La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



viernes, 30 de marzo de 2012

Coronel Santiago Baibiene



APUNTES PARA UNA HISTORIA DE LA BATALLA DE ÑAEMBÉ


Por: Roberto Antonio Lizarazu
El 26 de enero de 187l se produce a orillas de la laguna Ñaembé, en la actual Colonia Carolina, Departamento de Goya en la Provincia de Corrientes, la batalla de Ñaembé.

Ñaembé es una deformación de la palabra guaraní ña’embe   (con apóstrofo y sin acento) que quiere decir plato.

Deliberadamente omitiremos los detalles políticos y los  intereses comerciales que también los hubo, que determinaron llegar a ese extremo de belicismo, en lo  que constituyó una verdadera guerra civil entre dos provincias argentinas y los dejaremos para otra oportunidad más propicia para no herir susceptibilidades entre hermanos argentinos.

Sus participantes fueron por una parte tropas del Ejército de la Provincia de Corrientes y del Ejército Argentino (en ese momento denominado Ejército Nacional)  y las tropas del Ejército Federal compuesto en gran parte por integrantes de tropas de la Provincia de Entre Ríos partidarias de la revolución jordanista.

Las fuerzas que combatieron en la batalla fueron: Gobierno Nacional 3.000 hombres. Caballería 1.900 e Infantería 1.100 y siete cañones Krupp de carga posterior y por el Ejército Federal 7.000 hombres, de caballería 5.500 y 1.500 de infantería con 9 piezas de artillería.

Los comandantes de las tropas de ambos bandos fueron: Por el sector del Gobierno Nacional, el gobernador de la Provincia de Corrientes, Santiago Baibiene, quien si bien no era profesionalmente militar había alcanzado el grado de Teniente Coronel en pleno campo de batalla en la guerra del Paraguay, habiendo tenido activa participación en las batallas de Yatay, Tuyutí y Paso Pacú. Las actividades personales de santiago Baibiene eran el comercio, el periodismo y la política.

Por el Ejército Federal, su comandante era Ricardo Ramón López Jordán, hijo de Ricardo López Jordán y sobrino de Francisco Ramírez. Ricardo López Jordán (padre) y Francisco Ramírez eran medio hermanos.  Ricardo Ramón López Jordán (hijo) nace en 1822 en Paysandú (ROU) y es muerto en Buenos Aires en 1889 por Aurelio Casas, el hijo de Zenón Casas, un Sargento Mayor de las fuerzas Nacionales, a quien López Jordán había ordenado ejecutar el 2 de mayo de 1873 en lo que hoy es el Parque Nacional El Palmar.

El bando Nacional recibe tres días antes del enfrentamiento, la determinante ayuda de 7 batallones del Regimiento VII de Infantería, comandados por Julio Argentino Roca que regresaba de su participación en la Guerra de la Triple Alianza, que además contaba con las siete piezas de cañones Krupp de carga posterior que ya mencionamos, que habían sido importados de Alemania y   utilizados en Paraguay, lo que constituía que sus servidores fuesen expertos en su uso. Por otra parte se debe mencionar la heroica actuación de los integrantes del Escuadrón Goya (oriundos precisamente del lugar donde se realizaba el enfrentamiento) a las órdenes del Sargento Plácido Martínez. Los goyanos se comportaron a la altura de las circunstancias, por que era evidente que de haber sido otra la suerte de la batalla, el primer pueblo ocupado por los invasores sería precisamente Goya. Ese día los goyanos fueron infantes, jinetes y artilleros y solo se detuvieron cuando observaron a los entrerrianos cruzar en retirada el Río Corrientes. También hay que tener en cuenta que el propio Santiago Baibiene era goyano, nacido allí en 1838.

Se debe aclarar que la Milicia Correntina, que si bien es verdad que sus componentes eran mayoritariamente batallones de infantes, como había suficiente caballada, y todos eran excelentes jinetes, cuando era necesario, montaban armados de sables, lanzas u otras armas cortas y se convertían en eficientes escuadrones  que quedaban al mando del Coronel Manuel de Jesús Calvo. De hecho el golpe final a los invasores lo dan la caballería correntina y la Milicia Correntina que se convierte en montada para ese objeto.

La batalla propiamente dicha, que se produce luego de varias escaramuzas y de tres intentos de la caballería entrerriana contra la batería de los cañones Krupp defendida por los batallones y  que resultaron infructuosos y con gran pérdida para los entrerrianos, culmina con la participación de varias cargas de la caballería correntina al mando del Coronel Manuel de Jesús Calvo que finalmente obligaron a retroceder con gran cantidad de bajas y la pérdida de casi el total del material bélico a los entrerrianos hasta más allá del Río Corrientes, ya en el actual Departamento de Curuzú Cuatiá. Esta persecución y retirada lleva toda la tarde y la noche del 26 de enero de 1871.

Tanto Santiago Baibiene como Julio Argentino Roca luego del triunfo de Ñaembé, son ascendidos por decretos del Presidente Domingo Faustino Sarmiento al grado de Coronel. En cuanto a Ricardo López Jordán cruza el Río Uruguay y se exilia en Brasil, juntamente con 1.500 hombres. Al año siguiente regresará para continuar su campaña e intentar revertir la suerte de su revolución.

Las bajas producidas en Ñaembé fueron: Gobierno Nacional 200 entre muertos y heridos y por el Ejército Federal 600 entre muertos y heridos y 550 prisioneros.

Cuanta razón encerraba el refrán del profesor Javier López Irigoyen cuando me decía: “No te preocupés vasquito que a cada Pago Largo le llega su Ñaembé”.


jueves, 29 de marzo de 2012

Gobernador Liniers



CUANDO LINIERS FUE GOBERNADOR DE LAS MISIONES

Por: Roberto Antonio Lizarazu
Liniers también anduvo por nuestros pagos. En 1802, cuando ya había pasado el mal trago del fallido intento de “Las pastillas de Liniers”; y cuando el Virrey en ese momento era Joaquín del Pino y Rozas (1801-1804), (1)  nuestro futuro héroe de la Reconquista se postuló ante las autoridades para cubrir la vacante, que desde hacía meses se encontraba en ese estado, al empleo de Gobernador de los Treinta Pueblos de las Misiones del Uruguay y Paraná. El Coronel Joaquín de Soria que había sido el gobernador anterior,  había dimitido en diciembre de 1801, por una razón muy simple, las partidas de pago no llegaban nunca, y cuando llegaban había diferencias inexplicables.

Santiago de Liniers que era en ese momento Capitán de Navío de la Real Armada Española, fue nombrado luego de algunas naturales oposiciones, por Real Orden expedida el 5 de noviembre de 1802. Nos detendremos en esta RO, por que en ella se detallan  las funciones y responsabilidades que le correspondían cumplimentar a Liniers en este nuevo cargo y además por que al ser esta RO un original, deseaba compartir con los lectores de Corrientes Opina esa  circunstancia.

