La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



jueves, 11 de junio de 2015

EL GRAVOSO “IMPUESTO A LA DISTANCIA


Por: C.P.N. Carlos Andrés Ortiz. Analista de Temas Económicos y Geopolíticos.

El costo de la distancia es un pesado lastre, que frena el desarrollo de las “provincias periféricas” de nuestro país, habida cuenta que los grandes centros de producción y consumo, están concentrados en el área que se puede llamar “el país central”, que configura la extensa franja del territorio continental argentino, que de este a oeste incluye la riquísima Pampa Húmeda y algunas zonas circundantes (como el centro-sur de Entre Ríos), Cuyo, y poco más.

A grandes rasgos, excluidas la Patagonia y el Norte Grande de esa privilegiada mega Región Central, los factores de virtual exclusión son varios, siendo la distancia y sus costos (medibles en moneda y en tiempo), uno de los principales.

Centrando el análisis en la realidad de Misiones, dos factores –vinculados a la distancia geográfica- inciden muy negativamente para restar competitividad a esta provincia, manteniéndola atada al subdesarrollo de la economía primaria, con muy poco desarrollo industrial. Sin desarrollo e industrialización no habrá trabajo bien pago para las nuevas generaciones que año a año se incorporan al mercado laboral en esta pequeña pero dinámica provincia, que pugna por crecer pese al encorsetamiento de los costos de la distancia, y otros factores discriminativos del unitarismo portuario aun vigente en Argentina.

Sin entrar en análisis históricos, que podrán hacerse separadamente, los precios diferenciales mucho más elevados, que pagamos por los combustibles, son un factor de inequidad que lleva cuatro décadas largas de vigencia.

El otro factor que atenta fuertemente contra la competitividad de la economía de Misiones, es la dependencia monopólica de los muy costosos fletes del transporte carretero, que ante la carencia de alternativas (falta el ferrocarril y el transporte fluvial) y las grandes distancias que deben cubrirse en un país de dimensiones continentales como el nuestro, y con los grandes mercados internos y centros productores ubicados a grandes distancias, ese contexto encarece toda la actividad económica en esta provincia.
Ambos factores de sobrecostos están entre las principales causas del muy bajo nivel de industrialización de Misiones, constituyéndose en limitantes estructurales que atentan directamente contra el desarrollo, y por ende, contra el nivel de empleo y de vida de nuestra población. Es conocido que el nivel de remuneraciones en todo el Norte Grande es inferior al vigente en la gran Región Central, y mucho menor que el promedio patagónico.

No solo el pobre desarrollo industrial de Misiones es un indicador irrefutable (solo dos grandes papeleras salen del esquema de pequeñas industrias de baja tecnología, procesadoras de materias primas locales, como yerba y té, además de algunas pequeñas fábricas casi artesanales); sino que un elemental análisis comparativo demuestra en forma inobjetable, que el concepto “industria” es casi desconocido en esta hermosa pero marginada provincia.

Es un concepto casi inhallable en los discursos de campaña o en las pocas plataformas electorales presentadas; y también es una rareza en las agrupaciones y planteos públicos de sectores empresarios y gremiales.
Suele ser moneda corriente que para los municipios, sus autoridades y candidatos a serlo, el concepto de industria no vaya mucho más lejos que el de algún secadero de té o procesadora de yerba mate, y lo digo con conocimiento de causa, después de haber asistido invitado a disertar o participar en debates en varios municipios, hace no muchos años.

Seguramente la poca competitividad de la economía misionera, por los mencionados sobre costos de los combustibles y los muy onerosos fletes de camiones, además de la inexistencia actual de gas natural, son los factores principales que impiden el necesario despegue industrial de esta provincia; situación de atraso crónico que por otra parte, está muy bien vista por el muy activo ecoterrorismo, siempre opuesto a toda iniciativa de desarrollo socio económico, y siempre “ignorante” de los terribles efectos ambientales del subdesarrollo crónico.

La economía de Misiones representa poco más del 2 % del PBI nacional. Si nuestro nivel de desarrollo industrial fuese similar a la media que viene registrándose a nivel nacional, esta provincia debería tener como mínimo el 2 % de los parques industriales existentes en toda Argentina. A fines del año 2014, existían 371 parques industriales en funcionamiento en el país.

Si tuviéramos el 2 % de ellos radicados acá, Misiones debería tener 7 u 8 parques industriales. La realidad contrasta severamente, apenas tenemos uno, que además no termina de “arrancar”, con muy pocas inversiones concretadas, y todas de baja tecnología y reducidos montos. Salvo que se haga calificar, a pequeños espacios comunales (incluso de solo una ha.), de un terreno baldío sin mejoras, en los que se instalaron incluso empresas comerciales –no manufactureras-, a los que algunos municipios llegaron a declarar pomposamente como “parques industriales, seguramente por desconocimiento del tema y voluntarismo puro de pobres efectos.

Es un tema que amerita sobradamente ser considerado prioritario. Claro está que para un desarrollo industrial en serio, necesitaremos mucha energía eléctrica adicional, segura, confiable, y en lo posible económica. Las irracionales oposiciones a las construcciones de nuevas –e imprescindibles- grandes centrales hidroeléctricas, planificadas en esta provincia y su entorno cercano, son otras muestras de la irracionalidad total, de los planteos repetidos y vociferados por ciertas “dirigencias” que en los hechos no califican como tales. Los planteos obstruccionistas, de corte cavernario, que son tan moneda corriente en esta provincia, contrastan con la iniciativa, dedicación y espíritu progresista, que por el contrario parecerían caracterizar a las dirigencias patagónicas.

Si no cambia la mentalidad imperante (con pocas honrosas excepciones), perderemos el tren de la historia. Así de simple…y preocupante.




lunes, 11 de mayo de 2015


ROBO DE NIÑOS PARAGUAYOS EN LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA. CASO DEL ALMIRANTE MANUEL DOMECQ GARCÍA
 
 

P
or: Prudencio Martínez Zuviría

Robo de niños (Guerra del Paraguay)

Desde el inicio de la guerra del Paraguay y las primeras acciones, muchos oficiales aliados robaban prisioneros que eran vendidos como esclavos en brasil o como sirvientes en la argentina. La documentación al respecto no deja dudas. El propio Mitre confirma robo de prisioneros en nota al vicepresidente Marcos Paz en carta del 4 de octubre de 1865, en que le da cuenta de la disminución del número de prisioneros tomados en las acciones de uruguayana.

