La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



martes, 4 de marzo de 2014



MANUEL BELGRANO Y LOS ESCITAS JUJEÑOS


Por: Profesora Marta Hebe Loureiro

Introducción

Desde la prehistoria, el ser humano se diferenció de otros seres vivos, pues supo que su supervivencia dependía de la satisfacción de dos necesidades básicas: la obtención de alimentos y el abrigo, hasta tal punto que debió luchar contra otros hombres por los mismos intereses.

Si pensamos en los primeros estadios paleolíticos, en los que las actividades se centraron en la caza, la pesca y la recolección de frutos, el hombre fue adquiriendo nuevas destrezas y aprendiendo a vivir en un ambiente hostil, cambiante, trasladándose hacia regiones que tuvieran los recursos necesarios para su subsistencia.

El desarrollo de la agricultura, la cría de ganado e incluso la construcción de notables sistemas de riego artificial y el almacenamiento de alimentos le dieron, sin lugar a dudas, una gran diferencia con respecto a las demás especies y a sus antepasados. 

La revolución del Neolítico fue la que demostró que su inteligencia estaba a su servicio para tal fin, la producción agraria y la domesticación de los animales fueron las que le dieron la base de la organización social de las primeras aldeas. De esta manera, abandonó el nomadismo y comenzó la etapa de una organización más compleja que dio origen a las primeras civilizaciones.

Egipto, Mesopotamia asiática, China, India e incluso América lo demostraron, con el surgimiento de grandes sociedades que presentaban un alto grado de complejidad política, religiosa, social y económica, demandando una organización eficiente. A través de las conquistas militares, obtuvieron nuevos territorios convirtiéndose en fabulosos imperios.

Tras largos esfuerzos y a pesar de las adversidades, el hombre logró dominar el planeta.
Por eso nos podemos preguntar, qué difícil será para un pueblo que tiene todo organizado abandonar y quemar todo aquello por lo que se esforzó y, de esa manera, evitar que otro se apodere de ello.
¿Qué habrá sentido el pueblo de Jujuy y el mismo General Manuel Belgrano, al dar la orden de abandonar y arrasar por el fuego lo que obtuvieron con tanto sacrificio, para provocar en el ejército realista su derrota física y psicológica que aquel momento requería?

Para la misma época, el pueblo ruso produjo un hecho similar: la tierra arrasada frente al ejército de La Gran Armée, un ejército que avanzaba con una rapidez increíble frente a un pueblo que muy lejos estaba aún de presentar batalla.

La misma estrategia para la misma época, en diferentes ambientes, tuvo por finalidad frente a enemigos poderosos, salvaguardar la vida de la  población no preparada para un combate inmediato, pero que le permitiría la organización de un ejército de patriotas que le daría futuras victorias. El sacrificio fue el mismo para ambos pueblos.

El presente trabajo pretende reforzar la figura de Manuel Belgrano, quien nunca pensó en ser soldado, pero siempre demostró estar a la altura de las circunstancias, fuera donde fuese, a las órdenes del Triunvirato, siendo útil al país y a sus conciudadanos. Un estudioso de los verdaderos problemas que necesitaban rápida solución, desobedeciendo genialmente, bajo su propia responsabilidad, para proteger y preservar la vida de los demás.

Un hombre con grandes dotes de estadista, capaz de todo sacrificio. Un intelectual inquieto, un abogado brillante y un militar que se forjó en la fragua de los genios. Una persona que dedicó su vida al servicio de sus ideales, y con profunda vocación patriótica abrazó la milicia como un imperativo del deber de la hora.

También, este trabajo pretende afianzar el valor y la decisión del pueblo jujeño, quienes acatando la orden del General Belgrano, en momentos en que la Patria les exigió un sacrificio, lo hicieron, a pesar de las lágrimas con profundo heroísmo, en la batalla por las provincias del Norte.

Desarrollo

La estrategia de la tierra arrasada o quemada fue puesta en práctica en diferentes momentos de la Historia. Así por ejemplo Herodoto registró que los escitas la usaron en contra del rey persa Darío I o Darío el Grande; más adelante los galos, con Vercingetórix, la utilizaron contra Julio César.
También fue utilizada por los musulmanes contra los cruzados a principios del siglo XI, y durante la guerra de los Cien Años la usaron franceses e ingleses indistintamente.
Otros registros como la invasión turca a Valaquia en 1462, o los indígenas contra la invasión a  Quito por los españoles, o la guerra entre Pedro el Grande de Rusia contra los suecos en la batalla de Poltava en 1709.

Entonces, sabiendo que Manuel Belgrano fue un gran estudioso e intelectual y adelantado para su época, no se puede dudar que haya pensado en esta estrategia, la que se dio en llamar en nuestra Historia Argentina, El Éxodo Jujeño.      

En el territorio argentino a inicios del siglo XVI vivieron grupos indígenas que se encontraban en grados muy diversos de desarrollo cultural, y que generaron a través de los siglos, formas muy variadas de adaptación a las distintas condiciones naturales del territorio.

El noroeste argentino estuvo habitado por pueblos sedentarios, con importantes densidades demográficas y altos niveles de desarrollo político y cultural en el momento de la llegada de los españoles; influidos por el imperio incaico a principios del siglo XVI y con la adopción de muchas pautas culturales y sociales impuestas desde el Cuzco.

Esas regiones que conocemos genéricamente como andinas, áridas y pobres, tuvieron habitantes que supieron adaptarse y aprovechar sus potencialidades, y sobre todo la enorme diversidad de microclimas y recursos en espacios relativamente cercanos.      

Una limitada agricultura, preferentemente en la ladera de las montañas, donde gracias a la formación de terrazas artificiales para el mejor aprovechamiento del agua escasa, se pudo cultivar ciertos vegetales como papa, quinoa, ulluco, los que soportaban el clima y la altura. Junto a ella, el pastoreo de animales domesticados como las llamas y vicuñas fueron los elementos fundamentales de las culturas andinas. El clima y la disponibilidad de sal favorecieron a los procesos de disecado y conservación de los alimentos que se aprovecharon en los tiempos de escasez, largos viajes o las transacciones.

Próximo a los valles calchaquíes, donde se encontraban los principales asentamientos humanos del territorio argentino, se practicó el cultivo del maíz, zapallo y otros vegetales en terrazas, en las laderas y valles y  con alta productividad.

Es comprensible que el hombre, a lo largo de los siglos fuese logrando modificar su ambiente para poder vivir enfrentando las adversidades que le impuso la naturaleza, por ello podemos imaginar lo que significó para el pueblo jujeño ese acto de heroísmo colectivo, un gran sacrificio dejarlo todo.

Sin ninguna duda, del mismo modo habrá sido para Belgrano muy difícil, dictar el bando que ordenaba, bajo pena de muerte a quien desobedeciera, dejar sólo tierra arrasada.

En momentos de la Revolución Francesa, Manuel Belgrano se encontraba en España, en dónde se nutrió de las ideas de libertad, igualdad y propiedad, que lo mostrarían como precursor de la emancipación, siguiendo con un razonamiento impecable, advirtió que el enemigo era el régimen español, quien mantenía una deformante estructura económica y traba para el progreso de los pueblos.