“Yo, Dn. Joaquín del Pino y Rozas, por cuanto se halla vacante el Empleo de Gobernador de los treinta Pueblos de Misiones del Uruguay y Paraná por dimisión que ha hecho el Coronel Dn. Joaquín de Soria que lo obtenía por nombramiento de este Superior Gobierno y Capitanía General confirmado por Real Orden de tres de diciembre del año pasado, y precisa proveerlo desde luego provisionalmente en un oficial de talento, desinterés, celo y conocimientos militares y políticos; por tanto y conceptuando asistido de estas circunstancias y demás convenientes al Capitán de Navío de la real Armada Dn. Santiago Liniers, le elijo y nombro por ahora en comisión por Gobernador Político y Militar de los mismos Pueblos y Subdelegado de Real Hacienda de los pertenecientes a esta Provincia”.

“Y mando que haciendo ante esta Real Audiencia el correspondiente juramento de usar bien y fielmente su oficio y tomada razón de este Despacho en el Tribunal de Cuentas y Reales Cajas de esta Capital se le admita al ejercicio de él con el sueldo que le corresponde por su referido empleo  de Capitán de Navío y reconociéndole por su Gobernador, los Tenientes , Cabildos, Caciques, Corregidores, Naturales, Empleados y Habitantes en los citados Pueblos obedeciéndole y haciendo cumplir las órdenes y guardar las facultades, privilegios y prerrogativas que como a tal Gobernador le pertenecen. Para todo lo cual le hice expedir este Despacho firmado de mi mano, sellado con el sello de mis armas refrendado por el Secretario de Su Majestad de este Virreinato; en Buenos Aires, a cinco de noviembre  de mil ochocientos dos.- Joaquín del Pino- Manuel Gallego.
Vuestra Excelencia nombra por ahora y en comisión , por Gobernador de los treinta pueblos de Misiones del Uruguay y Paraná al Capitán de Navío de la Real Armada Dn. Santiago de Liniers”. (2)

Liniers previendo el sinnúmero de dificultades de todo tipo que encontraría en una región para él, totalmente desconocida, se ilustró cuanto pudo sobre sus particularidades y se puso en contacto con el fraile dominico Julián Perdriel, quien por haber vivido varios años en las reducciones jesuíticas, en ese momento lo convertían en un experto sobre la materia.

Se debe tener en cuenta; y Liniers era totalmente consciente de ello, que la mayor dificultad de su gobierno y la de cualquier gobierno que fuese nombrado,  resultaba ser la indefensión de las Misiones ante las permanentes, reiteradas y crónicas incursiones de los bandeirantes paulistas. De común acuerdo entre Liniers y Perdriel proyectaron un tren de artillería volante, que se pudiera desplazar rápidamente entre las distintas Misiones y poder enfrentarse a los Tiradores Paulistas y a la caballería bandeirante. Liniers le solicitó a del Pino los obuses que artillaban la fragata Medea, surta en el puerto de Montevideo para esos menesteres de defensa de su gobernación.

Es verdad que del Pino accedió al pedido y ordenó lo requerido por Liniers, pero la Medea junto con La Fama, La Flora y la Mercedes zarparon desde Montevideo escoltando un importante cargamento de mercaderías y caudales rumbo a Cádiz, sin dejar sus preciados obuses y marcando claramente cuales eran las prioridades para la corona. Entre defender las Misiones y defender el cargamento de plata con rumbo a las arcas reales, no había mucho que decidir.

Para explicar como termina el viaje de La Medea, la Fama, La Flora y La Mercedes me guiaré por la reconocida obra de Alejandro Larguía, Las Misiones Jesuíticas del Uruguay. La Provincia Perdida, Corregidor, con prólogo del R. P. Julián Zini, Corregidor, Buenos Aires, 2007. “Cuando el convoy en el que viajaba Don Diego de Alvear  con su familia estaba llegando a Cádiz fue interceptado por naves de guerra inglesas. El Comandante pretendió que se rindiera todo el convoy, que estaba constituido por cuatro navíos, la fragata “Medea” ya sin sus obucitos,  la “Fama”, la “Clara” y la “Mercedes. El Comandante español naturalmente lo mandó al inglés a tomar baños y empezaron los cañonazos.  Una bomba inglesa hizo estallar la Santa Bárbara de la “Mercedes”, en la que viajaba la familia de Don Diego de Alvear. Esta familia pereció junto a toda la tripulación.”
“Por haber tenido que reemplazar al comandante enfermo, ese día Don Diego de Alvear navegaba en la “Clara”, acompañado por uno de sus hijos, Carlos María, entonces de dieciséis años, a quien su madre no lo aguantaba en la “Mercedes” y lo había fletado con su padre. Providencialmente entonces, se salvó de perecer  junto a su madre y sus siete hermanos, este muchacho nacido y criado entre los guaraníes del pueblo misionero de Santo Ángel Custodio, hoy conocido en Río Grande do Sul como Santo Ángelo.”
“Ocho años después de este funesto episodio, volvería el misionero Carlos María de Alvear a navegar hacia su patria, esta vez en la fragata inglesa “George Canning”. Vendría en compañía de otro misionero, nativo de Yapeyú, llamado José Francisco de San Martín.”

Pero debemos volver a nuestro tema. Liniers llega a Candelaria, el 6 de marzo de 1803. En ese momento Candelaria gozaba del pomposo título de "Capital de la Gobernación. Llega sin Perdriel al que su orden no autorizó su viaje y sin los mencionados obuses para organizar una defensa medianamente eficaz. Liniers tuvo la buena idea de que toda la correspondencia entre su Gobernación y el Virrey quedara registrada por duplicado en un libro que denominó Borradores de la Correspondencia al Virrey, (3)y que felizmente se conservó hasta nuestros días y por medio del cual se pueden conocer las vicisitudes de su gobierno. Dicho sea de paso esas vicisitudes son las mismas de todos los gobernadores anteriores. Al margen que los sueldos no llegaban nunca, el abandono y la desidia más absoluta por parte del Virreinato respecto de estos abandonados pueblos a la mano de Dios y prácticamente ofrecidos a quien quisiera ocuparse de tomarlos.

La lectura de estos borradores es un reiterado testimonio de la escasa atención a las distintas iniciativas y proyectos, de diversa índole, que Liniers pretendiera. Todo era aceptado pero no se realizaba absolutamente nada, ni aparecía un real ni dibujado. Todo era voluntarismo.