“Nuestro lote de prisioneros en Uruguayana fue de poco más de 1.400. Extrañará a usted el número, que debiera ser más; pero por parte de la caballería brasileña hubo tal robo de prisioneros que por lo menos arrebataron 800 o 1.000 de ellos, lo que muestra a usted el desorden de esa tropa, la falta de energía de sus jefes y la corrupción de esa gente, pues los robaron para esclavos, hasta hoy andan robando y comprando prisioneros. El comandante Guimaraes, jefe de una brigada brasileña, me decía el otro día que en las calles de Uruguayana tenía que andar diciendo que no era paraguayo para que no lo robaran” (Carta de Mitre a Marcos Paz - 4 de octubre de 1865 - JMR. La guerra del Paraguay.p.239)

Esta conducta perversa se mantuvo a lo largo del conflicto, lo que provocó enérgicas protestas de Solano López, desmentidas cínicamente Mitre y otros jefes aliados.

Durante la ocupación y saqueo de Asunción en febrero de 1869, los brasileños que entraron a la ciudad se dedicaron al sistemático saqueo y otros crímenes aberrantes, saqueando hasta las tumbas del cementerio. Las tropas argentinas se mantuvieron inactivas en las afueras de asunción, mientras la soldadesca brasileña se dedicaba a violar mujeres, robar templos y hasta delegaciones extrajeras, como para que el saqueo sea “más democrático”.

El presidente Sarmiento, con vistas a la historia, aprueba este proceder del General Emilio Mitre: “Aplaudo la determinación prudentísima de Ud. de no entrar en Asunción, dejando a la soldadesca brasileña robar a sus anchas. Esta guerra tomará proporciones colosales en la historia y es bueno que nuestro nombre figure limpio de reproche” (Sarmiento a Emilio Mitre. Buenos Aires, 21 de enero de 1969- Obras Completas, 10 tomos. Buenos Aires 1888-1913) Extraña actitud de Sarmiento felicitando y aplaudiendo al jefe Argentino “dejando a la soldadesca robar a sus anchas” la ciudad tomada. 
Efectivamente saquearon a sus anchas la ciudad, donde arrancan hasta puertas y ventanas de algún valor, y quemando el resto, para cargarlos en la rada del puerto en los barcos, que a carga completa, conducían el producto del saqueo hasta Río de Janeiro o Buenos Aires, donde eran rematadas al mejor postor. Esto fue tan a cara descubierta, que el propio príncipe de su Alteza Real y yerno de Pedro II, más conocido como el sádico Conde D´Eu, en su visita a Sarmiento que lo recibe en la Casa de Gobierno con motivo de la inauguración del nuevo mobiliario y tapicería francesa de la Casa de Gobierno, deja asentado en su diario: “se dice que pertenecieron a López” (Archivo del conde d´Eu. Archivo de la familia real en Petrópolis).

“Novecientas mujeres que cayeron en poder de los brasileños fueron víctimas de la lascivia de la soldadesca…Los brasileños, posesionados de la ciudad, se entregaron al más implacable saqueo y devastación. Ni las legaciones, ni los consulados, ni los sepulcros, ni las iglesias fueron respetados. La tarea destructora siguió varios días. Durante la noche, las casas de fácil combustión, incendiadas después de saqueadas, y grandes fogatas alimentadas por los muebles sin valor y por puertas y ventanas, alumbraban el cortejo de vehículos que transportaban hasta los buques los frutos del saqueo. Las embarcaciones zarparon hacia Buenos Aires y Río de Janeiro repletas de objetos de valor. La escuadra brasileña también se prestó a esa tarea”  (Cardozo, Efraín. “Paraguay independiente”.p.245, en Historia de América y de los pueblos americanos, dirigida por Antonio Ballesteros y Beretta. t.XXI. Barcelona 1949).

A esta salvajada, llevada a cabo por “los civilizadores de Paraguay”, no escaparon los niños paraguayos de la más corta edad, que durante el saqueo deambulaban desorientados por las calles de Asunción, ya huérfanos o separados de sus padres y parientes, y que fueron víctimas del robo o secuestro para ser canjeados o vendidos en el lugar, o trasladados como esclavos y sirvientes.

La historia nos da muchos nombres de niños que fueron secuestrados y llevados a los países vecinos, como los casos de Ramón Grance, Mateo Rivas, José Cantero o Manuel Domecq García. Otros quedaron perdidos en las oscuras páginas del pasado, pues no solo fueron secuestrados sino robadas sus propias identidades. Relatos de sobrevivientes refieren estos hechos lamentables, donde cientos de niños harapientos y famélicos eran secuestrados por la soldadesca y llevados aguas abajo por miembros de los ejércitos invasores, en medio de dramáticas escenas de parte de sus parientes, imposibilitados de evitar tal despojo, pues fuertes cordones de soldados no dejaban acercarse a parientes y conocidos para despedirse de los desgraciados.

Bartolomé Yegros, paraguayo niño en aquella época, y que sobrevivió a la tragedia, nos deja el siguiente testimonio:
"Yo contaba entonces nueve años de edad. Centenares de criaturas hambrientas y desparramadas llegaban de la campaña a la capital, tras los peregrinos que regresaban de los desiertos, extraviados por causas múltiples, de nuestras familias o tutores, rastreándolos inútilmente. Y amedrentados por los que robaban niños en la ciudad, los que podíamos escapar a estas persecuciones huíamos de nuevo al interior, vagando hasta encontrar alguna persona piadosa en las poblaciones cercanas, que habían sido abandonadas y empezaban de nuevo a ser pobladas”.

"Esta caza de menores había durado de 1869 a 1870, o hasta más tarde. Yo retrocedí hasta el pueblo de Capiatá, amparándome en una señora de la familia de Mongelós, hasta que una única hermana mía regresó de Cerro Corá, y hubo de recogerme consigo en la capital. Mis hermanos varones sucumbieron todos. El hecho que dejo relatado no puede considerarse un caso aislado, porque lo realizaban sistemáticamente, pues los mismos soldados argentinos salían a recorrer las calles, en busca de pequeños errantes, o de los hijos de los mismos vecinos, que habían vuelto a ocupar sus casas, para llevarlos a distribuir después, en son de dádiva, a sus familiares, como trofeos vivientes o como "cautivos". He tenido ocasión de conocer a muchos de esos desgraciados, tanto en la capital federal argentina, como en los pueblos de las provincias, antes y después que permanecí en el ejército de dicho país".

El ñiño Manuel Domecq García

El caso del niño Manuel Domecq García es relevante, pues con el tiempo llegó a ser una personalidad notable y respetadísima en la sociedad argentina. Había nacido en el pueblo de Tobatí el 12 de junio de 1859 y, con apenas seis años, fue arrastrado por la vorágine de la guerra. Su padre, Tomás Domecq, médico militar, perdió la vida en el cerco de Humaitá, en 1868, y su madre, doña Eugenia García Ramos de Domecq, habría fallecido en la batalla de Peribebui del 12 de agosto de 1869 o a causa de las penurias siguiendo al ejército paraguayo como residenta.

Con las fuerzas aliadas llegaron al país numerosas familias que, hasta entonces, vivían en el exilio, como el caso de la familia Decoud Domecq, conformado por don Juan Francisco Decoud, segundo jefe de la Legión Paraguaya (1), y su esposa, doña Concepción Domecq de Decoud, padres de don José Segundo Decoud Domecq, periodista, convencional de 1870 y ministro de Estado , Juan José, Adolfo, Diógenes y Héctor Francisco Decoud Domecq.