Belgrano, con el fino sentido práctico que lo caracterizó siempre, advirtió cuán necesario era defender a los agricultores o labradores de la época, en un medio que veía la riqueza sólo en la ganadería. Para ello debíase tomar en cuenta el régimen de la tierra, la política de comercialización de granos, la diversificación de los cultivos, alentar a otros nuevos.

Desde su cargo como Secretario del Consulado, escribió en su primera Memoria la necesidad de fomentar la agricultura, animar a la industria y proteger el comercio, favorecer a los abonos, semillas, escuelas de náutica y dibujo, de matemáticas y comercio, de establecimientos para la enseñanza de las técnicas del hilado y la creación de escuelas para los hijos de los campesinos y en particular para las niñas.           

La introducción de nuevos cultivos, forestación, medios para tener aguadas permanentes,  exterminio de perros cimarrones, protección de los cueros de las polillas. Tales son, harto esquematizadas, las ideas que inspiraron la obra fecunda de Belgrano desde el Consulado.

Producida la Invasión Inglesa de 1806, es sabido que Belgrano se negó a jurar fidelidad al rey británico; y empujado por su honor, se movilizó para ocupar un puesto de defensa, apreciando la falta de preparación militar de la ciudad y de su propia carencia.

Ejecutada la Reconquista, fue designado como Sargento Mayor, por los votos de sus mismos subordinados. Para lograr un desempeño eficiente en su nuevo cargo, recibe instrucción militar, porque “...no era lo mismo vestir el uniforme de tal que serlo”.

Producida la invasión de 1807 se lo nombró ayudante del Cuartel Maestre, Coronel César Balbiani. Debido a los sucesos de mayo, Belgrano concretó su aspiración para la formación de un instituto cuyo objetivo fuera la capacitación de los oficiales del nuevo ejército.

Su paso como jefe militar y político en el Ejército Expedicionario al Paraguay luego, de regreso a la Mesopotamia, para continuar la campaña a la Banda Orienta, al igual que al frente del Regimiento de Patricios, demostró ante las tropas, con su sola presencia, sus dotes de competente autoridad militar.
Belgrano expresó que “...llevar las armas de la Patria, obtener el título de soldado de ella, será una distinción de las más apreciables que caracterizará a los hombres de bien”

Por otra parte, la firme nobleza de su perfil, se vio enaltecida por varios hechos de desigual importancia, pero no por ello menos profundamente significativos: fue el creador de nuestra Bandera Nacional, y hay un libro a él dedicado, que constituye uno de los más brillantes trabajos de la historiografía continental, nos referimos a la Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina.

El 27 de febrero de 1812 es puesta al servicio de la batería Independencia, y flameó por primera vez nuestra bandera azul- celeste y blanca en el emplazamiento de la batería Libertad.
Inmediatamente, y cumpliendo superiores órdenes recibidas, debió ponerse en marcha para hacerse cargo de los restos del Ejército del Norte, cuyo mando asumió el 3 de abril de 1812.

La revolución y las guerras externas e internas que la acompañaron trajeron cambios drásticos en las regiones agrarias del ex virreinato del Río de la Plata que los originados por las reformas y alteraciones de fines del periodo colonial. La ruptura del enorme espacio interior de intercambios que orientó las economías agrarias de las diversas regiones y la destrucción de bienes y medios de producción que generaron las guerras.

Conviene destacar cuáles fueran las condiciones generales en que se desarrolló esta guerra. Tanto realistas como patriotas estuvieron limitados a los recursos que les proveyó el continente sudamericano, Los patriotas sólo contaron con el recurso de la importación de armas en cantidades limitadas y la compra de buques para compensar su inferioridad naval. Los realistas se vieron limitados por la guerra en España, por la lejanía de su base de poder y su superioridad naval fue liquidada en 1804 en Trafalgar, careciendo además del potencial necesario para asistir oportunamente a las fuerzas de América y liberarse de las interferencias diplomáticas inglesas. Debido a ello los auxilios metropolitanos fueron generalmente escasos y tardíos.

La situación de los beligerantes se complicaba con la diversidad de los teatros de operaciones, que no sólo obligaba a la división de los escasos recursos, sino que presentaban características geográficas y climáticas distintas, que impusieron variadas exigencias a los hombres y al material de guerra; estas incidían en la salud y la capacidad de marcha del soldado, en el abastecimiento del ejército (dificultades de transportes, provisiones de caballadas, abundancia o escasez de pastos, etc.)

Los ríos constituyeron un obstáculo serio al movimiento de tropas, tanto por la inexistencia de puentes como por la falta de ingenieros o pontoneros. Debían cruzarse a nado o en balsas construidas en el lugar. Pero también la escasez de agua fue un problema aún mayor tanto en las zonas áridas como en los períodos de sequía en las zonas húmedas. En esos casos, la existencia de aguadas determinaba la dirección y duración de las marchas e hizo posible la subsistencia de las caballadas. Estos factores climáticos-geográficos limitaban generalmente las operaciones en el lapso comprendido entre octubre y abril.

Otro factor que perturbaba las operaciones fue la falta de cartas militares adecuadas, por lo que los comandantes debieron valerse con gran frecuencia de baqueanos que orientaban la marcha de las tropas, lo que muchas veces creó serios problemas, pues las rutas no se adaptaban a las necesidades militares.

Manuel Belgrano, ya como Jefe del Ejército del Norte, que en lo específico militar ningún detalle se le escapaba a su control, cuidado y atención, a los efectos de conocer los territorios donde operaría, organizó con ciertos pobladores, un cuerpo de guías con la misión de levantar una detallada carta topográfica de la región. Formó una Compañía de Cazadores de Infantería, organizó el parque de artillería, armó a la caballería con lanzas, organizó la logística y el sistema contable del Ejército.

Las distancias en el teatro de operaciones entre el Alto Perú y Buenos Aires eran enormes: de Buenos Aires a Humahuaca dos mil kilómetros, de Humahuaca a Huaqui aproximadamente mil quinientos kilómetros, de Huaqui a Lima algo menos, pero a través de varias cordilleras. La zona apta para operaciones militares en el Alto Perú estaba limitada por el río Desaguadero y la cordillera oriental por el oeste, y las cordilleras de La Paz y Cochabamba y la sierra de Aguarape y sus prolongaciones por el este. La altura del terreno oscilaba entre dos mil y cuatro mil metros, siendo las cordilleras frías y los valles templados. El apunamiento era frecuente en el soldado que provenía de las planicies.

Esta región se comunicaba con las provincias argentinas por tres rutas: el camino del despoblado que por la quebrada del Toro llegaba a Salta (ruta oeste), un camino que por Tarija iba a Orán y de allí a Jujuy (ruta este) y otro que partiendo de Anta seguía por Humahuaca hasta Jujuy (ruta central). Esta última era la única practicable normalmente para los ejércitos, aunque muy apta para operaciones defensivas. Más al sur, en Salta y Tucumán, el terreno lo formaban serranías y bosques menos apropiados para la defensa pero útiles para operaciones de guerrilla de las tropas, lo que muchas veces creó serios problemas, pues las rutas no se adaptaban a las necesidades militares.