Liniers reclama en forma prioritaria atención a la defensa del territorio a la que consideraba inadecuada para controlar las incursiones que los portugueses realizaban periódicamente, consecuentes con su tradicional política expansionista.  Los lusitanos llevaban a cabo sorpresivas correrías en territorio español, asaltando a sus pobladores indefensos, arreando su ganado y llevándose en cautiverio a los indígenas que encontraban a su paso, y vendiéndolos como esclavos. En uno de los borradores de junio de 1803, un párrafo grafica perfectamente lo que ocurría. “Es imperioso tomar las más estrechas medidas para poner, al menos, nuestra costa occidental al abrigo de estas raterías.” La costa occidental es actualmente el territorio de nuestra provincia.

Cuando se hace el inventario del armamento que le entregara su sucesor, el ya mencionado Joaquín de Soria, se puede observar el estado de obsolescencia de las mismas. En Candelaria se registraron ciento sesenta armas de chispa, en Concepción setenta y cinco y en Yapeyú 218. Lo que daba en  un total de 453 armas de chispa para la defensa de todo el territorio. El problema radicaba que solamente cincuenta de ellas estaban en funcionamiento, entre pistolas de chispa (del vasco piztu-ola), arcabuces y mosquetes.  Lo demás servía solamente para ampliar la estadística y eventualmente para los desfiles, pero no para hacerle fuego a nadie.

Este tema de la carencia del armamento a fin de defender el territorio no fue atendido por el Virrey. En realidad ningún tema fue solucionado y todo quedó exactamente igual de calamitoso que antes de la llegada de Liniers. Lo mismo sucedió con el aspecto del estado sanitario de la población que fue uno de los de mayor preocupación y que mereció varios oficios clamando por alguna ayuda.

Otra de las preocupaciones sin resolver fue intentar evitar la vergonzosa explotación de los naturales en yerbatales y obrajes madereros y reclamaba al Virrey la aplicación de la ley vigente sobre el particular. “Por lo menos deberían gozar de los derechos que dimanan de nuestros principios y leyes fundamentales,  y de las particulares con que han sido favorecidos los demás indígenas de ambas Américas”.

Luego de casi tres años de ver como le aprobaban todos sus requerimientos y finalmente ninguno se llevaba a cabo. Poco antes de pedir su remoción y luego de veintiséis meses de no cobrar sueldo alguno,  Liniers presenta un plan, que hoy podríamos llamar de reforma agraria, y que el denomina “Sistema de un género de enfiteusis en las Misiones”.  Daría la impresión que pretendía establecer aggiornado el antiguo sistema aplicado por los jesuitas que tanta prosperidad trajo a las partes involucradas. Con algunas modificaciones en las denominaciones y algunos puntos más  en el canon por el pago del servicio por el dominio de la explotación de la tierra. En un extenso “Memorial al Rey” presenta su proyecto de enfiteusis, que por supuesto tampoco no prosperó.

“En esta etapa de su vida, tal vez la menos conocida de su azarosa existencia, Liniers demostró poseer un criterio moderno, completamente opuesto al que la metrópoli aplicaba a sus colonias en materia de economía, cuando sostenía nada menos que el libre comercio y propiciaba el reparto de tierras como único medio de evitar la explotación de los naturales y de obtener un desarrollo nacional de las riquezas agrícolas.” (4)

Finalmente es relevado de sus funciones el 3 de enero de 1804, y designado su sucesor, Don Bernardo de Velasco, pero lejos de mejorar su suerte, comenzaba la peor parte de esta fallida experiencia. En Itapuá contrató la sumaca Nuestra Señora del Pilar que lo llevaría de regreso  a el y a su familia hasta Buenos Aires.  Liniers era casado en segundas nupcias -su primera esposa fue Juana Úrsula Membielle- con María Martina de Sarratea, hija de Manuel de Sarratea, y lo había acompañado en su viaje como gobernador.

En ese viaje de regreso fallece su señora  María Martina de Sarratea, y a los pocos días fallece la hija recién nacida Francisca de Paula de Liniers. El viaje finaliza con el mismo sino  con que se había desarrollado su gestión de gobernador. Muy mal, viudo nuevamente y con más deudas que antes de comenzar.

Faltaba un par de años para llegar al más grato tiempo de las apasionadas relaciones amorosas con la Perichona y que diera comienzo a un período donde los hados se colocaron de su lado; pero solamente por algunos años hasta que nuevamente le soltaron la mano.

Observaciones y fuentes consultadas.

1. Para tener una idea de los acelerados cambios que se producían en los gobiernos virreinales de esos años.  En 1794 cuando el fallido negocio de las pastillas, el virrey era Nicolás de Arredondo 1789-1794), Luego vino Pedro Melo de Portugal y Vilela (1794-1797), luego Antonio Olaguer y Feliú (1797-1799), luego Gabriel de Avilés y del Fierro (1799-1801) y luego Joaquín del Pino (1801-1804). Entre el tema de las pastillas y la gobernación de las Misiones de Liniers, pasaron cinco virreyes. Ningún gobierno alcanzaba a durar tres años. Esta falta de continuidad ejecutiva siempre fue uno de los puntos débiles de la monarquía borbónica y coadyuvaron al comienzo de su derrumbe que se produce al poco tiempo.

1.- AGN. Virreinato.  Libro 32, folio 249. Titulo: Gobernador interino de los treinta Pueblos de Misiones Guaraníes y Tapes, expedida el 5 de noviembre de 1802.
2.- AGN. División Colonia. Gobierno. Borradores de correspondencia de Santiago de Liniers al Virrey del Río de la Plata. Sala IX.18.8.8.
3.-Bernardo Lozier Almazán, Liniers y su Tiempo. Emecé Editores, Buenos Aires,


NUESTRA PRIMERA CONSTITUCIÓN NACIONAL

Por: Roberto Antonio Lizarazu
Nos guste o no, la Constitución Nacional de 1819 fue la primera aprobada y jurada en la historia de la Argentina. Su texto refleja fielmente la supervivencia del pensamiento centralista y aristocrático que había inspirado el constitucionalismo de los diversos proyectos de 1813. Todos fallidos, incluso el proyecto ya comentado,  de un proyecto copiado de la Constitución de Cádiz de 1812. Pero con la Constitución de 1919 se dieron otras circunstancias. La misma fue redactada,  aprobada y jurada. Por supuesto su vigencia duró un suspiro. Los lamentables sucesos de la anarquía del año 20 estaban a pocos meses,

Varios autores liberales consideran a esta constitución como la base del proceso que culminaría con la Carta Magna de 1853; argumentando   que su realización formaba parte de un proceso de conciencia constitucional que se habría ido formando en el país y que habría culminado con la Constitución de 1853.   Para sorpresa de algunos reproduciré la opinión de Bartolomé Mitre sobre este tema. Porque casi seguramente muchos supondrán que el argumento precedente contaba con su simpatía histórica, dado su liberalismo político. Todo lo contrario.