Según un informe proporcionado por la propia señora Concepción Domecq de Decoud al doctor Estanislao Zeballos, el niño Manuel Domecq García había sido recogido por soldados de las fuerzas brasileñas de ocupación. "Después del regreso de las familias a la Asunción, cuenta el doctor Zeballos, una noche que en la casa del señor Decoud (Juan Francisco) se celebraba una comida en regocijo de la reunión de la familia, llamaron a la puerta unos brasileños. Salió el joven José Segundo a inquirirse del objeto de la visita, y ellos dijeron que querían hablar con la señora”.
Cuando doña Concepción se presentó, ella con dos de sus hijos, se desarrolló el siguiente diálogo:
- Usted busca un sobrino, señora; nosotros lo tenemos".
- Traiganlo, pues". 
- Es necesario que nos pague el servicio"
- Tráiganlo, les daré una libra esterlina (una cifra elevada, en la época)".

Los brasileños se negaron a entregar al niño por esa suma y recién luego de varios minutos de puja, se acordó la entrega, cuando la señora de Decoud ofreció entregar ocho libras esterlinas por el rescate del niño, quien se encontraba escondido en una carpa en el campamento brasileño.

Ante la ausencia de los padres del niño Manuel Tomás Domecq García y de su hermana Eugenia, de unos cinco años, también rescatada por sus tíos, y ante el clima de desolación que se vivía en Asunción, los niños fueron enviados a la Argentina para ser criados por un tío materno, don Manuel García Ramos, fuerte estanciero de la época. 

En un momento dado del largo viaje a la Argentina, el pequeño Manuel Domecq se extravío, ante la desesperación de la persona que los trasladaba. Los esfuerzos por encontrarlos no tuvieron resultado y continuaron viaje a Buenos Aires comunicando al don Manuel García Ramos de la desaparición del niño.

Don Manuel recurrió entones a cuanto recurso estaba a su alcance para recuperar a su sobrino.. Apeló a muchos amigos, tanto en la Argentina, como en Uruguay y en Brasil. Logró que las autoridades emitieran un bando que decía así:
"Circular. Dirigida a varios Jefes y Oficiales del Ejército Aliado en operaciones en el Paraguay y otras personas residentes en el mismo País, pidiendo noticias del niño Manuel Domecq que se ha extraviado.

Se suplica a cualquiera persona a cuyas manos llegue este impreso, que si tiene alguna noticia del paradero del niño Manuel Domecq de diez años, blanco, ojos negros, pelo negro; tenga la bondad de transmitirla al señor Comisionado Argentino en la Asunción Coronel D. Pedro José Agüero, directamente si le es posible y si no al jefe más inmediato, a quien también se pide que haga llegar la noticia a dicho Coronel.
Este niño venía con la señora a cuyo cargo hallaba, entre un grupo de familias que fueron recogidas por las fuerzas aliadas en el mes de agosto próximo pasado. Durante la marcha a pie para la estación de Ferrocarril el niño se cansó o se enfermó y un oficial brasilero lo tomó en ancas de su caballo y en la confusión se extravió, no pudiendo darse con él hasta ahora.
"La familia que se encuentra desolada con la pérdida de este niño agradecerá profundamente y gratificará a la persona que le proporcione indicaciones sobre su paradero. "En Buenos Aires puede ocurrirse a la calle Perú esquina Rivadavia".

Este bando se repartió por todas partes, pero, por suerte, tuvo efecto y, luego de cuatro meses de angustiosa espera, el niño Manuel Tomas Domecq García pudo reunirse con la familia de su tío. 

¿Qué pasó con el niño, el tiempo que estuvo nuevamente desaparecido? Cuando viajaba para reunirse con su tío Manuel García Ramos, el niño sube a la grupa del caballo de un oficial brasileño, quien le llevó al Brasil, donde fue recogido por mariscal Luis Alves de Lima e Silva, duque de Caxías, quien llegó a encariñarse tanto con él que quiso adoptarlo.
Luego sus familiares lo localizaron y su tío viajó al Brasil a rescatarlo. Ya en Buenos Aires, el niño Manuel y su hermana Eugenia, pasaron a vivir en la casa de una hermana de su madre, doña Demófila García Ramos de Lanús.

El hombre Manuel Domeq Garía

A partir de entonces la historia de Manuel Domeq Garcia es un poco mas conocida o facil de rastrear, pero vale la pena hacer una breve reseña sobre la actuación de este hombre notable.
En 1877, de joven, ingresa a la Escuela Naval Argentina fundada en 1873, y que por entonces funcionaba en el buque Almirante Brown, destacándose como alumno y egresando como el primero de su promoción.
Ya egresado participa en varias expediciones de relevamientos hidrográficos en los ríos Paraná, Iguazu y Pilcomayo, que lo convierten en un experimentado conocedor de esos ríos, ingresando en 1886 a la Comisión Argentina de Limites con Brasil, a las órdenes del comandante Valentin Virasoro, efectuando relevamientos de los ríos San Antonio y Pepiry-Guazu.
Posteriormente, este paraguayo nacionalizado argentino, es encargado de varias funciones relevantes por parte el gobierno argentino.
. Es enviado a Europa para contratar la construcción de la fragata Sarmiento, destinada a ser buque escuela de la Armada Argentina. Luego de estudiar las diversas propuestas de astilleros europeos, finalmente, en 1896, se contrató con la firma Laird Brothers, establecida en Birkenhead, Inglaterra. Terminada la construcción de la fragata Sarmiento, Domecq retornó a su país, siendo designado comandante en Jefe de la División del Río de la Plata.
Luego el gobierno del general Julio Argentino Roca lo designa presidente de la omisión argentina encargada de la construcción de los cruceros acorazados Moreno y Rivadavia en los astilleros Gio Ansaldo de Génova. Pese la muerte por entonces de su hija mayor, se dedicó de lleno a la fiscalización de la construcción de estos dos buques, los más avanzados de la época en materia naval, además de otros ya entregados a la Armada Argentina: Garibaldi, San Martín, Belgrano y Pueyrredón. (2)

El destino final de aquellos buques no seria la Armada Argentina, por cuanto en 1902 la Argentina firmó con Chile un pacto de desarme y de equiparación del poder naval de ambos países, y los acorazos terminados de construir en 1904 fueron vendidos al Imperio del Japón. Domecq García, como jefe de la Misión Naval en Génova, fue el encargado de entregar los buques a los enviados japoneses, que rebautizaron los acorazados con los nombres de Kasuga y Nisshin. Durante la guerra Ruso-japonesa, el Imperio de Japón invita a la Argentina a que designase un oficial de la Armada como observador de esa guerra. La designación recayó en Manuel Domecq García, quien desde Génova se trasladó hasta el escenario de guerra, permaneciendo en el teatro de la guerra durante dos años, donde embarcado presenció varios combares navales. Regresa a la Argentina en mayo de 1906

El 19 de mayo de 1908, a los cuarenta y nueve años, Manuel Tomás Domecq García recibió las palmas del almirantazgo al ser ascendido a Contralmirante, luego de una larga postergación como capitán de navío, prestando servicios en la Armada en diferentes destinos.

