La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



sábado, 23 de noviembre de 2013




CUANDO LOS FERROVIARIOS DERROTARON UN MALÓN



Por: Roberto Antonio Lizarazu

Para el ingeniero Juan Abel Angélico

Este suceso podría servir como guión para una película dirigida por John Ford, pero integra esas extrañas vicisitudes que nos regalan las crónicas históricas de nuestro país. Ocurrió al sudeste del Chaco, en La Sabana, a pocos kilómetros del Paraná y de Empedrado.

Para 1885, siguiendo la tendencia de la expansión de líneas ferroviarias, el gobierno de la Provincia de Santa Fe y capitales privados, proyectan un ramal con una traza que una desde Rosario y Santa Fe  con el sur chaqueño. Los motivos del proyecto son evidentes, la integración del noreste santafesino  y el sur del, en ese momento, Territorio Nacional del Chaco,  con las ciudades más importantes de la provincia de Santa Fe. Por supuesto se debe incluir en esa motivación como factor fundamental,  la carga de durmientes de La Forestal hasta la salida marítima de los puertos santafesinos, que garantizaban la exportación de durmientes y de todo tipo de  madera, a los mercados ávidos de este fundamental y básico elemento de la construcción ferroviaria.  Este emprendimiento da como resultado  el denominado Ferrocarril Santa Fe, que en 1947 con la nacionalización, integra  el Ferrocarril General Belgrano. Entre otras razones  geopolíticas,  porque su trocha era de 1 metro.

Para mediados del año 1899 la construcción de vías había superado el límite interprovincial  de Santa Fe y el Chaco y llegado hasta La Sabana, en ese momento punta de riel. Debido a esa circunstancia, el campamento de Vía y Obra, estaba al mando del capataz Don Jacobo Luis  Lutringer (1) quien dirigía una cuadrilla de una veintena de hombres y un muy bien provisto almacén de comestibles con su infaltable armería compuesta de flamantes Winchester y revólveres de alto calibre. (2)

Antes de continuar es preciso ubicar a todos los actores del drama. Primero los habitantes de La Sabana, que son quienes reciben el ataque principal. Los componentes del campamento de Vía y Obras cuyo capataz era Lutringer, que era  personal ferroviario. El personal de La Forestal que trabajaba desmontando a medida que avanzaban las vías y que tenían su propio campamento. Un destacamento militar y policial que dependía del gobierno santafecino, que también tenía su campamento propio porque se trasladaba a medida que progresaba la traza de vías y finalmente los indios tobas del cacique  Marenco que ejecutan el malón.

Debo reconocer que sobre este incidente, en la actualidad, existen dos versiones casi opuestas. Solamente comentaré la que considero la verídica, la que estudié y leí desde siempre en diversos autores liberales o revisionistas; pero conozco   la versión progresista o indigenista de los mismos hechos,  que por supuesto,  justifican el malón, y lo mechan con soldados desertores que ayudaron a los indígenas en lugar de defender a los pobladores y a los ferroviarios. Hay para todos los gustos. El relato modifica a la crónica y a la historia. Cada lector puede elegir la versión que le parezca adecuada. Esta nueva revisión de este tipo de hechos que involucra a personas de pueblos originarios, comenzó en la década de 1980 y goza de muy buena salud y prensa favorable.

Pero debemos regresar  a nuestro malón. El domingo 26 de junio de 1899, se festejaba en La Sabana la festividad de San Juan, pero el problema provendría de sus cercanías. En el paraje denominado La Cueva en el Km. 425 de la línea férrea se hallaba una toldería de indios Tobas que tenían por cacique a un indio llamado José Marenco, quien tenía por costumbre alcoholizar a su gente para incitarlos a cometer toda clase de desmanes. Al amanecer de ese domingo y cuando los habitantes de La Sabana se encontraban aún entregados al reposo, dos empleados de La Forestal que trabajaban en la zona apellidados Villalba y Agüero, avistaron los movimientos de la indiada en pie de guerra, y se dirigieron presurosos a dar la voz de alarma a la indefensa población.  Tras ellos irrumpió el malón dirigido por un cristiano renegado de nombre Juan Saavedra, quien ebrio como sus huestes, venían armados con lanzas, hachas, boleadoras y algunas armas cortas. Acompañaron su ataque con los toques de un clarín, que algunos autores consultados deducen que seguramente fue sustraído a alguna banda de músicos. (3)

El desconcierto en La Sabana fue total y nadie atinaba a organizar una defensa, sino tan solo a encerrarse en las precarias viviendas, donde serían pronto presa de la muerte y el pillaje. (4) La reacción provino del campamento donde se encontraba Lutringer y sus obreros ferroviarios. Todos se armaron con los Winchester y cada uno llevaba dos revolver en la cintura.