Mitre sostiene: (1) (2) “Es evidente que estas opiniones carecen de  todo sentido histórico serio. La Constitución de 1819 fue obra de sofistas bien intencionados, que soñaban con la monarquía, no pudiendo fundir en sus moldes convencionales los elementos sociales refractarios, creían eliminarlo no tomándolos en cuenta.”

“Sus autores procuraron establecer  un régimen que fuera consecuencia de un equilibrio de instituciones monárquicas, aristocráticas y democráticas, lo que se hizo dentro de un planteo que no hubiera sido del todo descabellado si se hubiera tenido en cuenta que debían adaptarse al país real y no a uno ilusorio que se pretendía crear. El país no estaba en condiciones de instalar una monarquía, porque faltaba el rey; no podía implantar un régimen aristocrático, porque se carecía de aristocracia; no podía pensarse en un régimen absolutamente democrático, porque no se disponía de una opinión pública suficiente para afirmarlo. El error del Congreso fue redactar una Constitución que respondía a un sentido absolutista, o sea contrario a lo único del espíritu de Mayo que se había hecho carne en la opinión general, por ser contrario a las opiniones políticas del medio, ya que la Constitución de 1819 ni siquiera cabe considerarla unitaria, pues no fue la unidad lo que buscaba, sino la sumisión, mediante un centralismo agresivo y ofensivo para un país donde los valores esenciales eran de tipo localista; de manera que no pudo satisfacer las exigencias empíricas y prácticas del país que debía regir.”  Muy bien razonado lo de  Mitre, podía ser liberal pero no sonso.

Intentaré resumir las disposiciones constitucionales que fueron aprobadas. Contaba con un Poder Ejecutivo unipersonal, con el título de director del Estado, por un período de cinco años, electo por las cámaras de Senadores y Diputados reunidas, pudiendo ser reelecto por una vez con  un voto sobre las dos terceras partes de cada cámara.

El Senado se constituía como un organismo netamente aristocrático, pues se integraría con un senador por cada una de las provincias, tres militares que no bajaran de coronel mayor; un obispo y tres eclesiásticos, uno por cada Universidad, y el director de Estado, concluido el tiempo de su gobierno. Sus miembros debían tener no menos de 30 años de edad; 9 de ciudadanos antes de su elección, con un fondo de ocho mil pesos, una renta equivalente, o una profesión que los ponga en estado de ser ventajosos a la sociedad que representan.

Los senadores militares serían designados por el Director del Estado y el senador obispo mediante una terna hecha por un Cabildo Eclesiástico,  formado con el rector del Sagrario de la Iglesia Catedral, y los curas  Rectores de los colegios religiosos.

La Cámara de Representantes se compondría de diputados elegidos en proporción de uno por cada veinticinco mil habitantes, o una fracción que iguale el número de dieciséis mil. Tendrían que contar veintiséis años de edad como mínimo, siete de ejercicio de la ciudadanía, un fondo de cuatro mil pesos al menos, o en su defecto arte, profesión u oficio útil. Durarían en sus cargos cuatro años. La Cámara de representantes tendría como exclusividad la iniciativa en materia de contribuciones, tasas e impuestos, pudiendo el Senado admitirlas, rehusarlas y oponerle reparos. Solo el Congreso podía declarar la guerray la paz, recibir empréstitos sobre los fondos del Estado, formar planes uniformes de educación de alcance nacional, reglar la moneda, pesas y medidas, demarcar el territorio del Estado y fijar los límites de las provincias; elevar las poblaciones al rango de ciudades o provincias.

Una alta Corte de Justicia compuesta de siete jueces y dos fiscales generales ejercería el Supremo Poder Judicial del Estado.

Los tres altos poderes reunidos tendrían el tratamiento de “Soberanía”  y “Soberano Señor”  por escrito y de palabras. El Congreso Nacional compuesto de las dos cámaras tendría el tratamiento de “Alteza Serenísima o Serenísimo Señor”.  Cada una de las cámaras del Legislativo, y los Supremos Poderes Ejecutivo y Judicial, separadamente el de “Alteza”-  Todo este tratamiento de tipo monárquico y aristocrático, era una verdadera paquetería para nuestros paisanos, los montados y los de a pié; y se constituyó en motivo de burla en cuanta payada se hacía en las pulperías. Perduran aun innumerables versos gauchescos, muchos de ellos de autor anónimo, burlándose sobre este disparatado asunto del tratamiento entre los componentes de una misma sociedad.

Esta Constitución como ya mencionamos fue aprobada y estuvo en vigencia. En relación a su juramento, fue efectuado por casi todas las provincias. Con la honrosa excepción de las de Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y la Banda Oriental. Tampoco fue jurada por los ejércitos que se encontraban bajo la influencia de San Martín: el Ejército de los Andes y el del Alto Perú.  Dato que como corresponde, nunca se menciona.

Hay que reconocer que los integrantes del Ejército de Operaciones al mando de Manuel Belgrano, si juraron la constitución, tanto el propio
Belgrano como toda la tropa.

El General José María Paz en su clásico libro  “Memorias”,  explica las razones que argumenta Belgrano para jurar esta constitución. Hay que tener  en cuenta que Paz fue Secretario del ejército de  Belgrano tanto en Tucumán como en Salta, y siguió bajo sus órdenes varios años más; así que lo que Paz menciona sobre Belgrano no se debería dudar de ello.
Dice Paz: “Manuel Belgrano después de hacerla jurar por la tropa de su mando, hablando con algunos jefes y estando yo presente dijo: Esta Constitución y la forma de gobierno adoptada por ella, no es en mi opinión la que conviene al país; pero habiéndola sancionado el Soberano Congreso Constituyente, seré el primero en obedecerla y hacerla observar”.

Pero todo era demasiado arbitrario y forzado. A contramano de nuestra idiosincrasia.  Su vigencia duró un suspiro. Para ratificar este concepto habría que mencionar que  ninguna de las dos Cámaras con sus altezas serenísimas llegó a reunirse nunca. Los que saben del tema sostienen que no existe nada más duro para chocar,  que contra la realidad.

Fuente documental:

(1)   Dardo Pérez Guilhou. El monarquismo en el Congreso de Tucumán y en la Asamblea del año XIII. Mendoza, 1957.
(2)   José Armando Seco Villalba. La Asamblea de 1813 y el rechazo de los diputados orientales. Anuario de Historia Argentina, tomo IV, Buenos aires, 1943. Del mismo autor y en el mismo Anuario, Fuentes de la Constitución Argentina, Buenos Aires, 1943.