El 17 de diciembre de 1908, el presidente Figueroa Alcorta le designara Presidente de la Comisión Naval en Europa, para estudiar las propuestas y recoger informes de los distintos astilleros que construirían buques para reforzar el poder naval argentino.

Con ese objeto viajó nuevamente a Europa y Estados Unidos, donde encargó la construcción de los dos buques de guerra más grandes del mundo en ese momento y que costaron al país cinco millones de libras esterlinas. Estos dos acorazados fueron nuevamente bautizados con los nombres Moreno y Rivadavia.

Luego de tres años al frente de la misión naval en los EE.UU., Domecq García retornó a la Argentina, siendo designado comandante en jefe de la Escuadra de Mar. Comandó el acorazado Moreno, y ya con el grado de Vicealmirante, comandó el buque insignia argentino, el acorazado Rivadavia.

En 1922, el doctor Marcelo Torcuato de Alvear fue elegido presidente de la República y designa Ministro de Marina al marino más prestigioso del momento: Manuel Domecq García. Desde sus funciones ministeriales, Domecq García fue factor preponderante de la modernización de la Armada Argentina, que vio incrementar su flota, especialmente por la adquisición de submarinos, que se sumaron a la flota argentina, algunos años más tarde.

Tanto el presidente Alvear como el almirante Domecq García alentaron la construcción de submarinos por la Armada Argentina y promovieron el equipamiento de un astillero especial. Ese astillero fue bautizado con el nombre de su principal mentor: "Astillero Ministro Manuel Domecq García", y que actualmente se halla ubicado en la costanera Sur del la Capitall Federal.

También fue uno de los fundadores, durante su juventud, del Centro Naval argentino. En 1912, fue uno de los propulsores de la creación de la Aeronáutica.

Como Ministro de Marina de la República Argentina, Manuel Domecq García fue el redactor, entre otras cosas, del proyecto de acuerdo con la República del Uruguay para la determinación de la jurisdicción de ambos países. Impulsa la formación de la Marina Mercante argentina de ultramar; la explotación de minerales ferrosos y plumbíferos de la mina Valcheta, entre otras realizaciones.

Siendo Ministro, y por cumplir el límite de edad, se retiró de la actividad naval. Retirado de la actividad pública, los gobiernos que vinieron supieron recurrir a su experiencia. El rey Jorge V de Inglaterra le honró con la condecoración de Caballero del Imperio Británico.

Cuando estalló la guerra que ensangrentó a las Repúblicas de Paraguay y Bolivia (1932-1935), el almirante Domecq García, tan unido al Paraguay por lazos de sangre y amistad, adhirió a la suerte paraguaya y fue uno de los principales promotores de la ayuda argentina al Paraguay. Fue personalmente fundador de la Asociación Fraternal Pro Cruz Roja Paraguaya, que envió al frente uniformes, frazadas, alimentos, etc. Integra, como asesor especial, la Comisión Argentina que, presidida por el Canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas, que logró finalmente el acuerdo de paz entre los beligerantes, firmado en Buenos Aires el 12 de junio de 1935.

En la posguerra, el almirante Domecq García siguió fiel a sus lazos de amistad hacia el Paraguay. Ante el desesperado pedido del general José Félix Estigarribia, prisionero luego del derrocamiento del presidente Eusebio Ayala, acogió en su domicilio a la esposa y a la hija del héroe paraguayo y se ocupó en movilizar a las autoridades de la Argentina y de Brasil, hasta obtener finalmente su libertad.

En 1938, Domecq García fue uno de los propulsores de la candidatura del general Estigarribia a la presidencia de la República del Paraguay, diciéndole, entre otras cosas: "...así como en la guerra pasada se movilizó el pueblo entero del Paraguay para defenderlo, Ud. debe movilizar en su gobierno, si es que llega como lo deseo, a ese mismo pueblo para el trabajo, para que la pala y el pico, en lugar del fusil, sean las armas del progreso".

Manuel Domeq Garcia fallece el 11 de enero de 1951, a los noventa y dos años de edad, dejando al morir, en herencia, una casa hipotecada, un automóvil de veinte años de antigüedad, sus uniformes, sus cartas, sus galardones y el recuerdo y admiración de algunos de sus compatriotas argentinos.

(1) La Legión Paraguaya estaba formada por disidentes paraguayos que participaron en la guerra en contra de Paraguay, sostenidos por los aliados.
(2) Lamentamos que algunos buques hayan sido bautizados con nombres como Sarmiento, Rivadavia o Garibaldi. Fte. Leonardo Castgnino. La guerra del Paraguay.






miércoles, 6 de mayo de 2015


Esa arraigada vocación de súbditos.

 

Por: Alberto Medina Méndez

 

Que la política hace de las suyas no requiere de demasiada demostración. En todo caso, debería preocupar la verdadera causa de esas andanzas.

En algunas sociedades más serias, la política tiene un margen mas acotado, sus errores y excesos encuentran límites, y no porque sus dirigentes no lo intenten, sino porque la ciudadanía no lo permite y, frente a determinadas posturas, los repudia electoralmente dejándolos fuera de carrera.

 

Cuando se aborda el dilema desde esta perspectiva, se comprende bastante mejor lo que está sucediendo. El problema no es solamente la inmoralidad de los que se abusan, sino también la pasividad de los que se dejan oprimir.

Esto no se consigue sin la complicidad de la gente. Por eso es vital revisar las actitudes propias. En la actualidad, el sometimiento ya no se logra con la fuerza bruta, sino con sutiles estrategias de manipulación psicológica.

La política lo sabe y las usa a discreción con toda la potencia que le resulta posible. Así logra imponer conductas, establecer reglas y, sobre todo, diseñar el camino que le resulta más funcional a sus mezquinos intereses.

El asunto pasa por no enredarse en esa madeja. Pero para eso resulta clave tener la autoestima en el lugar adecuado. Claro que los políticos se ocupan de menoscabarla a diario, desgastándola permanentemente y evitando, de ese modo, cualquier tipo de insurrección por menor que ella parezca.

La rebeldía es una virtud. No tiene que ver con oponerse a todo, sino con tener criterio propio, analizar cada cuestión sin condicionamientos y actuar de acuerdo a la visión personal, esa que puede alinear discurso y acción.

Muchos asuntos no parecen tener salida, al menos no en el corto plazo. La sumisión comienza cuando esa mansedumbre se convierte en crónica y serial, anulando la más elemental capacidad de plantearse alternativas.