En poco tiempo, de aquellos andrajos conformó un nuevo ejército, armó la caballería con lanza, dando a estas unidades una neta superioridad sobre los realistas que fue, en definitiva una de las claves de la victoria de Tucumán. Dentro de este vastísimo plan de mejoras orgánicas, económicas y profesionales, redactó un proyecto de reclutamiento, con el asesoramiento del Barón de Holmberg, que sería el primer ensayo de servicio militar obligatorio en nuestro país, para todos lo jóvenes comprendidos entre los dieciocho y los veinticinco años de edad, sin excepción. Las penas para los desertores o para los que tratasen de eludir el servicio eran severísimas. Lamentablemente, por motivos circunstanciales, su iniciativa no fue adoptada por el gobierno.

Pero este plan de mejoras presentaba debilidades, pues no había municiones, pertrechos, ni sables. La infantería no tenía bayonetas, así pues fueron provistos de cuchillos de monte hechos en las fraguas de Tucumán y atados en la punta de los fusiles. Las lanzas de la caballería estaban formadas por una tacuara y un cuchillo en la punta atado con cuero crudo.

Las deserciones se multiplicaban, sumadas a las bajas causadas por los estragos del paludismo y la malaria que redujeron por esos días al Ejército Auxiliador a menos de mil hombres, con la mitad enfermos o imposibilitados de combatir. Instalado para el  invierno en Jujuy en su Cuartel General en el mes de junio, un contingente de quinientos hombres, la mitad del Ejército, a las órdenes de Díaz Vélez, marchó a Humahuaca para establecer allí una posición defensiva, la primera línea a partir de la cual aquellos hombres debían “verificar la retirada, ofendiendo al enemigo y manteniendo el honor de las armas de la Patria

Un vez  que cayó en poder de los realistas Cochabamba, el ejército godo reforzó la vanguardia asentada en Suipacha y preparó el avance sobre Jujuy y Salta. El Virrey del Perú Abascal creyó llegado el momento de liquidar el poder revolucionario de Buenos Aires. El plan fue llevado a cabo por el general José Manuel Goyeneche.

En junio de 1812 Goyeneche le impartió a su primo, el coronel Pío Tristán y Moscoso una orden clara y sencilla: liquidar en el menor tiempo posible al General del Ejército Auxiliador del Perú, Don Manuel del Corazón de Jesús Belgrano y González y a su Ejército. Tristán conocía a Belgrano de Europa y hubo quienes decían que eran amigos.

Belgrano se dedicó a intercambiar correspondencia con los jefes realistas Goyeneche y Tristán, dando a entender que existía algún tipo de trato entre los nombrados y los patriotas. Así fue uno de los primeros que utilizaron la acción psicológica en el suelo americano.

Pío Tristán acató la orden y con tres mil hombres, sin agua, sin víveres y también sin dinero, pero con un ejercito triunfador, marchó rápidamente desde Tupiza por las soledades de Tres Cruces, Purmamarca y Volcán, en una penosa travesía con rendimientos sorprendentes para la época; y a mediados de agosto se halló muy próximo a Humahuaca pronto a cumplir las órdenes impartidas.

Reclamó infructuosamente auxilios al gobierno central. Entonces, Belgrano comprendió la necesidad de retroceder y tomar la medida extrema de abandonar Jujuy al enemigo; fue el único medio de evitar un desastre fatal para las fuerzas de la Patria.

El General dictó un Bando el 14 de julio de 1812, convocando a alistarse al Ejército a “...todos los ciudadanos amantes de la Patria comprendidos entre los dieciséis y los treinta y cinco años de edad, porque era preciso defenderla, ya que”...no hay derecho sin obligación”, no siendo causa de excepción la buena posición económica o social.

Encontró apoyo sobre todo entre los jujeños, y con los reclutados organizó una nueva unidad de caballería llamada los “Decididos” que puso a las órdenes de Eustaquio Díaz Vélez. Aceleró la fundición de cañones, preparó vituallas, reunió la caballería y el ganado. El 29 de julio publicó un bando en el que obligó a la población a abandonar sus hogares dejando tierras arrasadas al enemigo. Instó a las familias a unirse heroicamente al ejército, llevando sus armas, todo el hierro, el plomo y sus ganados a Tucumán. 

Así fue que inició el 23 de agosto de 1812, sin la aprobación del Triunvirato quien le dio la orden de retroceder hasta Córdoba en donde se le unirían fuerzas procedentes del Río de la Plata, la retirada que él mismo dirigió con la protección de la retaguardia patriota; al decir de un historiador jujeño: “Por fin se encolumna la caravana. Allí van las familias de abolengo, las de noble estirpe, los doctores, los letrados, ahí van los labradores, los artesanos, las mujeres, los viejos y los niños; todos ellos formando un monumento viviente de ese heroísmo sin estridencias”

De esta forma, con su desobediencia genial, ganó doscientos kilómetros desde Yatasto a Humahuaca, preservando la vida de muchos patriotas y con la certeza de que retirándose hasta Córdoba hubiera favorecido a los realistas a avanzar sobre Buenos Aires.

No pocos sacrificios costaron a los jujeños la retirada que la crónica conoce como Éxodo Jujeño. Cumpliendo la directiva del gobierno: “Vuestra Señoría sabe bien- le dice Rivadavia- que en los lugares que deje a su espalda y que ha de transitar el enemigo, deben quitarse todos cuantos recursos podían favorecer sus marchas. La Patria es preferible a las lágrimas de los que se queden infelices por medidas de tal naturaleza”.

No se equivocó el Triunvirato cuando habló de las lágrimas de los que quedaron infelices. El bando de Belgrano ordenando la retirada que produjo el vacío literal del área en disputa, dejó a Tristán huérfano de todo, cuando una jornada después que el Ejército Argentino dejó aquella plaza y empujó con un soplo a las avanzadas patriotas de Humahuaca, llegó a Jujuy.

Aquella demostración de sus aptitudes militares, luego de atravesar casi mil kilómetros, se vio coronada de gloria con los triunfos de Las Piedras y Tucumán. Paralelamente, con esta victoria cayó el Primer Triunvirato, siendo reemplazado por el Segundo, el que apoyó más decididamente al Ejército del Norte. Fueron momentos harto difíciles, pues para la misma época se produjo la invasión portuguesa a la Banda Oriental.

La victoria en la batalla de Tucumán obligó a los realistas a retroceder hacia el norte, de modo que los patriotas recuperaron el control de la región, el cual se hizo completo con el segundo triunfo en la batalla de Salta.

Hoy en día el Éxodo Jujeño es recordado por los habitantes de la provincia norteña cada 23 de agosto, pues se lo considera un acto de heroísmo colectivo. En el año 2002, luego de ciento noventa años, una ley del Congreso Nacional (Ley 25.664) instituyó este día como fecha conmemorativa y se la consideró a la provincia de Jujuy como “Capital Honorífica de la Nación Argentina”.