LA GUERRA ARGENTINO-CHILENA CONTRA LA CONFEDERACIÓN PERUANO-BOLIVIANA

Por: Roberto Antonio Lizarazu
Como esta es una guerra que no se enseña, y si se la menciona, se lo hace de manera deliberadamente confusa y sesgada, me imagino la expresión de asombro de más de un lector, al leer que Argentina y Chile fueron aliadas en una guerra contra Perú y Bolivia. ¿Pero cómo, no era que Chile siempre fue nuestro potencial enemigo y Perú y Bolivia nuestros aliados incondicionales? La historia nos enseña que no. En algunos manuales a esta guerra, con “declaración de guerra”, de ambas partes incluida, se la denomina “conflicto” con el objeto de minimizar los hechos. Habría que explicarles a los deudos de los miles de muertos en la misma, que no se preocupen, murieron en una guerra, que solo fue un conflicto.

Cuadro de situación en 1835-1836. Rosas como gobernador de la Provincia de Buenos Aires, ejerce la representación de las relaciones exteriores de la Confederación. El objetivo primordial de su política interior era concretar la unificación de las provincias del norte a la Confederación, que fluctuaban con sus políticas secesionistas como ya había ocurrido con políticos afines al unitarismo en Salta, Jujuy y Catamarca.

Por otra parte, El presidente de Bolivia, el Mariscal Santa Cruz, tenía sus propias aspiraciones expansionistas y emular al mismo San Martín y a Bolívar, por medio de un “Gran Plan de Santa Cruz” que llevaría a cabo lo que los primeros no pudieron. La unificación de toda América del Sur, por supuesto bajo su mariscalato. Andrés Santa Cruz, Mariscal de Zepita, había nacido en La Paz, Bolivia, el 5 de diciembre de 1792 y fallece exiliado en Versalles el 25 de septiembre de 1865. Sus comienzos en la milicia boliviana fueron durante la Guerra de la Independencia. Por supuesto enrolándose en las filas realistas. Santa Cruz fue Presidente de Perú en 1827, Presidente de Bolivia desde 1829 a 1839; y Supremo Protector de la Confederación Peruano Boliviana desde 1836 a 1839.

Como no podía ocurrir de otra manera, Francia e Inglaterra meten sus narices y sus uñas en el conflicto. Obtienen concesiones comerciales beneficiosas para su comercio y apoyan al Mariscal contra la Confederación. Todo un clásico de nuestra historia.

Pero volvamos al conflicto. Ya en el mensaje que en 1834 Santa Cruz da en pleno Congreso Boliviano en carácter de presidente, manifiesta lo siguiente: La República Argentina, dividida en tantas fracciones soberanas e independientes cuantas son las provincias que la componen, presenta en su estado actual dificultades insuperables para formar pactos expresos, por falta de un centro de autoridad con quien estipular lo conveniente a nuestros recíprocos intereses. El gobierno de la Provincia de Buenos Aires no puede garantizar la observancia de compromiso alguno que toque a los otros, con quienes estamos en contacto más inmediato. Finaliza su discurso con un agravio a las autoridades de la Confederación disfrazado de halago a su pueblo. “Por lo demás, mantenemos relaciones amigables con aquel pueblo, tan heroico como desgraciado.”

Estas provocativas declaraciones, negando la capacidad al gobierno de Buenos Aires de contar con la aptitud de manejar las relaciones exteriores de la Confederación, con el agregado de declarar que Bolivia mantenía mejores relaciones con varias provincias que con Buenos Aires, constituían un abierto desafío personal a Rosas. Éste comprendió de inmediato el nuevo flanco que se avecinaba. Era esencial cuidar la frontera boliviana, y una de las razones de enviar al general Quiroga para establecer normas de paz entre las provincias del norte fue consecuencia de la importancia que dio a las manifiestas aspiraciones expansionistas bolivianas. Esta tarea fue continuada más tarde por el general Alejandro Heredia.

Existe una carta de Rosas a Heredia de fecha 30 de mayo de 1835, que por razones de espacio no transcribiré. En cambio resumiré la misma al máximo para explicar la situación creada en el norte por las pretensiones bolivianas. Rosas previene a Heredia en el sentido de los ataques llevados a cabo en Tucumán, Salta y Catamarca por parte de unitarios que habían salido de Bolivia con el apoyo de Santa Cruz. Uno de estos enfrentamientos fue el de Javier López, quien es derrotado por tropas de Quiroga en el combate de Monte Grande. Los prisioneros capturados confesaron que habían actuado de acuerdo con un plan trazado por el gobierno boliviano, con la intervención del general Rudesindo Alvarado y con la promesa de apoyo del gobernador de Salta
Fernández Cornejo.

¿Por qué entra Chile en el conflicto aliada de la Confederación?

Con motivo del alzamiento de Rivera en la Banda Oriental, luego del combate de Carpintería, Oribe encuentra papeles reservados de Rivera e informa a Rosas sobre los mismos. En ellos se descubre la existencia de relaciones secretas entre Santa Cruz, Rivera, los unitarios argentinos y liberales chilenos, quienes apoyados por Inglaterra y Francia tienen por objetivo la caída de los gobiernos federales de la Confederación y el chileno. Al frente de toda esta nueva nación quedaría Santa Cruz. Por otra parte el gobierno chileno obtiene información coincidente por otro medio. La goleta boliviana “Yanacocha” (en ese momento Bolivia tiene salida marítima) que se dirigía de Valparaíso a Arequipa, es requisada por navíos chilenos y se encuentra numerosa correspondencia de liberales chilenos dirigida a Santa Cruz donde se registra material coincidente con los planes de Santa Cruz que tenía Rivera en su poder.

Sorprendentemente también se encuentra correspondencia de nuestro Juan Galo de Lavalle, poniéndose a las órdenes del Mariscal boliviano. En honor a la verdad la correspondencia atribuida a Lavalle no lleva firma alguna, pero la mayoría de los autores son coincidentes en que él es el autor de las mismas, por la caligrafía y el estilo de redacción
utilizado. (1)

Ataque simultáneo de los complotados en la Banda Oriental y el norte chileno.

La simultaneidad del ataque del general Freyre sobre Chile y el alzamiento de Rivera en la Banda Oriental, no fue ninguna coincidencia. Ambos hechos tuvieron lugar en la primera quincena de julio de 1836, y tenían por objetivos derrotar gobiernos de ideología federal, que flanqueaban por el este y el oeste a la federal Confederación Argentina.

Comienzo de las hostilidades. En febrero de 1837, oficialmente Rosas rompe relaciones con la Confederación Peruano Boliviana y en mayo de ese año, de común acuerdo con Chile, se declaró la guerra. Alejandro Heredia, gobernador de Tucumán, fue designado comandante en jefe de las tropas de la Confederación Argentina y Diego Portales Palenzuelos, que era Ministro de Guerra y Marina del presidente chileno José Joaquín Prieto, se puso a cargo de las tropas chilenas.