El plan defensivo de Lutringer fue sencillo y de una eficiencia notable. Dividió  en dos a sus veinte operarios.  Dos de ellos  quedaron cuidando el campamento con su almacén y su armería, donde habían dejado las armas que los dieciocho restantes no alcanzaron a llevar. A los dieciocho restantes los separó en dos columnas de nueve que entraron en La Sabana por el norte y por el este. Se menciona en el libro de la CEPAL  que: “La certera puntería de los ferroviarios fue produciendo una baja tras otra entre los salvajes, que no esperaban una resistencia de esa envergadura. Con la consecuencia de que varios vecinos, que tenían armas de fuego, se sumaron a las filas ferroviarias produciéndose un combate encarnizado, hasta que un toque de clarín mandado ejecutar por el renegado Juan Saavedra, advirtió a los indios que debían huir de La Sabana.  A Lutringer aún le quedó un resto de munición para organizar la persecución, cosa que resultó infructuosa, pues los ferroviarios actuaban a pie, en tanto que los salvajes iban montados”.

En lo más encarnizado del combate, un poblador de apellido Quiroz, pudo escapar al cerco de los atacantes y de un galope fue en demanda de auxilio hasta el campamento militar/policial, donde a unos seis kilómetros de La Sabana, estaban acampados los batallones 8 y 11 de esta fuerza santafesina. Cuando llegaron estas tropas, los indios ya se habían retirado dejando en La Sabana el trágico saldo de once víctimas fatales entre los pobladores de La Sabana, en su mayoría niños. Por su parte los autores del malón tuvieron numerosos muertos y heridos, pero esa cifra nunca se detalló.

Don Jacobo Lutringer mereció reconocimientos de varios sitios. Del Ferrocarril Santa Fe, un pergamino y un ascenso. De la Presidencia de La nación, “en reconocimiento a la heroica acción por la que La Sabana, la naciente localidad chaqueña, se salvó de la destrucción y la muerte”  firmó un pergamino el General Julio Argentino Roca que ejercía su segundo mandato (12.10.1898 al 12.10.1904). El gobierno del Territorio Nacional del Chaco, en la persona de su gobernador, el general Enrique Miguel Luzuriaga, quien presidiera ese territorio nacional por cuatro períodos consecutivos, desde el 18.08.1891 hasta el 28.01.1905, le otorgó a Lutringer un pergamino de agradecimiento por “salvar la vida y los bienes de los habitantes de La Sabana”.




Observaciones

(1) Es llamativo observar como Don Jacobo Luis Lutringer durante décadas,  en diversas menciones de este incidente, aparece mencionado como Luis J. Lutringer, desapareciendo su nombre Jacobo del texto. Nuestro antisemitismo autóctono no podía tolerar que una persona con un nombre judío pudiese tener una acción llamativamente heroica.

(2) Para 1899, el personal responsable de la construcción de todos los ramales ferroviarios estaban provistos, sobre todo los campamentos de Vía y Obra, que se encontraban aislados del resto del personal, de flamantes Winchester 44-40 (modelo 1873, calibre 10,8 x 33) y de revólveres Smith & Wesson y Colt de diversos calibres.

En realidad los míticos revólveres Smith & Wesson eran en su mayoría españoles, de la fábrica Orbea Hermanos, de Eibar, País Vasco. Orbea obtiene por un lustro entre 1878/1883 la licencia de Smith & Wesson (Springfield, Massachusetts, E.U.)  para fabricarlos en España. Los más requeridos eran los de seis tiros, calibre 44, y fueron muy solicitados por las empresas ferroviarias inglesas y francesas que en ese momento se instalaban en varios continentes.

(3) José Marenco podría ser ebrio, pero no era zonzo. Organizó el malón y facilitó el aguardiente para su indiada, pero lo mandó a  Juan Saavedra al frente de la acción. El se guardó para el malón siguiente. Lo que se dice todo un estratega del combate.

(4) Se conservan algunas fotografías de los cadáveres, de mutilados y de varios niños y niñas gravemente afectadas. Así también de indios muertos y de algunos tomados prisioneros. Considero que no corresponde publicarlas en este blog por razones obvias.



Bibliografía General

Historia de la Conquista del Chaco. Orlando Mario Punzi. Editorial Vinciguerra. 1977.
Orlando Mario Punzi, es un consagrado autor literario e historiador.  Coronel,  Ingeniero Militar; y casualmente hijo de ferroviario. Su padre era Jefe de Estación cuando en un incidente delictivo fue muerto trágicamente.

Historia del  Transporte Ferroviario en América Latina y la integración Económica Regional, Naciones Unidas, CEPAL, Comisión Económica para América Latina, Nueva York, mayo de 1965. 348 páginas.

Academia Nacional de la Historia. Historia de la Nación Argentina. Volumen X, Historia de las Provincias, límites interprovinciales y Territorios Nacionales.
En la misma obra, ver Tomo 22, página 227 y siguientes. Capítulo XVII, Historia del Chaco y de sus Pueblos, Ernesto J. Maeder,  Los gobiernos de Donovan y de Luzuriaga.



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