La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



miércoles, 12 de noviembre de 2014


EN 1820 ARGENTINA Y CHILE COMPETÍAN PARA SER MONARQUÍAS

Por: Roberto Antonio Lizarazu

Sabemos que la institucionalidad de nuestro período independiente comienza el 25 de mayo de 1810. La Independencia Argentina de todo sometimiento extranjero,  se declara en Tucumán el 9 de julio de 1816. La batalla de Chacabuco es del 12.02.1817. La batalla de Maipú es del 05.04.1818.     A pesar de todo ello, sorprendentemente, a partir de 1820 y en plena guerra de la independencia, durante por lo menos un lustro, ambos países se encuentran en gestiones en busca de reyes, príncipes, marqueses y/o condes que se hagan cargo  de nuestros desahuciados gobiernos.  En varias oportunidades mencionamos,  en diferentes comentarios en este blog,  las ideas monárquicas de varios de nuestros próceres. Hoy le toca el turno al menos imaginable de nuestros dirigentes de la primera hora de nuestra conformación nacional. Al Padre de las Luces: a Rivadavia.

Por supuesto estas referencias nunca se mencionan y menos se estudian. ¿A quien se le puede ocurrir que Rivadavia se encuentre comprometido en un proyecto monárquico en estas pampas? Precisamente él, que prácticamente es mencionado como el creador de la República Argentina, buscando algún integrante de cualquier casa monárquica, que se haga cargo de nuestro incipiente país. Hay que reconocer sin embargo, que no era el único con esas aspiraciones, simultáneamente los chilenos estaban tras el mismo objetivo y competían con nosotros por lo mismo: Un príncipe por el amor de Dios.

Sabemos que de hecho Rivadavia detenta el gobierno en dos oportunidades. La primera cuando en 1820 caen el Directorio y el Congreso; y Rivadavia fue convocado por el nuevo gobernador Martín Rodríguez, que lo nombró en el cargo de Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de la Provincia de Buenos Aires. Ocupó su puesto en julio de 1821 hasta mayo de 1824 cuando Juan Gregorio de Las Heras es elegido nuevo Gobernador. Rivadavia en este período es el que hace y deshace los manejos gubernamentales.

La segunda oportunidad que gobierna Rivadavia fue como Presidente de la Nación Argentina, desde el 7 de febrero de 1826 hasta el 9 de agosto de 1827.

Pero estas gestiones promonárquicas que comentaremos, ocurren cuando Rivadavia es Ministro de Martín Rodríguez.

Sabemos que Rivadavia viaja a Europa para tratar de conchabar  algún príncipe desocupado que se atreviese a reinar sobre nuestra incipiente nación. Tras Rivadavia viaja  de apoyo el  Presbítero José Valentín Gómez e inmediatamente tras Gómez viaja Antonio José de Irisarri y una comitiva, con el mismo objetivo de lograr un príncipe, pero para Chile.  Todos se encuentran en Londres haciendo turno para ser recibidos y en carta  del 8 de julio de 1822, Rivadavia  lo pone al tanto al Pbro. Gómez que: “Irisarri le había dado cuenta de sus gestiones para ser recibido por miembros del gabinete inglés, a quienes debía entregar un oficio de O’Higgins y una nota suya, y que si bien se le había prometido que sería llamado en seguida, habían pasado veinte días sin que se lo hubiese citado”.

“En él (En Irisarri) domina la convicción de los grandes riesgos que corre nuestra patria; él parece animado de las mejores intenciones y de los principios que pueden estimarse como los más sólidos en nuestra tan grande como complicada causa; él me ha abierto su opinión de que el único medio que cree capaz de consolidar la Independencia de la América del Sur, es el establecimiento de una Monarquía bajo una protección exterior fuerte y eficaz; me ha asegurado que ésta es la opinión no sólo de los jefes de Chile y Buenos Aires, sino de la parte principal del pueblo y en particular de la última capital (Buenos Aires) él ha ido tan adelante, que me ha manifestado que, para establecer una Monarquía y sostenerla, era preciso formarla de los tres estados comprensivos de lo que componía los virreinatos de Buenos Aires y del Perú y de la Capitanía General de Chile.”