Manuel Belgrano, luego de los triunfos de Las Piedras, Tucumán y Salta donó la Bandera al Cabildo de Jujuy el 25 de mayo de 1813, como homenaje al pueblo del norte que acató la orden de dejarlo todo, a pesar de las lágrimas.

Conclusión

La estrategia de tierra arrasada o quemada, presentó para Belgrano una acción destructiva que no necesitó tecnología avanzada ni especialización para aplicarla, su objetivo fue desmoralizar al enemigo y demorar su avance, quebrándolo psicológicamente y dejándolo sin recursos para su abastecimiento. Obviamente provocando sufrimiento en las poblaciones afectadas.

Seguramente su objetivo no fue desde en un principio producir aquel sacrificio y el consecuente Éxodo Jujeño, pero un enfrentamiento que expusiera a aquellos hombres a una derrota aplastante y a la propia muerte, Belgrano jamás se lo hubiese perdonado a sí mismo. 

“La batalla por el país Calchaquí”, al decir de Maffey, desarrollada por las miserables reliquias del Ejército derrotado en Huaqui, en el río Desaguadero, a orillas del Titicaca, fue un ejemplo de ejecución de maniobra de defensa móvil,- según la actual doctrina militar- que operó en forma retardante cambiando espacio por tiempo, a lo largo de un extensísimo territorio y donde se aplicaron los principios más puros de reacciones ofensivas y contra ataques, como lo permitieron las circunstancias y que le dieron al fin la victoria.

En una sucesión de marchas y contramarchas, de idas y venidas, de triunfos y derrotas, todo aquel territorio fue testigo, esos años de infinidad de luchas y combates, que reunidos dieron lugar a la gran batalla por el Norte y que, como un gigantesco péndulo, alejaba o acercaba el límite de la revolución; péndulo que oscilaba de Córdoba a Potosí cubriendo en cada vaivén, un territorio tan extenso como Europa, de Calais al Rhin.

En el campo táctico, las operaciones que ejecutó Belgrano cubrieron toda la gama indicadas en los reglamentos de operaciones tácticas: retirada, defensa, repliegue, contraataque, acción retardante, etc.

Todas esas opciones abiertas a su capacidad como conductor y el pequeño ejército que trabajosamente fue preparando le dieron a Belgrano la instancia decisiva para la lucha por las provincias del Norte.

Para la misma época, el General Kutúzov, luego de sufrir la derrota contra la Gran Armée en la batalla de Borodino, también retrocedió dejando a Moscú arrasada por el fuego, intentando proteger la vida de la población civil frente a un ejército veloz y victorioso.

Mientras contempló a Moscú convertida en cenizas, Napoleón Bonaparte vio que los rusos, entre lágrimas, prefirieron “quemar sus santos que abandonarlos a sus enemigos”, comprendiendo
así la fuerza moral del pueblo ruso. Al decir del Emperador, “¡Qué extraordinaria resolución! ¡Qué hombres, son verdaderos escitas!”

Parafraseando a Napoleón I podemos afirmar que los jujeños fueron verdaderos escitas, poseedores de una moral bien alta y un espíritu de sacrificio a toda prueba.

En cuanto a Belgrano, años más tarde, cuando el Congreso de Tucumán debió resolver qué jefe militar designar para comandar el Ejército del Norte en reemplazo de Rondeau como consecuencia de la derrota de Sipe Sipe y desprestigiado por sus diferencias con Güemes, al ser consultado San Martín, éste expresó: “yo me decido por Belgrano; éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted, que es lo mejor que tenemos en América del Sur”. Este testimonio es por demás categórico.

La personalidad de Manuel Belgrano se engrandece a medida que avanzamos en la investigación de sus dotes naturales y se transforma en un ejemplo: su sacrificio, su humildad sin vanidades, su compromiso con los pueblos, su grandeza de alma para contraer grandes responsabilidades y desempeñar los roles, sin dudar,  para los que fuese elegido.

Perseverante, enérgico, buscó estar siempre a la altura de las circunstancias, sin lamentaciones ni resentimientos, pero con el sublime objetivo puesto en servir a la Patria y a sus compatriotas.

A las órdenes del Triunvirato o a las del zar, su desempeño como General hubiera sido destacado.





Bibliografía General

Barski, Osvaldo- Gelman, Jorge, Historia del Agro Argentino,  desde la conquista hasta comienzos del siglo XXI. Buenos Aires. Sudamericana, 2009.

Belgrano, Mario, Historia de Belgrano. Buenos Aires. Espasa- Calpe, 1944.

Floria, Carlos A., García Belsunce, César A. Historia de los Argentinos.  Buenos Aires. Larousse, 1992. Tomo I.

Epistolario Belgraniano. Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia, 1970.

General Belgrano, Apuntes biográficos.  Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano, 1995.

Gral. Maffey, Alberto, Crónicas de las Grandes batallas del Ejército Argentino. Buenos Aires. Círculo Militar, 2000.

Ludwig, Emil, Napoleón. Barcelona. Editorial Juventud, 2006.

Tcnl (R) Morales, Horacio, Vida Militar de Manuel Belgrano, en Revista El Gran Americano. Buenos Aires, Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, 2011, Nº 12.
        
Weimberg, Gregorio, Manuel Belgrano (1770-1820), en Hombres de la Argentina, de mayo a la crisis del 30. Buenos Aires. Eudeba, 1983.
                                            





















domingo, 2 de marzo de 2014

Firma de Santiago de Liniers


ALGUNAS OPINIONES CRÍTICAS SOBRE LINIERS


Por: Roberto Antonio Lizarazu


Así como existe en nuestros autores historiográficos de diferentes orientaciones -un criterio casi unánime-,  respecto a los incuestionables méritos de Liniers, en las acciones bélicas de 1806 y 1807, muchos de ellos son severamente críticos cuando se trata de su proceder en el  manejo en función de gobierno, en las distintas tareas que se le encomendara ejercer. Lo que en la actualidad  llamamos gestión de gobierno.

El suscripto es un consecuente admirador de su coherente personalidad. No digo que sea bueno ni malo tener esa personalidad, digo que admiro a las personas que la tienen.  Dicen lo que luego hacen; y viven y mueren en un circulo virtuoso acorde a si mismos (1). Esta admiración se trasluce en los diversos comentarios publicados sobre Liniers en este blog. Pero los críticos son muchos, muy bien documentados y están fuera de toda sospecha de carecer de objetividad en la aplicación de las normas de la  hermenéutica para sostener sus opiniones. (2)

Llama la atención que a pesar de la poca duración del gobierno de Liniers, puntualmente en el cargo de Virrey, su actuación pueda haber causado tremenda oposición. Liniers perdura en su cargo desde el 10 de febrero de 1807 hasta el 30 de junio de 1809, apenas diecisiete meses. Seis de ellos en carácter de Virrey Interino, hasta la confirmación de Carlos IV y el resto como Virrey del Río de la Plata. Son notables los esfuerzos realizados por el Cabildo (órgano que lo nombró) requiriendo su destitución y de los partidarios de Liniers, en franca minoría, para sostenerlo en su gobierno. Tan marcada es esta minoría, que no se conoce, o por lo menos no conoce el suscripto, ningún requerimiento al monarca, vía la Junta Central de Madrid, que defienda las distintas medidas  políticas adoptadas por el Virrey. Quedan si las notas del Liniers remitidas al Cabildo de Buenos Aires, pero no tuvieron la fuerza necesaria para que las mismas lleguen a Madrid. Primero la Junta Central de Madrid y luego Carlos IV solamente se informaron de una sola versión de los sucesos.