En relación a las tropas argentinas se había organizado como un ejército de operaciones, constituido en su mayor parte por milicianos jujeños, avanzó hacia el norte a mediados de Junio.

Se debe tener en cuenta que la provincia de Tarija cuya indefinición de sus límites era una piedra en el zapato de las autoridades nacionales y sobre todo de las provinciales jujeñas desde 1820, estaba aún sin definir.
Las tropas de la Confederación Peruano Boliviana, no ofrecieron nunca un combate definitivo y se limitaban a ofrecer encuentros parciales y luego reagruparse. Es verdad que estos enfrentamientos parciales les redituaron muy buen resultado ya que casi siempre, por diferentes circunstancias, como el apoyo de la población por ejemplo, les fueron favorables. Felipe Herrera le explica a Rosas lo complejo que le resultaba esta metodología de lucha y los inconvenientes que encontraba. El 21 de octubre escribía lo siguiente: “El gobierno de Bolivia ha trabajado sigilosa e infructuosamente durante tres años, halagando la idea ilusoria de que algunas Provincias Argentinas se agregasen voluntariamente a sus Estados, cansados de las disensiones civiles que las han agitado; sin advertir que el noble orgullo de los verdaderos Argentinos los haría elegir en cualquier circunstancia la muerte, antes de humillarse al Tirano más ambicioso que ha podido ver el suelo americano.
A pesar de esta conducta, abiertamente hostil del Presidente de Bolivia, no se ha hecho hasta ahora por ninguna de las Provincias de esta República, la más leve represalia, guardándose todas las consideraciones que se merece un Gobierno amigo.”

Esto no se trataba de exageraciones de Felipe Herrera. A fines de 1836 el caudillo boliviano Marciano Vázquez reunió una considerable fuerza muy bien armada e instruida militarmente y atacó Mojo, Talina y Tupiza y tomó directamente el territorio jujeño de la Puna. Luego el general británico al servicio de Bolivia, Francisco Burdett O’Connor atacó y tomó Orán, despojando de sus tierras a los pobladores argentinos para ponerlas en manos de ciudadanos bolivianos. En septiembre de 1836 una fuerza boliviana destacada en persecución del coronel Arraya, de las tropas de Heredia, quien huía para refugiarse en territorio argentino violó la frontera una vez más, llegando hasta cercanías de Jujuy.

Las tropas chilenas al mando del General Manuel Bulnes Prieto (futuro presidente chileno) tuvieron mejores posibilidades y demostrando un alto grado de profesionalidad, el 20 de enero de 1839, al presentarles el mismo Santa Cruz un frente de batalla para enfrentarlos, en la Batalla de Yungay, sufrió una categórica derrota que finalmente sería el determinante para el pedido del restablecimiento de la paz. Luego de este pedido de paz por parte de Santa Cruz, los mismos bolivianos produjeron un levantamiento armado que finalizó con el mariscalato y con la confederación con Perú, derrocándolo del gobierno y obligando al exilio de Santa Cruz a Francia. No fue un exilio muy sufrido, pasó sus últimos veinticinco años alternándose entre París, El Havre y Versalles, donde fallece en 1865.

Como ya mencionamos que después de la Batalla de Yungay, Bolivia pide la paz, irónicamente la mediación diplomática para ese logro, estuvo a cargo de Inglaterra y Francia. Las mismas naciones que alentaban a Santa Cruz a segregar provincias argentinas y combatir a la Confederación, ahora eran los responsables de las tratativas de paz. En ocasiones es arduo poder seguir la línea de los hechos históricos sin perderse en el intento.

(1) En relación a esta correspondencia atribuida a Lavalle, el 17 de agosto de 1837, el mismo Santa Cruz, en ocasión de responder la declaración de guerra de la Confederación, intenta aclarar el tema y explica: “El general Lavalle -es preciso repetirlo- pudo escribir la carta de que tanto uso han querido hacer los dos gobiernos de Chile y de Buenos Aires, pero el jefe del gobierno de Bolivia no ha dirigido jamás carta alguna, ni comunicación escrita de ninguna clase al general Lavalle, ni a ninguno de los hombres que figuran en el partido unitario.” Un párrafo más adelante vuelve sobre el tema “Por último, cuanto a suponer en el gobierno de Bolivia el deseo que jamás ha abrigado de favorecer a los unitarios, no necesitaba asestar sus golpes a la larga distancia en que se halla colocado de Montevideo, teniendo en su poder tantos individuos de aquel partido, hallándose tan cerca de los focos de la revolución argentina y recibiendo continuas invitaciones -que siempre ha desechado- de las provincias argentinas próximas a sus límites, no ya pidiendo socorros para hacer la guerra, sino demandando su incorporación a una república que por tantos años ha estado gozando de las dulzuras de la paz.” Que razón tiene el refrán popular cuando dice: No aclares que oscurece. El principal argumento de los autores que sostienen que la correspondencia es de Lavalle es precisamente esta aclaración de Santa Cruz.

Bibliografía:

Roberto O. Fraboschi. Rosas y las relaciones exteriores con Francia e Inglaterra. En Historia de la Nación Argentina, de la Academia Nacional de la Historia, Volumen VII (2ª. Parte), Buenos Aires, 1950.
Manuel Gálvez. Vida de don Juan Manuel de Rosas, Buenos      Aires, 1972.              
Adolfo Saldías. Historia de la Confederación Argentina. Buenos Aires, 1945.





Vicente López y Planes

LA LETRA DE NUESTRO HIMNO NACIONAL y sus connotaciones monárquicas

Por: Roberto Antonio Lizarazu
Le corresponde a Adolfo Saldías en su obra “La evolución republicana durante la Revolución Argentina”, ser el primero en reparar que la letra de la “Marcha Patriótica” de Vicente López y Planes, tenía una acentuada tendencia monárquica; y que además era la expresión de la mayoría de los hombres de la dirigencia política de Buenos aires, por el año de 1813.

Dice Saldías: “Que el himno de la patria debía reflejar el sentimiento de esos días, en que el espíritu revolucionario se ponía a duras pruebas y en que sus estrofas, como el eco de un clarín providencial, debían llamar a la “lid” tremenda contra los tiranos”.

Saldías argumenta que la canción de López es en efecto, un potente grito de guerra. Pero como el mismo López lo confirma por medio de sus opiniones que dejara por escrito, el era monárquico. Para ser honestos como la gran mayoría de los que condujeron los primeros pasos de nuestra Revolución. Todos aspiraban a la independencia del país como a un bien supremo, pero esa independencia solo era posible su mantenimiento, adoptando normas de gobiernos centralistas y monárquicos. Estamos en 1813 y para las concepciones republicanas falta más de un lustro y la influencia de los integreantes de la Logia Lautaro, que terminó influyendo con sus nuevas ideas, a pesar de que varios componentes de la Lautaro eran declaradamente promonárquicos.

