula hasta entonces empleada la de ser “constantemente adicto y fiel a la causa nacional de la Federación y que no dejará de sostenerla y defenderla en todos tiempos y circunstancias, por cuantos medios estén a su alcances”.

“El 27 de enero se dio otro decreto, por el cual, para recibir título universitario, se exigió producir información sumaria de haber sido obediente y sumiso a todas las autoridades y adicto al sistema federal.”

“Desde entonces, todos los títulos que expidió la Universidad fueron acompañados de la información correspondiente.”

Supresión de sueldos en 1838.

Continuando con Salvadores: (2) “A partir de 1838 la Universidad fue privada de todo apoyo económico. El bloqueo francés obligó a tomar medidas extremas de economía. Aunque no hubo decreto de supresión de sueldos, los oficios por los cuales se comunicó esa medida fueron publicados en el Registro Oficial. Tomada esa determinación con carácter transitorio, nunca desde entonces se manifestó interés para restablecer el sostenimiento oficial de la instrucción pública.”

“Si la Universidad no cerró las puertas, fue debido a que los catedráticos que permanecieron dictaron gratis las lecciones y a que los alumnos abonaban una cuota mensual de treinta pesos que fue en aumento progresivo hasta setenta y cinco en 1852. Los alumnos notoriamente pobres podían ser admitidos gratis, pero las aulas no se vieron concurridas sino por los que disponían de medios para costearse la instrucción.”

“La nueva situación creada produjo la despoblación de las aulas, especialmente en medicina, donde en 1850 se graduó un solo médico. En jurisprudencia, donde se graduaron de once a doce entre 1831 y 1837, decreció también la inscripción, pero volvió a elevarse, y en 1850 se graduaron dieciséis. (Se debe notar que en Jurisprudencia nunca disminuyeron los egresados. En 1831, 1837 y 1850 siempre fue el mismo partido gobernante.  Subieron los egresados de once a dieciséis). En Ciencias Exactas los estudios quedaron de hecho extinguidos, y el Museo y Gabinete de Ciencias Naturales fue clausurado, pasando sus existencias en parte al Colegio Republicano Federal, y el resto a los sótanos del Fuerte, donde los aparatos de física quedaron arrumbados.”

Los detalles mencionados por el doctor Antonio Salvadores son exhaustivos y muy completos, pero es imposible detallarlos en este comentario. La intención del suscripto es mostrar sobre un mismo acontecimiento histórico las dos posiciones encontradas.


(1) Pedro de Angelis. “Recopilación de Leyes y Decretos promulgados en Buenos Aires, desde el 25 de Mayo de 1810 hasta fin de diciembre de 1835”, Buenos Aires, 1856. En relación a la obra de Pedro De Angelis, el suscripto publicó en este sitio “DON  PEDRO DE ANGELIS, un gran historiador ninguneado” en fecha domingo 25 de marzo ppdo. haciendo una reseña de su actuación en nuestro medio. Al margen de su extraordinario aporte en la recopilación de documentos fundamentales de nuestra historia, se puede observar las oscilaciones políticas que realiza De Angelis para sobrevivir. Rivadavia lo contrata en 1825, y para 1826 se encuentra dirigiendo los periódicos rivadavianos, primero “Crónica Política y Literaria de Buenos Aires” y luego “El Conciliador”.
Para 1929 es el director propietario de “El Lucero”,  donde ya muestras algunas simpatías para el Partido Federal. En 1833 Rosas lo contrata para promocionar los logros intelectuales del federalismo, culminando en 1836 con su obra magna, La Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Río de la Plata”.
Esta situación de contratado por Rosas dura de 1836 hasta 1852. Ya para 1854 Mitre que promueve la creación del “Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata que termina siendo la “Academia Nacional de la Historia , con la aceptación de Sarmiento y de otros miembros,  lo invitan a integrar el Instituto y De Angelis acepta.

Hay que reconocer que esta política de integrar a los ex opositores a la nueva realidad del momento, sean del ámbito profesional que correspondan,  en mi criterio es acertada.

En 1856 De Angelis ya escribe los comentarios que señalamos más arriba, desde una nueva óptica.  Todo un pragmático.

(2) Antonio Salvadores. La Enseñanza primaria y la Universidad en la época de Rosas”  Historia de la Nación Argentina. Academia Nacional de la Historia. Vol. VII. Rosas y su época, Editorial El Ateneo, Buenos aires, 1962.