Opinión del doctor Vicente Dionisio Sierra

El doctor Vicente Dionisio Sierra en su Historia de la Argentina, Tomo IV, Fin del Régimen Virreinal e Instalación de la Junta de Mayo de 1810, (1800-1810) nos ilustra de manera muy crítica definiéndolo como un protopopulista: La actuación virreinal de Santiago Liniers se resume en cuatro vocablos: anarquía, corrupción, despotismo y popularidad. Fue hombre honesto y de orden: pero de temperamento débil. Fue despótico para ocultar su debilidad; fomentó los elementos anarquizantes para mantener lo que entendía por orden, y facilitó la corrupción para afirmar su fuerza. (3)

Pero la suma de esos elementos, que le ganaron el repudio de los sectores más prestigiosos y poderosos, hizo que se sumara el apoyo del bajo pueblo y, por razones políticas, el de los mejores sectores criollos. En tal sentido Liniers aparece como una extraña mezcla de absolutismo y demagogo.

Nada odiaba más que lo popular, y en lo popular tuvo que apoyarse, sin ánimo de concederle la mayor jerarquía. No comprendió el significado de la caída de Godoy, ni el sentido que para el pueblo del imperio tuvo la elevación al trono de Fernando VII, ni la afirmación nacionalista y populista de las Juntas de España de 1808. Y menos comprendió todo eso en sus relaciones con Hispanoamérica. Señalar estos rasgos no es hacerle un cargo. Lo mismo les ocurrió a todos los funcionarios instalados en el continente y, lo que fue más grave, a los propios miembros de las Juntas de España. Como ellos, Liniers vio en América un dominio de la Metrópoli, de manera que el cambio de dinastía preparado por Napoleón fue considerado una cuestión a resolver en Europa, en la que nada tenía que hacer la opinión americana, fuera de aceptar lo que allá se acordara.

Opinión de Manuel Moreno. Manuel Moreno -que fuera por lejos el más lúcido y criterioso de los hermanos y un verdadero y auténtico luchador e ideólogo de la independencia americana de toda sujeción extraña-  explica en Vida y Memorias de Mariano Moreno, (4) sus agudas observaciones sobre Liniers: Después de las invasiones inglesas, sus naturales adquirieron más bien el conocimiento de sus fuerzas que el deseo de emplearlas en mejorar su situación; y fieros  de haberse libertado de una operación extraña, se hallaban en cierta forma avenidos con la antigua, que les parecía menos violenta cuanto debía su permanencia a actos espontáneos de su coraje… Por otra parte, la fidelidad de aquel pueblo, llevado en repetidos actos hasta cierto fanatismo, sus costumbres, sus relaciones, hacían quiméricos cualquier aspecto de mutación formal, y aun la reforma de abusos que no había nadie que no admitiese la inconveniencia de cambiar de  dependencia de otra monarquía.

Esa orgullosa  fidelidad a España afirmada por las armas,   fue capitalizada por Liniers para sus propios intereses y planes y se manifiesta con mayor vigor en la tropa, cuya devoción por Liniers era también consecuencia de considerarlo encarnación de sus propias glorias.  

Liniers aprovechó esa circunstancia, y no se detuvo en fomentar con posturas demagógicas una rivalidad peligrosa entre los cuerpos asalariados integrados por nativos, y los de los voluntarios europeos que por supuesto no recibían sueldo.

Expulsado el invasor, los voluntarios debieron regresar a sus actividades específicas, pero los regimientos de nativos en la seguridad de que los ingleses intentarían una tercera invasión, la mayoría rehusó someterse a la disciplina y al cumplimiento de las ordenanzas vigentes. Se acordó en consecuencia, transformar los regimientos de nativos, en fuerza acuartelada, y por lo mismo, con salario.

Los cuerpos de Vizcaínos, Gallegos, Catalanes, etc. no se avinieron a tal medida, pues sus integrantes tenían que atender sus ocupaciones civiles, pero quedaron organizados con el compromiso de efectuar ejercicios semanales para mantener su estado militar. Se comprende que la diferencia entre los que servían sin interés por la paga y los que lo hacían por soldada, se trocara en rivalidad en cuanto alguien la provocara. Y Liniers la provocó.

Enfrentamiento con el  Cabildo de Buenos Aires. Algunas opiniónes de los capitulares.

El crónico enfrentamiento entre el Cabildo de Buenos Aires y Liniers -su duración y su virulencia-,  es uno de los ejemplos más notorios de la mala praxis en la práctica del ejercicio de gobierno. En los planes de estudio de varias materias de la Licenciatura de Ciencias Políticas, de otras tantas Universidades,  se puede encontrar este disparatado enfrentamiento como ejemplo de lo que no se debe hacer, a no ser que los gobernantes estén empeñados, en que ambas partes fracasen.  En nuestro caso puntual, lo lograron totalmente y cronológicamente fue una de las primeras antinomias en la que nos subyuga participar.

Inmediatamente luego de Liniers versus Cabildo, en menos de un lustro ya contábamos con Saavedra versus Moreno que duró poco más de una década. A partir de allí los versus de Fulano contra Mengano  ocupó y preocupó toda la joven historia de nuestra patria.

En nota del 13 de setiembre de 1808, dirigida a la Junta Central de Madrid, los capitulares pintaban la situación política de Liniers de manera terminal: En la administración de Justicia se procede sin sujeción a las leyes; la policía no conoce reglas; la Real Hacienda se maneja sin economía y con criminal indolencia; la milicia no se rige por su ordenanza y de nada dista más que de observarla y cumplirla.
Todo es un trastorno en esta parte de la dominación  española y un desorden que lleva tras si la ruina de la América del Sur. (4)

La razón de tanto desaguisado, mal que me pese a mí que soy su admirador, era notoria y real. La nota de los capitulares agregaba otros conceptos: Sea la distancia que nos separa,  sea el asilo y proyección que ha dispensado ese mal hombre, árbitro de la monarquía (6); la América en muchos  años ha tenido que sufrir jefes corrompidos y déspotas, ministros ignorantes y prostituidos, militares inexpertos y cobardes. La conveniencia propia ha sido el norte y guía de sus operaciones. El bien del Estado y felicidad de la nación se han mirado como quimeras, y solo se ha hecho uso de estas voces sagradas para encubrir la maldad, fomentar la estafa y sacrificar los pueblos.