Que Vicente López y Planes era de ideas monárquicas, hoy por hoy ya nadie discute el tema, ni se trata de una opinión caprichosa para criticarlo o para desmerecerlo. Su propio hijo, el historiador Vicente Fidel López en su obra “Historia de la Argentina al referirse al tema de la Asamblea del año XIII y al sentido de la orientación política de la “Marcha Patriótica” que su padre compusiera la letra, expresa lo siguiente: “… los jóvenes juristas a quienes estaba librada la suerte de la Revolución, tenían su imaginación demasiado impresionada todavía con las pompas regias y episcopales del sistema colonial ; y no era natural que de pronto desecharan las visiones teatrales que se hacían de la Libertad, de la Soberanía y de la Majestad de las Naciones, cuando el único modelo de gobierno propio que habían recibido y comentado en las aulas era el de los Institutos del Derecho Romano, en cuyo estudio habían formado y fortalecido su inteligencia. “Imperatoriam majestatem non solum armis decoratum sed etiam legibus armatam oportet esse, ut ultrumque tempus et bellorum et pacis, recte possit gubenari”.

Vicente Fidel López, que de latinidad sabía un montón y respecto a las ideas de su propio padre a nadie se le puede ocurrir poner en duda su veracidad, explica con la fórmula que pronunciaban los emperadores romanos y de la cual yo intentaré una traducción personal para explicar cual era el concepto que imperaba en los hombres (la gran mayoría abogados) que nos gobernaron inmediatamente después del 25 de Mayo.

La fórmula típica en la asunción de la Majestad del Trono Imperial era la siguiente, según el suscripto: Su Imperial Majestad debe estar armado no solo de las leyes sino también adornada con los brazos (la Ley y las armas) para siempre y el conjunto (ultrumque) de la legalidad de la guerra y de la paz, para poder gobernar correctamente. Absolutismo puro y permanente.

Vicente Fidel López, nos explica que “Bastaría releer el Himno Nacional Argentino para darse cuenta de la esencia de las ideas y del espíritu del año 1813, para encontrar en cada una de sus estrofas el brillante comentario de esa fórmula de la Majestad del Trono Imperial, ahora, extrañamente engalanada con las prendas de la Libertad Política, de la Igualdad Democrática y de la Victoria Popular.”

Dice Saldías: “En efecto, la Marcha Patriótica de Vicente López comienza llamando a los mortales a oír el grito sagrado de la libertad y y para que vean en el “trono” a la noble igualdad; concepto que se acentúa en la estrofa que dice:
Sus banderas, sus armas se rinden
Por trofeos de la libertad,
Y sobre alas de gloria ALZA EL PUEBLO
TRONO digno a su REAL MAJESTAD.

Saldías hace destacar la parte de la canción que hace intervenir a la fama, que desde un polo hasta el otro hace resonar el nombre de América, para decir a los mortales:
Ya su TRONO dignísimo alzaron
Las Provincias Unidas del Sur.
Y agrega que si la creación literaria de López hubiera sido puramente hiperbólica en lo que se relaciona con el trono, bien pudo haber escrito, con mayor espíritu republicano:
Ya su FRENTE dignísima alzaron …

En apoyo de su interpretación, Saldías dio a conocer un documento que no dejaba lugar a dudas de la verdadera intención ideológica de Vicente López y Planes. Se trata de una carta que José María Roxas y Patrón, un monarquista declarado, envia a Lucio Vicente López. Lucio Vicente López, el escritor y poeta era hijo de Vicente Fidel López, el historiador, y nieto de Vicente López y Planes el autor de la letra del himno. Como una confidencia de algo que se relacionaba con su abuelo le escribe lo siguiente: “De esta manera quedaría cumplida la profecía del poeta don Vicente López, amigo íntimo de Darregueira, en la última estrofa de la hermosa canción nacional que tenemos. Esa fue su intención: lo sé, como otros, de su boca. Era de los patriotas , padres de la Revolución del 25 de Mayo de 1810, hecha con esa tendencia.”

Parecería que son unánimes las opiniones sobre este tema al cual no se le debería dar más trascendencia que la que se merece. Vicente López y Planes era monárquico y listo. Juntamente con el murciano Blas Parera y luego con las adaptaciones de Juan Pedro Esnaola, entre todos ellos, nos regalaron un bellísimo Himno Nacional.

Fuente:
  • Adolfo Saldías. La Evolución Republicana durante la Revolución Argentina”. Buenos Aires, 1963.
  • Vicente Fidel López. Historia de la Argentina. Tomo ll, Buenos Aires, 1923.




Juan Hipólito Vieytes



JUAN HIPÓLITO VIEYTES, un periodista injustamente olvidado

Por: Roberto Antonio Lizarazu

Un tema clásico en los estudios históricos del comienzo de nuestra patria es la mítica “Jabonería de Vieytes”.  Solo comparable al tema de los “paraguas” o a lo de “el pueblo quiere saber”. Es uno de esos aspectos que su sola mención nos ubica imaginariamente en esos tumultuosos e indefinidos días de mayo.

Juan Hipólito Vieytes nace el 6 de agosto de 1762 en San Antonio  de Areco y fallece en San Fernando, en la provincia de Buenos Aires, el 5 de octubre de 1815. Hijo de Don Juan Vieytes y de Petrona Mora Fernández de Agüero. Pasa su infancia en San Antonio de Areco hasta que sus padres se trasladan a Buenos Aires para que Juan Hipólito y su hermano Ramón, pudiesen cursar estudios en el Colegio Real de San Carlos de los Padres Jesuitas.

Participa activamente durante las dos invasiones inglesas, en 1806 y 1807,  con el grado de Capitán en el Cuerpo de la Legión de   Patricios Voluntarios Urbanos de Buenos Aires, donde tiene destacada participación y recibiera en ambas oportunidades, condecoraciones al valor.

Vieytes era carlotista. Era el segundo de Belgrano en ese movimiento pro monárquico. Vieytes era casado con la señora Josefa Torres y no tuvieron hijos. En cambio adoptaron una niña y un varón a quienes además de su apellido nombraron herederos de sus bienes. A la niña bautizaron con el nombre de Carlota Joaquina Vieytes y Torres en homenaje a la regente portuguesa Carlota Joaquina de Borbón, la hija de Carlos IV de España. El varón fue bautizado con el nombre de José Benjamín Vieytes y Torres, quien oportunamente fuera  un destacado médico de nuestro medio.