Lamentablemente esta postura es demasiado frecuente hoy y no solo, como suponen algunos ingenuos, en los sectores más débiles de la sociedad. La vocación de esclavo no distingue género, edad, ni tampoco condición social. Las pruebas abundan y están a la vista todos los días.

La primera parte de la solución implica entender lo que sucede. Sin un diagnóstico contundente es imposible pensar en revertir el sendero actual.

La inmensa mayoría de la gente cree que todo lo que ocurre es producto de la crueldad de la política y la inmoralidad de sus dirigentes. Si bien eso es parcialmente cierto, la sociedad debe renunciar a esa indigna costumbre de buscar culpables afuera antes de admitir su importante cuota de responsabilidad en todo  lo que acontece.

Si se lograra asumir esa situación, y comprender que el presente tiene mucho que ver con todo lo incorrecto que se hace siempre, se habría ganado la primera de las batallas. Tal vez no sea la más importante, pero sin duda alguna, la imprescindible para poder transitar la siguiente.

Luego vendrá el tiempo de examinar los comportamientos propios. Un repaso por lo habitual mostrará con claridad, como esta ciudadanía termina aceptando todo lo ofrecido como si no existiera otro modo de lograrlo.

No es necesario buscar ejemplos en la política mayor, en esas cuestiones de Estado. En los temas más simples, en lo mundano, pululan anécdotas que dan cuenta de como el conformismo le gana al desafío de la superación.

La dinámica vigente para la recolección de residuos, el sistema de transporte de pasajeros, los inconvenientes en el tránsito de una ciudad son temas domésticos y sobre los cuales la sociedad solo se queja, sin actuar sobre el asunto, aceptando las excusas de los políticos, la supuesta sabiduría de los técnicos y la inercia ideológica de los intelectuales de turno.

El reto es cuestionar, animarse a dejar atrás la comodidad que propone la resignación y apelar a la creativa fórmula de proponer variantes. Nada de lo que se hace hoy tiene que continuar de igual forma. Si no satisface las expectativas, no resulta útil, ni resuelve el problema, siempre merece ser fuertemente objetado hasta encontrar una alternativa superior.

El pensamiento de esclavo invita a la sociedad a la quietud del acatamiento. Ese proceder es nocivo y adictivo e incita a reiterarlo hasta el infinito. La política contemporánea, astuta observadora de las múltiples debilidades humanas, muestra allí lo peor de sí misma, utilizando este mecanismo ruin para sus fines, con absoluta ferocidad y falta de escrúpulos.

Es ella la que alimenta la resignación e insiste señalando limitaciones falsas, esas que hacen suponer a muchos que todo debe seguir igual. Es bajo ese paradigma que no modifican el perverso régimen electoral imperante, ni están dispuestos a transparentar lo que gastan con dineros públicos.

Se saquea a los que producen para distribuir el resultado de su esfuerzo a los que parasitan. Es difícil entender la lógica de los generadores de riqueza. Su actitud dócil para con el sistema no tiene consistencia con su eterno esmero por progresar. Son ellos tal vez los que tienen más responsabilidad en esta etapa. Si pudieran dejar de ser pusilánimes, posiblemente otro sería el presente.

La política mal entendida, apuesta a que la sociedad acepte, sin protestar, todo lo que ocurre y solo deba bajar la cabeza frente a los atropellos cotidianos. Ellos saben lo que hacen, por eso insisten con esta receta que les ha dado resultado. Concentran el poder en sus manos y convencen a la sociedad para que todo siga funcionando así, como hasta ahora.

El problema no es la política, tampoco sus dirigentes. El tema es bastante más simple. Esto continuará del mismo modo hasta que la sociedad no reaccione con inteligencia y coraje para abandonar definitivamente esa arraigada vocación de súbditos.