La falta de tino con que Liniers había procedido en sus relaciones institucionales con el gobernador de Montevideo Elío, respecto al fraude que representaron los Vales Patrióticos (5),  la inquietud que despertaban las aspiraciones de Portugal, que a fines de 1808 nuevamente intentó negociar la posesión de la Colonia de Sacramento; la quiebra de las finanzas virreinales; el crónico contrabando inglés; el también crónico contrabando entre Buenos Aires y La Colonia del Sacramento realizado por la nueva burguesía porteña; las sospechosas relaciones del Virrey con los franceses, no del todo claras y la colocación en la administración virreinal de ciudadanos franceses y/o partidarios bonapartistas, en momentos en que la nación española se encontraba en plena guerra contra la ocupación territorial  francesa,  y la restitución de la Casa monárquica,  realmente justificaban las expresiones extremas del Cabildo que en otra nota a la Junta Central,  clamaban a la Corona por la toma de medidas:

En nota del 2 de diciembre de 1808, se despachan con categóricas denuncias: Peligra la tierra en manos de este jefe, peligra también, sino se trata de una breve reforma en cuanto al gobierno de estas Américas, limitando las más altas funciones de los virreyes, a cuya sombra se constituyen en déspotas y árbitros de empleados y de Ministros de los ramos todos de Justicia, Hacienda, Policía y Guerra. La depravación ha tocado ya sus últimos términos.
No se administra justicia sino con el infeliz y miserable; la Real Hacienda se prodiga en multitud  de empleos inútiles y aún perjudiciales, cuando no se invierte en otros usos de criminalidad notoria. Si en algo se advierte eficacia es en consumir los caudales del Erario con plazas supuestas e inútiles, con multitud de oficiales de ninguna confianza, con otros que pudieran ser útiles en sus respectivos destinos, como en el día sucede con la numerosa marina que reside en estas partes sin ejercicio alguno.

En otra nota fechada en marzo de 1809, los cabildantes continuaban in  crescendo  con sus reclamos y denuncias, esta vez puntualmente,  en la degradación del ejército: Ha prodigado los grados militares en términos que a los pocos que há vimos (sic) de presidiarios trabajar en grillete en las obras públicas, a los que tienen aún pendientes causas por ladrones, o guardas, cabos de brigada, y otros de la hez del pueblo, los vemos hoy con las divisas de tenientes coroneles; a reos de estado , a los traidores, (se refieren a los nativos colaboradores de los británicos  en ambas invasiones, que fueron muchos y poderosos) a los convencidos de cómplices y factores en la fuga del general Beresford y del teniente coronel Dionisio Pack los vemos absueltos, , libres y aun premiados. ¿Que quiere decir esto, sino que pretende formar partido con esta gente soez, vil y baja, para sus fines, adecuada y propia a todo lo que sea bajeza? Contamos con dos mil fusiles menos aun para las tropas voluntarias alistadas, y ha sido preciso imponer exorbitantes contribuciones para pagarlas; sin embargo un oficial de los Granaderos de Liniers ha salido a reclutar gente para este cuerpo en la jurisdicción de Corrientes (7) y se ha dirigido otro al mismo fin a la provincia del Tucumán.

Por oficio del 15 de diciembre de 1809, siguen las quejas sobre los cuerpos asalariados creados por Liniers: Un cuerpo creado después de nuestra Defensa  (la defensa comandada por Martín de Alzaga en 1807) que hasta ahora no ha hecho fatiga, por falta de gente de tropa, y tiene primero y segundo Comandante, sargento mayor, ayudantes, abanderado, capellán, cirujano, y una multitud de capitanes, tenientes, y alfereces. Hay otros que no cuentan con cien hombres y se hallan con igual o mayor oficialidad, Los escuadrones de caballería, que nada operaron en la defensa de esta ciudad y que ni aun merecen tal nombre por su poca gente, se hallan en idéntico caso. En las baterías se puede afirmar, sin exageración, que es mayor el número de oficiales que el de las tropas destinadas a servirlas. Todos ellos disfrutan de sueldos crecidos, con la circunstancia de que de las cuatro partes, tres lo menos no concurrieron a nuestra defensa porque , o se ausentaron o permanecieron ocultos ante el invasor.

Este es un pequeño muestreo de los textos remitidos a Madrid. Se registran muchos más y sería aburrir al lector con su detalle. Terminaremos este breve trabajo cerrando con otra opinión del doctor Vicente Sierra que se puede encontrar en la bibliografía mencionada y que se refiere a varios aspectos del gobierno de Liniers: Sobre un total de que no llegaba a cinco mil hombres de tropa, la plana de jefes , oficiales, y clases pasaba de mil doscientos, para cuyo sostenimiento Liniers llegó a emplear hasta el monto de los donativos hechos por el vecindario con destino al socorro de los huérfanos de la Metrópoli. La corrupción administrativa se traducía en un acrecentamiento del contrabando, que hundía al comercio honesto a la par que abarataba la vida del pueblo; mientras la división fomentada entre europeos y americanos por medio de los cuerpos armados voluntarios y asalariados,  fortalecía un importante factor de desorden.
Se comprende pues que no haya exageración en señalar que la anarquía, la corrupción y el despotismo fueran las características del gobierno de Liniers, y que sobre ellas apoyara una notoria popularidad , que dio forma a un fortalecimiento de la masa de criollos en un sentido político que no estaba en sus planes, y terminó por ser más fuerte que su prestigio, abriendo una nueva era en la historia del país.

La era de Fulano versus Mengano que aún perdura.







Observaciones

(1)           No son muchas las personalidades históricas que logran ese mágico equilibrio entre el decir, el hacer, el vivir y el morir. No deseo intentar mencionarlas a todas  porque me olvidaré de algunas, pero como ejemplos diré: Manuel Dorrego, Martiniano Chilavert y Ciriaco Cuitiño.

(2) Respecto a la hermenéutica, palabra que proviene del dios griego Hérmes, y que con los siglos se convirtió en el terror de los cronistas de historia, las opiniones no son unánimes respecto a su utilidad en el análisis de los hechos históricos. Por ejemplo, Mario Augusto Bunge sostenía lo contrario; y que si una persona con dificultades para interpretar algún hecho recurría a ella, acorde a sus leyes, cuando finalizaba entendía menos que al comenzar. Como dice el refrán no aclare que oscurece. Personalmente no me atrevería a contradecir a una eminencia  que mereció más de veinte honoris causa de distintas universidades de todo el mundo. Así como Carlos Warnes es el responsable de Agarren los libros que no muerden, Mario Augusto Bunge es el autor de: Estudien historia, el pasado no muerde.  Eso sí, recomendaba que al estudiarla, no hacerle mucho caso al dios Hermes y menos a la hermenéutica.

(3) Se puede leer en este blog, los comentarios Los Vales Patrióticos de Liniers, de fecha 2 de mayo 2012, Cuando Liniers fue Gobernador de las Misiones, de fecha 29 de marzo 2012, Las Pastillas de Liniers, de fecha 26 de marzo 2012 y Finalmente ¿Liniers era bonapartista o no?  publicado en fecha  27 de junio del 2012.

(4) Manuel Moreno. Vida y Memorias de Mariano Moreno. Editado por La Cultura Argentina, Introducción de Juan María Gutierrez, Buenos aires, 1918.