Luego de los sucesos de mayo de 1810, Vieytes fue designado Auditor de Guerra e inmediatamente en junio, General en Jefe del Ejército del Norte, del cual fue separado y reemplazado por Juan José Castelli al negarse a la ejecución de Santiago de Liniers. Fusilamiento realizado finalmente por orden de la Junta y cumplimentado por  Juan José Castelli

Vieytes fue comerciante, militar, intelectual autodidacta y como no podía ser de otra manera, también un destacado periodista. Tan destacado, que fue el primer criollo en dirigir un periódico notablemente exitoso en Buenos Aires y que perdurara un lustro completo. En esos momentos todo un éxito de permanencia. La mayoría de los autores no encuentran una explicación razonable a la poca trascendencia dada por nuestra historiografía, al notable aporte  realizado por Vieytes a nuestra sociedad,   a través de su extensa labor periodística.

Todos conocemos que el día del periodista se conmemora el 7 de junio, porqué en 1938 en el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, se estableció esa fecha en recuerdo del primer número de la Gazeta de Buenos Aires que se publicará el 7 de junio de 1810 y que dirigiera  Mariano Moreno.  Pero no todos los autores  están de acuerdo con esa medida. Varios de ellos opinan  que el homenaje le correspondía a la fecha en que se publicó el primer número de “El Semanario de la Agricultura, Industria  y Comercio” que dirigiera y fuera propietario Juan Hipólito Vieytes, varios años  antes que el periódico de Mariano Moreno. Exactamente desde el 1º de septiembre de 1802 hasta el 11 de febrero de 1807. Dejándose de publicar con motivo de la segunda invasión inglesa  porqué su director propietario tuvo que ocuparse de causas más apremiantes, como era  defender Buenos Aires de los ingleses.

Vieytes en el “Semanario”, desde 1802, promovió  temas fundamentales como: la educación escolar, asistencia social, reeducación de reclusos, supresión del comercio de esclavos negros, valorización e integración comunitaria de los aborígenes, aprovechamiento de las riquezas nacionales, mejoramiento de cultivos, navegación de los ríos interiores, creación de reservas y parques, libre comercio e ideas de emancipación política, económica y cultural del país. Muchos de esos temas, están aún hoy en permanente vigencia; y Vieytes ya lo planteaba desde 1802  en su “Semanario”.

La jabonería y la Sociedad Patriótica.                 

Con posterioridad a las invasiones inglesas, todo cambia y ya nada es igual en la sociedad colonial. Una de las tantas consecuencias que quedó de ellas, fue el alto grado de politización de los habitantes. Se produce una toma colectiva de conciencia de sus méritos y posibilidades. Las reuniones, tertulias, y asociaciones de diversa índole proliferaron notablemente. Una de las varias sedes donde  estas reuniones se llevaban a cabo era la Jabonería de Vieytes. En realidad la jabonería no era de Vieytes solamente. La fábrica de jabones era de Nicolás Rodríguez Peña, socio mayoritario, y de Hipólito Vieytes. El taller de la jabonería ocupaba un galpón y algunas habitaciones para la administración, todo ubicado en la manzana entre las actuales calles Tacuarí, Venezuela, México y Piedras en San Telmo y constituía el foco predilecto de reunión de los miembros de la Sociedad Patriótica que culminaría en los hechos revolucionarios de mayo. Participaban  asiduamente  Belgrano, Castelli, Moreno, Paso, French, Vieytes, Larrea, Agustín José Donado y otros.

La sociedad Patriótica había sido conformada en 1809 por Manuel Moreno, el hermano mayor de Mariano Moreno y su objetivo era la declaración de la independencia de España.  En lo que no todos sus miembros estaban de acuerdo era en la forma de gobierno a adoptar una vez lograda la independencia. En ese aspecto se fundaban todas las disidencias internas del grupo. Unos eran monárquicos Carlotistas, otros monárquicos Juntistas y los menos, como Manuel Moreno por ejemplo,  propendían a instaurar un gobierno propio y autónomo.  Los miembros de la Sociedad Patriótica hasta mayo de 1810 se
reunían en la Jabonería de Vieytes y luego de esa fecha en el Café de Marco.  Esta Sociedad perduró hasta 1813 cuando sus miembros pasaron mayoritariamente a integrar la Logia Lautaro; la que traería nuevos aires ideológicos reclamando una pronta definición política. La Logia Lautaro, a la postre, impuso sus criterios sobre el resto más dubitativo.

Cuando se comienza a dejar de lado a Fernando VII

Sabemos que desde mayo de 1810 en adelante, toda la documentación oficial y los juramentos de las autoridades, de cualquier nivel, debía ser presidida por la declaración de absoluta dependencia al señor don Fernando VII,  monarca de estas alejadas  regiones y reafirmar el vasallaje por parte de los gobernantes que firmaban el documento.
Pero el 31 de mayo de 1813, a las nueve de la mañana, se reunieron en el Fuerte los diputados electos que inaugurarían la Asamblea General Constituyente que elegirían la nueva composición del Triunvirato. Pasaron previamente por la Iglesia Catedral “… a efectos de implorar el auxilio divino en el manejo de los negocios.”
“Terminada la ceremonia religiosa, se procedió a tomar juramento a los diputados. Al efecto se colocaron tres sillas en el presbiterio, y un sitial sobre el que se colocó el libro de los Santos Evangelios. Ocupadas las sillas por los triunviros, éstos procedieron a recibir el juramento de los diputados, de dos en dos, y con la siguiente fórmula: Jurad Vmds. Por Dios Nuestro Señor, sobre los Santos Evangelios y prometen a la Patria desempeñar fiel y exactamente los deberes del sublime cargo a que los han elevado los Pueblos, sosteniendo la Religión Católica y promoviendo los derechos de la causa del país y felicidad común de América.” (1)

¿Y la fidelidad a Fernando VII? Ya era hora, que corte de manga notable. Se comienza a gestar en 1813, precisamente en ese momento, lo que se ratificaría en 1816.

Este feliz y trascendente acontecimiento, que no fue menor, lo menciono en este comentario porqué uno de los tres firmantes por Buenos Aires, fue nuestro personaje de hoy: El criollo Juan Hipólito Vieytes, juntamente con Vicente López y Planes y el canónigo Juan Valentín Gómez. También es verdad que quien tuvo el honor de ser el primer firmante (con corte de manga incluido) de ese documento fue la provincia de Corrientes.  Porqué   el diputado representante de la Provincia de Corrientes, nuestro Carlos María de Alvear, fue el primero en hacerlo. Honor a todos ellos. Reitero, en ese momento comienza el proceso que finalizaría en 1816 con la Declaración de la Independencia.

Observaciones: Vmds. es el plural de Vmd. Como los juramentos se hacían de dos en dos. Quería decir Vuestras mercedes

Fuente Documental: (1) Vicente D. Sierra. Historia de la Argentina. Los primeros Gobiernos Patrios (1810-1813) Tomo V, páginas 597 y 598.