sábado, 2 de mayo de 2015















DÍA DEL TRABAJO Y BAUTISMO DE FUEGO DE LA FUERZA AÉREA‏ ARGENTINA



Por: Doctor Oscar Abudara Bini
Estimados
Hoy se festeja el día del Trabajo, cosa que nos compete porque "trabajamos" y vaya si lo hacemos.
También se conmemora el día del bautismo de fuego de la Fuerza Aérea en Malvinas y como cada día se "trabaja y lucha" por la Resistencia ante el adversario británico que nos honra con sus incursiones ora militares ora políticas desde 1763, mas de 2 siglos.
Muchos nos preguntan, suponiendo que tenemos especial conocimiento sobre defensa, cuando en realidad solo hacemos el trabajo de un argentino común. Y la pregunta del millón es: ¿Qué hay de nuevo real y esencialmente en términos de defensa en la década?
Muchas cosas respecto a Malvinas, la mayoría por ustedes cabalmente conocidas como el recupero de una agenda combativa en el plano político y diplomático y la consagración del tema con el apoyo de la casi totalidad de latinoamérica y muchos países del extranjero.  Pero la pregunta esencial que apunta a la madre del borrego es:
¿A qué se hace referencia cuando se dice, todavía tibia y tímidamente Neo Opción Militar?
La escena del confronte de 1982 tuvo un encuadramiento de nuestra Nación en los términos reinantes en ese entonces, el de una subordinación absoluta a los EEUU, una dependencia sideral de Inglaterra y una carencia absoluta de alianzas militares.  Por eso la real ecuación del enfrentamiento fue de 4 contra 1.
 Los Cuatro Grandes que condujeron la invasión fueron de menor a mayor, primero Chile, segundo Francia, tercero Inglaterra y cuarto EEUU.
Gran parte de la campaña de desinformación masiva ha logrado escamotear el rol de los EEUU en Malvinas y quienes fueron los operadores del mas alto nivel que intervinieron, empezando por el propio presidente Reagan en su famoso llamado telefónico, siguiendo por el Caballo de Troya del general Haig pero el hombre de la auténtica manipulación de las autoridades del "Proceso" y el de las relaciones carnales con nuestra dirigencia política, especialmente Frondizy y Alfonsín fue el número l de la CIA, el general Vernon Walters.
Ustedes seguramente tienen como piedra inaugural de Opciones Militares de Supremo voltaje sin disparar un tiro al paradigma de la crisis de los misiles en la Cuba de los 69. Sin embargo en la guerra contra Siria tenemos el ejemplo mas reciente de una Neo Opción militar nuevamente tanto o mayor que la de los misiles, pero todavía poco estudiada y menos difundida.
Lo que hoy se vende y promociona como altísima hipermilitarización británica en Malvinas y orfandad de la mayor indefension argenta es verdad, pero lo es en la parte mas superficial del iceberg, esa que asoma su nariz por fuera del agua.
No sin sorna ni sin cinismo hemos salido a "defender" los gritos de urraca británicos asegurando que en nuestro tentativo diagnóstico profesional, no son quejas conspirativas paranoicas sino cabal evaluación de una Neo Opción Militar que ellos mejor que nadie comprenden.
¿Cómo hablar de Opciones Militares Neos si no tenemos un rifle churrinche y nuestros aviones apenas despegan para un paseito?
Hasta un adversario de fuste como Rosendo Fraga de forma medida y un James Neilsen de manera brutal, están revelando que la Neo Opción MIitar argenta está dependiendo, bien sabe el enemigo de una alianza estratégica argenta política con Latinoamérica pero económico militar con rusos y chinos.
La militaria desplegada por los británicos en el Atlántico Sur es tan demodée como la que exhibió impúdicamente EEUU y sus aliados franco británicos ante las costas de Siria. Es ante estos sistemas de armas vetustos que Putin en viaje personal a Washington le dijo al oido a Obama "al minuto que dispares un Tomahawk con velocidad de tortuga te lo paro en vuelo con una combinación del satélite chino con nuestra defensa costera". Y "querido Barack" (dijo un Vladimir conciliador) "tu no soportarás el hundimiento de dos fragatas y los sirios están en condiciones de soportar 3 millones de muertos, recuerda la Cuba del 62"
Con buen tino se pregunta Rosendo Fraga en un artículo infortunadamente poco leído: ¿El próximo gobierno mantendrá esta tendencia al Rearme de toda índoles de la Argentina iniciado por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner? No lo sabe Rosendo Fraga y no lo sabemos nosotros.
¡Lo que sí sabemos es que la agenda miltiar propiamente dicha de nuevos "fierros" (aviones y otras yerbas) y una agenda geo militar de alianzas de alto vuelo (rusos, chinos, bases de Neuquén) ha sido instalada y correrá hasta el último día de este gobierno!
Volvamos a lo que hoy se conmemora aunque hayamos ido primero al presente y al futuro para volver al pasado con nuevos brios. ¡No otra cosa es el real psicoanálisis aunque haya tanto psicologismo por doquier que pretenda convencerlos que la historia de una persona o de un pueblo marcha del pasado al presente y al futuro!
Para el score real de Malvinas 82, preferimos aludir a la opinión calificada de altos oficiales británicos como el general Juliam Thompson y el  Almirante Sandy Woodward. Bien conocen ustedes la necesidad de distinguir entre la Capitulación Militar del 14 de junio y la Derrota Político Culrural que comenzó el mismo día iniciando la desmalvinziación por extrema derecha con el general antiCristiano Nicolaides, duplicada luego en democracia por Afonsín y coronada con el desmantelamiento de ambos patrimonios militares por Menem (el militar propiamente dicho y el dual, aquel que sirve para la paz como para la guerra comno FFCC)
 Para una calificación del rol de la aviación argentina, me parece que podemos tener en cuenta la opinión de Pierre Closterman.
Closterman peleó en la ll Guerra Mundial defendiendo los colores de Francia, al principio condujo aviones franceses pero luego se incorporó a la RAF. Está considerado el máximo as de la segunda guerra y mas abajo verán una foto suya con los grafos que indican cuántos aviones alemanes derribó en combate, en  lo que en la jerga los pliotos llaman "dog fight" pelea "de perros" o mano a mano. En la foto de mas abajo lo verán, ya maduro y calvo abrazando a dos ases argentinos, los pilotos Ureta e Isaac que fueron los que atacaron el portaviones Invencible. Ureta era un poquito maduro, pero Isaac condujo su máquina en combate con 23 años.
El máximo héroe de la aviación de la segunda guerra, luego de evaluar los combates de la fuerza aérea argenta en Malvinas, los vino a visitar personalmente y lanzó una carta pública al mundo, que hoy vale la pena leer para hacerse una idea tan afectiva como emocional de las cosas.
CARTA PUBLICA DE PIERRE CLOSTERMAN A LOS PILOTOS ARGENTOS EN MALVINAS
A vosotros, jóvenes argentinos compañeros pilotos de combate quisiera expresaros toda mi admiración. A la electrónica más perfeccionada, a los misiles antiaéreos, a los objetivos más peligrosos que existen, es decir los buques, hicisteis frente con éxito. A pesar de las condiciones atmosféricas más terribles que puedan encontrarse en el planeta, con una reserva de apenas pocos minutos de combustible en los tanques de nafta, al límite extremo de vuestros aparatos, habéis partido en medio de la tempestad en vuestros «Mirage», vuestros «Etendard», vuestros «A-4», vuestros «Pucará» con escarapelas azules y blancas. A pesar de los dispositivos de defensa antiaérea y del los SAM de buques de guerra poderosos, alertados con mucha anticipación por los «AWACS» y los satélites norteamericanos, habéis arremetido sin vacilar.      
Nunca en la historia de las guerras desde 1914, tuvieron aviadores que afrontar una conjunción tan terrorífica de obstáculos mortales, ni aun los de la RAF sobre Londres en 1940 o los de la Luftwaffe en 1945.     
Vuestro valor ha deslumbrado no sólo al pueblo argentino sino que somos muchos los que en el mundo estamos orgullosos que seáis nuestros hermanos pilotos.
A los padres y a las madres, a los hermanos y a las hermanas, a las esposas y a los hijos de los pilotos argentinos que fueron a la muerte con el coraje más fantástico y más asombroso, les digo que ellos honran a la Argentina y al mundo latino.



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jueves, 30 de abril de 2015

30 DE MARZO DE 1793 NACE JUAN MANUEL DE ROSAS TAN AMADO POR MUCHOS COMO ODIADO POR MÁS
Conocido como Juan Manuel de Rosas, fue bautizado como Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio. Era hijo del militar León Ortiz de Rozas —sobrino-nieto de Domingo Ortiz de Rozas gobernador de Buenos Aires entre 1742 y 1745— y la estanciera Agustina López de Osornio. Pertenecía al linaje de los Ortiz de Rozas, que tiene origen en el pueblo de Rozas, Valle de Soba, Cantabria, España.                                                  
Nació en el solar que había habitado su abuelo materno Clemente López de Osornio, situado en la calle que en ese entonces se denominaba Santa Lucía, actual calle Sarmiento entre las calles Florida y San Martín, en la ciudad de Buenos Aires. Ingresó a los ocho años de edad en el colegio privado que dirigía Francisco Javier Argerich, si bien desde joven demostró vocación por las actividades rurales, interrumpió sus estudios para participar, contando con trece años de edad, en la Reconquista de Buenos Aires en 1806 y posteriormente se enroló en la compañía de niños del Regimiento de Migueletes, combatiendo en la Defensa de Buenos Aires en 1807, ambos hechos durante las invasiones inglesas, donde fue distinguido por su valor.
Más tarde, retirado al campo, se convirtió en un gran estanciero de la pampa bonaerense.

El joven Rosas, quien contaba con 17 años, se mantuvo al margen de los sucesos que culminaron con la Revolución de Mayo de 1810.
En 1813, pese a la oposición materna —que venció al hacer creer a su madre que la joven estaba embarazada— se casó con Encarnación Ezcurra, con quien tuvo tres hijos: Juan Bautista, nacido el 30 de julio de 1814, María, nacida el 26 de marzo de 1816 y fallecida al día siguiente, y Manuela, conocida como Manuelita y nacida el 24 de mayo de 1817, quien luego sería su compañera inseparable.