Manuel Moreno, es un destacado político y médico de nuestro medio, hermano menor de Mariano y uno de los fundadores del Partido Federal. Fue uno de los diplomáticos de mayor probidad y confianza  durante los gobiernos de Rosas. El único Moreno que mencionan desde 1810 hasta 1852  los cronistas e historiadores del momento, era Manuel Moreno. A Mariano Moreno  lo descubren luego del derrocamiento de Rosas, por medio de la Academia de Historia.
Después de Monte Caseros, Manuel Moreno regresa al país y no participa  en política. Dedicó sus últimos años a organizar un fundamental Archivo Diplomático, que sirvió de repositorio a nuestra documentación de las relaciones internacionales desde 1810 a 1852. Salvando la distancia con Pedro de Angelis, ambos  deberían ser considerados como los precursores de la conservación de nuestra documentación histórica. Por supuesto esto no es así, sencillamente porque el relato liberal es diferente y sobre ambos personajes pesa el baldón de haber sido federales y rosistas.

(5) Se amplía el aspecto económico financiero del virreinato en el comentario Los Vales Patrióticos de Liniers, de fecha 2 de mayo 2012 y el enfrentamiento con el Virrey Elio de Montevideo sobre este aspecto.

(6) Ese  mal hombre, árbitro de la monarquía, es Manuel Godoy y Álvarez de Faria, (1767-1851).

(7) Ambos datos son correctos. Liniers había organizado un cuerpo de granaderos montados que llevaba su nombre; y designó un  oficial de su confianza de apellido Maidana, que viajó a Corrientes y a Candelaria, en Misiones para reclutar personal militar, con promesa de pago. Se debe considerar que Liniers fue Gobernador Interino de los Treinta Pueblos de Misiones Guaraníes y Tapes, entre el 5 de noviembre de 1802 y el 3 de enero de 1804, conociendo el medio a la perfección.
    



  




martes, 7 de enero de 2014

Raúl Scalabrini Ortíz



BREVE RESEÑA DE LOS FERROCARRILES ARGENTINOS


Por: Roberto Antonio Lizarazu

Las diferentes menciones de acciones y fechas de ninguna manera son el logro de investigaciones del que escribe. Todo está copiado de manera inmisericorde de la obra Historia de los Ferrocarriles Argentinos de Raúl Scalabrini Ortíz (1). Este es el apunte que usaba cuando tenía que explicar en treinta y cinco minutos, como y cuando se llevaron a cabo  los cuarenta y dos mil kilómetros de vías férreas, con que nuestro país contaba cuando éramos una gran nación.

La historia de los Ferrocarriles Argentinos es, en gran parte, la historia del progreso nacional. Las paralelas de acero (la denominación es de Scalabrini Ortíz) al irrumpir en la pampa hostil y sin domeñar,  sentaron las bases para las corrientes colonizadoras, el establecimiento de pueblos que se transformaron en ciudades y la canalización del producto de la tierra hacia los centros de consumo.

La primera empresa nacional de ferrocarriles se fundó en 1854, con el nombre de “Camino de Hierro de Buenos Aires al Oeste” . Una ley especial autorizó al Poder Ejecutivo para conceder la construcción de un ferrocarril de 24.000 varas (1) que arrancando de las calles Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), Potosí (hoy Alsina), Federación (hoy Rivadavia), piedad (hoy Bartolomé Mitre), o Cangallo se dirija al Oeste, formándose con capitales argentinos la sociedad encargada de construirlo.

El 30 de agosto de 1857 se produjo la histórica inauguración del primer ferrocarril en nuestra patria. Se trataba de una línea de 10 kilómetros de extensión arrancando de la Estación del Parque (en el solar donde hoy se levanta el Teatro Colón) hasta Floresta, atravesando la actual Plaza Lavalle y siguiendo por la calle del mismo nombre hasta Callao. De aquí, tomando una curva (la cortada Rauch) enfilaba hacia el once, seguía por Medrano y se internaba entre pintorescas quintas hasta llegar a Floresta.

El anuncio de la incorporación de un nuevo y revolucionario medio de transporte -el tren- agitó todos los espíritus. Corrían tiempos en que gente criteriosa y con estudios, afirmaba que una velocidad de 30 o 40 kilómetros por hora produciría serios trastornos a la salud física y mental del pasajero,  que los convertiría en un hato de lisiados y trastornados a los usuarios de tan temerario medio de transporte. (2)

Al margen de estas chicanas, para darnos una idea acerca de la dimensión histórica de esta obra, Alberdi deja escrito algunos conceptos que merecen ser transcriptos: Sin el ferrocarril, no tendréis unidad política, cosa que sucede,  en países donde la distancia hace imposible la acción del poder de gobierno equilibrado. Proteged al mismo tiempo las empresas particulares para la construcción de ferrocarriles. Colmadlas de ventajas ahora; y tendréis mano de obra asegurada para las futuras generaciones de laboriosos ciudadanos de todo rango y profesión.

Fue en la presidencia de Bartolomé Mitre (12.12.1861 a 12.10.1868) donde se confirió un impulso decisivo a la construcción y desarrollo de los ferrocarriles. Cuando llegó a la presidencia el país tenía 61 kilómetros de vías férreas. Cuando se retiró, la extensión era de 573 kilómetros.

Luego vino Sarmiento. (Presidente del 12.10.1868 a 12.10.1874). Fue un propulsor notable del quehacer ferroviario y le pertenece la conocida anécdota cuando opina en el recinto legislativo sobre un préstamo de 800.000 pesos fuertes (también se denominaban duros, copiando la expresión española) que se pedirían a un banco inglés. Considerando Sarmiento que era poco capital para financiar ferrocarriles, diría: Vean ustedes al prestamista del barrio. En cuanto a mi, no he de morirme sin ver invertidos en ferrocarriles, no digo ochocientos mil, sino ocho millones de duros”.  Entonces irritado ante las risas de los legisladores y de la barra, pidió Sarmiento que esas risas constaran en acta. Necesito, dijo: que consten esas risas para que se sepa con que clase de necios he tenido que lidiar.  (3)

Cuando fallece Sarmiento en 1888, los capitales invertidos en ferrocarriles en el país, sumaban 223 millones de pesos fuertes, y la extensión de vías cuando deja la presidencia en 1864, llegaba a 1331 kilómetros.

Le sucede  otro presidente hacedor de progreso. Nicolás Avellaneda (desde el 12.10.1874 hasta el 12.10.1880). Él personalmente inauguró durante su mandato, 1185 kilómetros de vías. Ya en 1878 llegaban al puerto de Buenos Aires, trenes con una carga singular con destino a Europa: trigo. El primer embarque de 4500 toneladas fue un hito en el progreso nacional y el propio Avellaneda reconoció: Ha sido el acto  de mayor trascendencia de mi gobierno. Comenzaba una época que le valió a nuestro país el prestigio de ser el granero del mundo.

Llegó la primera presidencia del general Julio Argentino Roca (12.10.1880 a 12.10.1886). Para 1881 se había duplicado la extensión de vías a 2516 kilómetros y cuando finaliza su mandato teníamos 5836 kilómetros de vías, que ya se internaban profundamente en nuestro país. Roca en su mensaje al Congreso de 1883 nos deja una definición notable de lo que es el verdadero progreso: …brotan como por encanto los productos de la tierra, el comercio y la población.