Conviene aclarar algunos detalles, para entender la trama que ocupaba a los gestores promonárquicos que se encontraban en Londres esperando ser recibidos para que les den el visto bueno. En realidad los candidatos a monarcas había que acordarlos con Francia y el apoyo, el sostenimiento y el comercio  de esa monarquía había que conseguirlo de Inglaterra.

Por eso ambas delegaciones, la argentina y la chilena se encontraban divididas. Veamos: Rivadavia estaba en Inglaterra esperando ser recibido por algún ministro y el Pbro. Gómez en Francia arreglando los detalles de los candidatos. Los chilenos hacían otro tanto, Irisarri en Londres y Rivas en Paris. Para Buenos Aires, los candidatos eran varios pero los de mayores posibilidades eran el Príncipe De Luca, heredero del reino de Etruria (Tirrenia).  El Infante don Francisco de Paula candidato de una parte de los borbones españoles y franceses y el duque de Orleáns que era el candidato del Rey de Francia Luís XVIII. Honestamente la terna era de cuarta.

Previamente a todo esto, el Pbro. Gómez se había entrevistado con Jean-José marqués de Dessolles en dos oportunidades, que era Primer Ministro de Francia (1818-1820) y habían acordado que un príncipe de la casa de España, el príncipe de Luca, o el infante don Francisco de Paula, podrían ser los indicados para fundar en Buenos Aires una monarquía. Tanto Rivadavia como Gómez suponían que de esas entrevistas los chilenos no estaban enterados y consideraban que corrían con ventaja en ese aspecto.

Según suponía Rivadavia, Irisarri había partido a Europa ignorando la misión de Gómez ante Dessolles ni de la propuesta de éste de coronar al príncipe de Luca. Por eso cuando le escribe a Gómez que se encontraba en Francia le informa: “Sobre este punto es necesario que Vm. Me exprese su juicio. Yo preveo que si el envío del Sr. Rivas a Paris para entrevistarse con usted se verifica, y si el señor Irisarri se muestra en adelante consecuente, será preciso no sólo instruirlo de todo, sino decidirlo a que pase a ésa, concierte con Vm., vean ambos al Ministro (Dessolles) con el cual pueden adelantar algo el Negocio, y darle al menos mayor formalidad.”

El Congreso de las Provincias Unidas y la candidatura del príncipe de Luca.

No debemos olvidar que para ese momento teníamos un Congreso que estaba nuevamente en  funciones. El Congreso de Tucumán que al tiempo se trasladó a Buenos Aires, y por otra parte,  la gobernación de Martín Rodríguez había finalizado. El nuevo Gobernador de Buenos Aires era Juan Gregorio de Las Heras (2 de abril de 1824 hasta el 7 de febrero de 1826)

A pesar de ello Rivadavia y su comitiva continuaban en funciones en Inglaterra. Generalmente se critica al Congreso, quien oportunamente había aprobado el envío a Europa de un comisionado destinado a recibir a un príncipe de primera categoría para gobernarnos y finalmente el ejecutivo había caído tanto en sus pretensiones que se avino a admitir otro de inferior orden. En mi opinión el Congreso estuvo a la altura de las circunstancias y demostró en la emergencia una notable prudencia y lejos de aceptar el candidato propuesto por el ministro Dessoulles, acordó que tal candidatura fuera anulada por quien podía hacerlo: por Gran Bretaña. Como nuestro ejecutivo no podía o no quería anularlo, el Congreso le pasó la pelota a Gran Bretaña.

Una elemental prudencia aconsejaba no rechazar ni aceptar  la propuesta francesa. Éramos nosotros los temerosos de una alianza entre España, Portugal y Brasil, que para ese momento corríamos serio riesgo de que nos limpiaran del mapa; y fuimos nosotros a pedirles ayuda y candidatos para gobernarnos. Los hechos y el tiempo le dieron la razón al Congreso. Para cuando la noticia de lo acordado por el Congreso llegó a Paris, Dessolles había dejado de ser Ministro de Luís XVIII; las gestiones que había realizado ante España habían fracasado y la candidatura del príncipe de Luca había fenecido antes de concretarse en algo formal.