Poco después, debido a un entredicho que tuvo con su madre, devolvió a sus padres los campos que administraba para formar sus propios emprendimientos ganaderos y comerciales. Además se cambió el apellido "Ortiz de Rozas" por "Rosas", cortando simbólicamente la dependencia de su familia.
Fue administrador de los campos de sus primos Nicolás y Tomás Manuel de Anchorena; este último ocuparía cargos importantes dentro de su gobierno, ya que Rosas siempre le tuvo un especial respeto y admiración. En sociedad con Luis Dorrego —hermano del coronel Manuel Dorrego— fundó un saladero; era el negocio del momento: la carne salada y los cueros eran casi la única exportación de la joven nación. Acumuló una gran fortuna como ganadero y exportador de carne vacuna, distante de los acontecimientos emergentes que conducirían al virreinato del Río de la Plata a la emancipación del dominio español en 1816.

Por esos años conoció al doctor Manuel Vicente Maza, quien se convirtió en su patrocinador legal, en especial en una causa que sus propios padres habían entablado contra él. Más tarde sería un excelente consejero político.
En 1818, por presión de los abastecedores de carne de la capital, el director supremo Juan Martín de Pueyrredón tomó una serie de medidas en contra de los saladeros. Rápidamente, Rosas cambió de rubro: se dedicó a la producción agropecuaria en sociedad con Dorrego y los Anchorena, que también le encargaron la dirección de su estancia "Camarones", al sur del río Salado.

Al año siguiente compró la estancia "Los Cerrillos", en San Miguel del Monte. En su estancia en la laguna de Monte organizó una compañía (aumentada al poco tiempo a regimiento) de caballería, los "Colorados del Monte", para combatir a los indígenas de la zona pampeana. Fue nombrado su comandante, y alcanzó el grado de teniente coronel.
Por esos años escribió sus famosas "Instrucciones a los mayordomos de estancias", en la que detallaba con precisión las responsabilidades de cada uno de los administradores, capataces y peones. Allí demostraba su capacidad para administrar simultáneamente varias explotaciones, con métodos muy efectivos, en un anticipo de su futura capacidad para administrar el estado provincial.

Hasta 1820 se dedicó a sus actividades privadas. Desde ese año hasta su caída producida en la batalla de Caseros, en 1852, consagraría su vida a la actividad política, liderando —ya en el gobierno o fuera de él— la provincia de Buenos Aires, que contaba no sólo con el territorio productivo más rico de la naciente Argentina, sino con la metrópolis más importante —la ciudad de Buenos Aires— y el puerto que concentraba el comercio exterior de las restantes provincias, así como el control de la aduana. En relación a estos recursos se desarrollaron gran parte de los conflictos institucionales y las guerras civiles del siglo XIX en la Argentina, controlados hasta la caída de Rosas por la provincia de Buenos Aires.

En 1820 concluyó la etapa del Directorio con la renuncia de José Rondeau a consecuencia de la Batalla de Cepeda. Fue en esa época que Rosas comenzó a involucrarse en la política, al contribuir a rechazar la invasión del caudillo Estanislao López al frente de sus “Colorados del Monte”. Participó en la victoria de Dorrego en Pavón, pero junto a su amigo Martín Rodríguez se negó a continuar la invasión hacia Santa Fe, donde Dorrego fue derrotado completamente en la Batalla de Gamonal.
Con apoyo de Rosas y otros estancieros fue electo gobernador su colega el general Martín Rodríguez. El 1.º de octubre estalló una revolución, dirigida por el coronel Manuel Pagola, que ocupó el centro de la ciudad. Rosas se puso a disposición de Rodríguez, y el día 5 inició el ataque, derrotando completamente a los rebeldes. Los cronistas de esos días recordaron la disciplina que reinaba entre los gauchos de Rosas,4 que fue ascendido al grado de coronel. Con Rodríguez, el grupo de los estancieros empezó a tener un papel público.

También fue parte de las negociaciones que concluyeron con el Tratado de Benegas, que ponía fin al conflicto entre las provincias de Santa Fe y Buenos Aires. Fue el responsable del cumplimiento de una de las cláusulas secretas del mismo: entregar al gobernador Estanislao López 30.000 cabezas de ganado como reparación de los daños causados por las tropas bonaerenses en su territorio. La cláusula era secreta, para no "manchar el honor" de Buenos Aires. Así se iniciaba la alianza permanente que tendría esta provincia con la de Buenos Aires hasta 1852.

Los primeros años después de la disolución de los poderes nacionales fueron un período de paz y prosperidad en Buenos Aires, principalmente debido a que Buenos Aires usufructuó en su exclusivo provecho las rentas de la Aduana, una fuente inagotable de riqueza que la provincia decidió no compartir con sus hermanas ni con ejércitos exteriores.
Entre 1821 y 1824 compró varios campos más, especialmente la estancia que había sido del virrey Joaquín del Pino y Rozas (conocida como Estancia del Pino, en el partido de La Matanza), a la que llamó San Martín en honor del general José de San Martín.

También aprovechó la ley de enfiteusis promovida por el ministro Bernardino Rivadavia para aumentar sus campos. En lugar de ayudar a los pequeños hacendados, esta ley terminó dejando en propiedad de unos pocos grandes terratenientes cerca de la mitad de la superficie de la provincia.

Los desórdenes producidos por la Anarquía del Año XX habían dejado desguarnecida la frontera sur, por lo que habían recrudecido los malones. Martín Rodríguez dirigió entonces tres campañas al desierto, usando una extraña mezcla de diálogos de paz y guerra con los indígenas. En 1823 fundó Fuerte Independencia, la actual ciudad de Tandil. En casi todas estas campañas lo acompañó Rosas, que también participó de una expedición en que el agrimensor Felipe Senillosa delineó y estableció planos catastrales de los pueblos del sur de la provincia. El jefe nominal de esa campaña era el coronel Juan Lavalle.