El malón sistemático, ya era un terrible recuerdo. El empuje colonizador se abría paso en zonas donde otrora el indio acechara. Y luego de las armas, llegaba el tren, adelantándose a la producción de la zona donde tendían sus rieles, creándola y fomentándola por su propio influjo.


En el período de las presidencias de Miguel Juarez Celman (12.10.1886 a 06.08.1890),  Carlos Pellegrini (06.08.1890 a 12.10.1892)   y Luis Saénz  Peña (12.10.1892 a 23.01.1895) se reduce el ritmo de colocación de vías, pero extrañamente, aumentan los metros cuadrados de edificación de estaciones, talleres, galpones y las mismas terminales de las distintas líneas. La explicación merece diferentes opiniones de los autores que trataron el tema. El motivo más coherente pareciera ser el aumento de la inmigración de constructores y albañiles italianos que se produce en ese momento, quienes contaban con experiencia en los distintos materiales importados, tanto ingleses como franceses y fueron contratados por las empresas ferroviarias en forma masiva.

A mediados de 1895, en la presidencia de José Evaristo Uriburu (23.01.1895 a 12.10.1898) el Gobierno comprendió que se podían producir graves sucesos en la frontera con Chile. De inmediato se dispuso la construcción de una línea de carácter estratégico desde Bahía Blanca a Neuquén, que permitiera una eficiente movilización del ejército a la parte sur de nuestro territorio. Esa obra se encaró con verdadero fervor patriótico. Se convino que el gobierno expropiaría a su costa la franja de terreno necesaria para la construcción de vías, playas y estaciones.            

Los planos y pliegos del último tramo fueron aprobados el 24 de marzo de 1897 y el 1º de junio de 1898 se inauguraba la obra total. Cuesta imaginar cómo pudieron aquellos hombres, en tan poco tiempo, vencer tantas dificultades de accidentes topográficos, lejanías e inclemencias, y coronar tan titánico esfuerzo.

El general Roca, presidente de la República por segunda vez, desde el 12.10.1898 a 12.10.1904, inauguró ese ramal estratégico. Luego de disipadas las sombras de un enfrentamiento bélico con Chile, de hecho se convirtió en un fraterno medio de comunicación y de comercio argentino-chileno, que irónicamente prestó servicios opuestos al previsto originariamente.

En materia ferroviaria, el siglo XX no puede comenzar por ser más promisorio. Entre los años 1901 y 1914, en las presidencias de Julio Argentino Roca, Manuel Quintana y José Figueroa Alcorta, se libraron al servicio público 16603 kilómetros, aumentándose en un cien por ciento la red que poseíamos en 1901. Ninguna nación de Europa alcanzó un ritmo semejante de crecimiento ferroviario. En forma paralela aumentaron las riquezas nacionales, en 1900, por primera vez, la agricultura desplaza a la ganadería en materia de volúmenes de cargas.

Pero es en 1925, presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear (12.10.1922 a 12.10.1928) donde se señala el récord en cuanto a la expansión de la red, con la habilitación de 4000 kilómetros que determinan los 41932 kilómetros con que llegamos a contar.

Es en el año 1948 cuando se nacionalizaron los ferrocarriles, en momentos que, por la falta de renovación y reposición de vías, material rodante y de tracción, así como el estado de la infraestructura, hacían del sistema ferroviaro argentino, un ente que reclamaba una total modernización. El resto es historia contemporánea y debe quedar a cargo de  autores idóneos en el período.







Observaciones

(1) Sorprendentemente la ley no precisa de cual vara se trata. Cada uno interpretó lo que le convenía a sus intereses.

Vara española.  La Vara variaba respecto a la longitud del pie (patrón de los sistemas métricos arcaicos), la longitud de la vara oscilaba en los distintos territorios de España, entre 0,912 metros de la de Alicante y los 0,768 m de la de Teruel. No obstante, la más empleada era la vara castellana o vara de Burgos, de 0,835905 metros, tres veces el pie castellano de 0,278635 metros.     

Vara Inglesa. También conocida como yarda (símbolo: yd) es la unidad de longitud básica en los sistemas de medida utilizados en Estados Unidos, Panamá y Reino Unido. En esos países equivale a 0,9144 metros.

Para 1854, se encontraban -solamente en Europa- nueve Varas en vigencia. En realidad nadie sabía hasta donde llegaría el ferrocarril. El paso del tiempo y el desarrollo logrado, en pocos años superarían  esta dificultad originaria de los legisladores de esta Ley Especial.


(2) El tema de la velocidad a la que debían viajar los usuarios, fue un clásico de los opinantes. Todo el mundo tenía algo que decir al respecto. Dio letra a los periodistas, a los caricaturistas y a los humoristas. Por esos años en Buenos Aires, competían en el medio gráfico:
El Nacional. (1852-1893).  Editado por Cayetano Casanova. Dirigido por Dalmacio Vélez Sársfield. Redactores: Sarmiento, Mitre, Miguel Cané. Orientación política: Liberal mitrista.  Y La Tribuna. Editado por Saturnino Cardoso. Dirigido por J. R. Muñoz y Adolfo Alsina. Orientación política: Autonomista alsinista. A partir de 1854 cada número que se editó de estas publicaciones dedicaban dos o más páginas al tema ferroviario y a su evolución.

En este mismo sentido, se publicó en fecha 14 de junio de 1859, en La Revista del Plata, que dirigiera y editara Carlos Pellegrini, unos versos criollos de Anastasio el Pollo  (Estanislao del Campo)  El Ferrocarril del Oeste en la Plaza del Parque, que son unas desopilantes e imperdible décimas referidas al viaje de La Porteña desde El Parque hasta  La Floresta. Se debe hacer notar que Carlos Pellegrini y Estanislao Del Campo eran adversarios políticos declarados. Otros autores sostienen que estos mismos versos son publicados en diferentes medios, pero el suscripto nunca encontró los mismos. Podría ser que algún especialista en hemerotecas halle algo nuevo, pero es muy difícil su verificación precisa debido a que se tratan de fotografías de hojas impresas.

(3) Se sostiene que esa anécdota ocurrió en la sesión  del 23 de agosto de 1870. Cuando Sarmiento en su carácter de Presidente solicita autorización a la Legislatura para obtener el crédito. Finalmente obtiene su aprobación. Honestamente la sesión ocurrió, y finalmente el crédito fue aprobado por 800 mil pesos fuertes,  pero los términos de la anécdota, no figuran en el acta correspondiente. Palabra más o menos,  diferentes autores,  dan como verídico el hecho. Los medios del momento la registran, pero no el acta de la sesión, que daría veracidad absoluta a las expresiones de Sarmiento.


Bibliografía General

Historia de los Ferrocarriles Argentinos. Raúl Scalabrini Ortíz. Editorial Plus Ultra, Con un apéndice de la Ley Mitre, Primera Edición,  Impreso en los Talleres Gráficos Garamond S.C.A., Cabrera 3856, Buenos Aires, abril de 1972.

Historia Argentina, José María Rosa. Presidencias Argentinas. Editorial Oriente S. A. Buenos Aires, 1976.