El Congreso se abocó al asunto en sesión secreta del 27 de octubre de 1824. El 30 se reanudó la sesión secreta, que se suspendió ante la noticia de que Santa Fe había declarado la guerra a Buenos Aires. El 3 de noviembre se comenzó nuevamente a considerar la cuestión, y según se registra en el acta correspondiente: “Se presentó a su consideración, por una parte, la incompatibilidad que envuelve la propuesta con la forma de la Constitución política del estado que estaba sancionada y publicada, aceptada por los pueblos sin contradicción y que el Congreso y ellos (los diputados) han jurado solemnemente observar y sostener; y por otra parte la falta de facultades para variarla, no siendo bajo las formas que ella misma establece para consultar mejor a su estabilidad y permanencia”.

Por su carácter federal La Ley Fundamental aprobada por el Congreso el 23 de enero de 1825, tenía el carácter de Ley constituyente y en su articulado no preveía príncipes ni entenados. En ese momento La Ley Fundamental proyecto presentado por el diputado correntino Francisco Acosta era nuestra Constitución Nacional y Federal; y el Congreso la hizo respetar. El texto citado demuestra que se comenzó poniéndole a la candidatura una tacha constitucional insalvable, suficiente para invalidarla. A pesar de ello se resolvió tratarla teniendo en cuenta que la “expresada propuesta no salía de la esfera de un simple proyecto de negociación.”

No quiero terminar este resumido comentario sin mencionar, primero al padre de la criatura de la La Ley Fundamental que fue  el instrumento institucional que impidió uno de los tantos disparatados proyectos rivadavianos. Me refiero al diputado por Corrientes, Don José Francisco Acosta y Soto, n. en Corrientes el 29.09.1783 y f. en Buenos Aires el 16.10.1837, que se opuso enérgicamente a cualquier  modificación de nuestra constitución vigente en ese momento.  También quiero destacar la posición de otro diputado, el representante por Charcas Jaime de Zudáñez, (1) quien directamente expresó que el no podía contrariar la voluntad expresa de su Provincia de conservar un gobierno republicano, por lo que directamente se oponía siquiera a tratar la propuesta. Gracias al diputado correntino Acosta y Soto y al diputado por Charcas Zudáñez, evitaron el ridículo que hubiese representado traer un gobernante monárquico europeo en plena guerra de la independencia contra la monarquía española.

Observaciones

(1) No se debe olvidar la destacadísima actuación que tiene el diputado por Charcas Jaime de Zudáñez en el Congreso de Tucumán de 1816. Este mismo Congreso es el que se traslada a Buenos Aires.
 El suscripto siempre se queja de lo poco que se reconocen las acciones de nuestros predecesores y reclama el reconocimiento de la modernidad de las personas que hicieron nuestra patria.
En el caso del diputado por Charcas Don Jaime de Zudáñez, Bolivia actuó de manera diferente. Una Provincia Boliviana lleva el nombre de Jaime de Zudáñez. La Provincia de Jaime Zudáñez  se encuentra en el Departamento de Chuquisaca y tiene como capital a la ciudad de Villa Zudáñez.

Argentina por ejemplo se encuentra dividida en provincias y las mismas en Partidos (como Buenos Aires)  o en Departamentos (como Corrientes). Bolivia se divide administrativamente en Departamentos y los Departamentos en Provincias.

Fuente documental. Toda la correspondencia y documentación mencionada, fue dada a conocer por investigaciones realizadas por Ricardo Piccirilli y publicadas en su obra “Rivadavia y su tiempo”. Ediciones Peuser, Tres Tomos, Buenos Aires, 1960.  Es conveniente mencionar que el doctor Piccirilli es el exaltador más importante de Rivadavia.  En la obra mencionada utiliza una hermenéutica rigurosamente liberal y se apoya en la interpretación de Mitre. Está exento de cualquier suspicacia de oposición política u ideológica contra Rivadavia.








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