Durante la guerra del Brasil, el presidente Rivadavia lo nombró comandante de los ejércitos de campaña a fin de mantener pacificada la frontera con la población indígena de la región pampeana, cargo que volvió a ejercer después, durante el gobierno provincial del coronel Dorrego.
En 1827, en el contexto previo al inicio de la guerra civil que estallaría en 1828, Rosas era un dirigente militar, representante de los propietarios rurales, socialmente conservadores e identificados con las tradiciones coloniales de la región. Estaba alineado con la corriente federalista, proteccionista, adversa a la influencia foránea y a las iniciativas de corte librecambistas preconizadas por el partido unitario.
Terminada la guerra del Brasil, el gobernador Manuel Dorrego fue obligado —por una intensa presión diplomática y financiera— a firmar un tratado de paz que reconocía la independencia de Uruguay, y la libre navegación del Río de la Plata y de sus afluentes solo por parte de la Argentina y del Imperio del Brasil pero por el término acotado de quince años; lo que fue visto por los miembros del ejército en operaciones como una traición. En respuesta, la madrugada del 1 de diciembre de 1828, el general unitario Juan Lavalle tomó el Fuerte de Buenos Aires y reunió a miembros del partido unitario en la iglesia de San Francisco— nominamente como representación del pueblo— , siendo elegido gobernador. Siguiendo la misma lógica, disolvió la legislatura.
Rosas levantó la campaña contra los sublevados y reunió un pequeño ejército de milicianos y partidas federales, mientras Dorrego se retiraba al interior de la provincia para buscar su protección. Lavalle, con sus tropas se dirigió a la campaña para enfrentar a las fuerzas federales de Rosas y Dorrego, a quienes atacó sorpresivamente en la batalla de Navarro, derrotándolos.
Debido a la disparidad existente entre las aguerridas y experimentadas fuerzas sublevadas bajo el mando de Lavalle, con respecto a las milicias que defendían al gobernador Dorrego, Rosas le aconsejó a éste retirarse a Santa Fe, para unir fuerzas con las de Estanislao López,pero el gobernador se negó. Mientras Rosas se retiró a Santa Fe con aquél propósito, Dorrego decidió refugiarse en Salto, en el regimiento del coronel Ángel Pacheco. Pero, traicionado por dos oficiales de éste —Bernardino Escribano y Mariano Acha— fue enviado prisionero a Lavalle.
Como Rosas criticara su falta de previsión ante la revolución unitaria, Dorrego respondió:
Señor don Juan Manuel: que usted me quiera dar lecciones de política, es tan avanzado como si yo me propusiera enseñar a usted cómo se gobierna una estancia.
Vencido y hecho prisionero Dorrego, Lavalle, influido por el deseo de venganza de los ideólogos unitarios, ordenó su fusilamiento y se hizo cargo de toda la responsabilidad.
En su última carta, escrita a Estanislao López, Dorrego pedía que su muerte no fuera causa de derramamiento de sangre. Pese a este pedido, su fusilamiento dio paso a una larga guerra civil, la primera en que estuvieron simultáneamente implicadas casi todas las provincias argentinas.
A principios de enero de 1829, el general José María Paz, aliado de Lavalle, iniciaba la invasión de la provincia de Córdoba, donde derrocaría al gobernador Juan Bautista Bustos. De ese modo se generalizó la guerra civil en todo el país.

Lavalle envió ejércitos en todas direcciones, pero varios pequeños caudillos aliados de Rosas organizaron la resistencia. Los jefes unitarios recurrieron a toda clase de crímenes para aplastarla, un hecho poco difundido por la historiografía de las guerras civiles argentinas. 
El gobernador Lavalle envió al coronel Federico Rauch hacia el sur, y una de sus columnas, al mando del coronel Isidoro Suárez, derrotó y capturó al mayor Mesa, que fue enviado a Buenos Aires y ejecutado. Al frente del grueso de su ejército, Lavalle avanzó hasta ocupar Rosario. Pero, poco después, López dejó sin caballos a Lavalle, que se vio obligado a retroceder. López y Rosas persiguieron a Lavalle hasta cerca de Buenos Aires, derrotándolo en la batalla de Puente de Márquez, librada el 26 de abril de 1829.

Mientras López regresaba a Santa Fe, Rosas sitió la ciudad de Buenos Aires. Allí crecía la oposición a Lavalle (a pesar de que los aliados de Dorrego habían sido expulsados), sobre todo por el crimen sobre el gobernador. Lavalle aumentó la persecución sobre los críticos, lo que le llevaría mucho apoyo a Rosas, en la ciudad que siempre fue la capital del unitarismo.
Lavalle, desesperado, se lanzó a hacer algo insólito: se dirigió, completamente solo, al cuartel general de Rosas, la Estancia del Pino. Como éste no se encontraba, se acostó en su catre de campaña a esperarlo. Al día siguiente, 24 de junio, Lavalle y Rosas firmaron el Pacto de Cañuelas, que estipulaba que se llamaría a elecciones, en las que sólo se presentaría una lista de unidad de federales y unitarios, y que el candidato a gobernador sería Félix de Álzaga.

Lavalle presentó el tratado con un mensaje que incluía una inesperada opinión sobre su enemigo:
“Mi honor y mi corazón me imponen remover por mi parte todos los inconvenientes para una perfecta reconciliación...Y sobre todo ha llegado el caso de que veamos, tratemos y conozcamos de cerca de Juan Manuel de Rosas como a un verdadero patriota y amante del orden.”

Pero los unitarios presentaron la candidatura de Carlos María de Alvear, y al precio de treinta muertos ganaron las elecciones. Las relaciones quedaron rotas nuevamente, obligando a Lavalle a un nuevo tratado, el pacto de Barracas, del 24 de agosto. Pero, ahora más que antes, la fuerza estaba del lado de Rosas. A través de este pacto se nombró gobernador a Juan José Viamonte. Éste llamó a la legislatura derrocada por Lavalle, allanándole a Rosas el camino al poder.
La Legislatura de Buenos Aires proclamó a Juan Manuel de Rosas como Gobernador de Buenos Aires el 6 de diciembre de 1829, honrándolo además con el título de "Restaurador de las Leyes e Instituciones de la Provincia de Buenos Aires" y en el mismo acto le otorgó "todas las facultades ordinarias y extraordinarias que creyera necesarias, hasta la reunión de una nueva legislatura". No era algo excepcional: las facultades extraordinarias ya les habían sido conferidas a Manuel de Sarratea y a Rodríguez en 1820, y a los gobernadores de muchas otras provincias en los últimos años; también Viamonte las había tenido.
El mismo día en que juró su cargo, declaró al diplomático uruguayo Santiago Vázquez:
Creen que soy federal; no señor, no soy de partido alguno sino de la Patria... En fin, todo lo que yo quiero es evitar males y restablecer las instituciones, pero siento que me hayan traído a este puesto.

Lo primero que hizo Rosas fue realizar un extraordinario funeral al general Dorrego, trayendo sus restos a la capital, con lo cual logró la adhesión de los seguidores del fallecido líder federal, sumando el apoyo del pueblo humilde de la capital al que ya tenía de la población rural.

Respecto a la forma de organización constitucional del estado y al federalismo, Rosas fue un pragmático. En cartas enviadas en 1829 al general Tomás Guido, al general Eustoquio Díaz Vélez y a Braulio Costa, el financista de Quiroga, les escribía para informarles que

El General Rosas es unitario por principio, pero que la experiencia le ha hecho conocer que es imposible adoptar en el día tal sistema porque las provincias lo contradicen, y las masas en general lo detestan, pues al fin sólo es mudar de nombre.