La publicación de estos apuntes sobre Historia Argentina, no tienen otra pretensión que prestar ayuda, tanto a estudiantes como a profesores de la materia en cuestión.

Muchos de ellos, simplemente son los apuntes confeccionados por el suscripto, para servir como ayuda memoria en las respectivas clases de los distintos temas que expusiera durante mi práctica en el Profesorado. Me daría por muy satisfecho si sirvieran a otras personas para ese objetivo.

Al finalizar cada apunte, o en el transcurso del mismo texto se puede encontrar la bibliografía correspondiente a los diferentes aspectos mencionados.

Al margen de ello invitaremos a personas que compartan esta metodología, a sumarse con nuevos apuntes de Historia Argentina.




Profesor Roberto Antonio Lizarazu

roberto.lizarazu@hotmail.com



martes, 27 de marzo de 2012


ACERCA DEL GENERAL ROCA  – Ni Grondona ni Bayer

Por: Contador Público Nacional  Carlos Andrés Ortiz

Con disímiles grados de difusión, recientemente se suscitó una polémica entre M. Grondona y O. Bayer acerca de la figura del dos veces Presidente Argentino, el General Julio Argentino Roca.

Mariano Grondona es un anglófilo confeso, racista “a su modo” (recordar los recientes comentarios que rozaron lo despectivo respecto a los “cabecitas negras” que defendieron a La Patria peleando contra sus “idolatrados” británicos pertinazmente invasores), ultra conservador en lo político -directamente reaccionario, pero de suaves modales, no con la grosería de un Biolcatti-, y ultra liberal en lo económico; o sea antinacional hasta la médula.

Partícipe de cuanto golpe y asonada cívico militar hubo desde 1955, se dice “democrático” partidario de hecho de esa curiosa “democracia excluyente y proscriptiva” vigente desde 1955 hasta 1973; así como de aquella “verdadera república” de los años ‘30, añorada por la oligarquía argentina, con todos sus negociados, entrega de las riquezas al extranjero, fraude electoral, riqueza concentrada con pobreza extendida y exclusión de las grandes mayorías.

Permanente defensor de “la libre empresa” (eufemismo para imponer la ley de la selva en lo económico, en beneficio de pocas y poderosas corporaciones transnacionales), y de la “libertad de comercio” (otro eufemismo, que en realidad apaña al concepto de “país estancia” retrógrado y excluyente, al estilo de lo añorado por la Sociedad Rural Argentina, que consecuente con la anglofilia grondonista, clamó por una “intervención de países amigos”) -léase una invasión lisa y llana-, por parte de potencias de las que siempre fungieron como cómodos subordinados, a costa de la miseria del país.

Por su parte, Osvaldo Bayer no oculta el anarquismo que le aflora en sus comentarios y escritos. Como tal es acérrimo enemigo de todo lo que represente al Estado y a orden establecido. Particular odio revela profesar hacia toda Institución Armada, por lo que es punta de lanza de cierto antimilitarismo a ultranza, que está en boga entre algunos intelectuales del “progresismo” descolgado de la realidad.

Los escritos de Bayer y su relativamente fácil acceso a diversos medios de comunicación, así como las “bendiciones” del establishment intelectual (la “intelligentzia” que mencionaba Jauretche), usualmente proclive al marxismo y/o anarquismo, cuando no al más duro liberalismo, son las que están pugnando por imponer las terribles distorsiones del indigenismo a ultranza.

No puede sorprender, son todas ellas (marxismo, anarquismo, liberalismo) doctrinas que atacan al Estado como tal, y por ende claramente antinacionales.

En sus cerrados odios a la República Argentina y a su factor de unidad política -el Estado Nacional-, Bayer y sus seguidores ultra indigenistas fogonean un curioso y muy perverso “racismo a la inversa”, con el cual inoculan tremendos odios y rencores sin soluciones posibles, fomentando la separación tajante entre supuestas “etnias” y falaces “naciones”, justamente en un país básicamente integrador y unificador de culturas, como afortunadamente lo es Argentina.

Bayer no puede desconocer que su perversa labor de siembra de divisiones sociales, cuenta con los apoyos institucionales e incluso sustentos financieros, generosamente provistos por Gran Bretaña, para dividir y debilitar a nuestro país, en un proceso que forma parte del nuevo concepto de “guerras blandas” dentro de la permanente estrategia de “dividir para reinar” que el decadente imperio aplicó por muchos siglos, desde su creación.

Pruebas al canto son los discretos pero claros apoyos del Foreign Office a través de la Embajada (tuvo discreta difusión en algunos medios), a ONGs formadas en Argentina con fines “indigenistas” (léase separatistas), así como de nada inocentes ONGs, como por ejemplo Mapuche Nation, con sede en Bristol, y todos sus integrantes menos uno, claramente británicos.

No es casual que dos instituciones básicas para nuestra nacionalidad, preexistentes al momento del doloroso alumbramiento de esta Nación Argentina, como lo son la Iglesia Católica y El Ejército, sean objeto de tantos ataques por parte de sectores afines al marxismo, al anarquismo y a pseudo “progresismos” varios.

No por casualidad El Informe Rockefeller (1969) aconsejó al Departamento de Estado atacar a los tres grandes pilares que hacen a la fuerte unidad de Íbero América: idioma en común (incluyendo al muy similar portugués), religión en común (la Católica), e historia y cultura en común.

Hoy ya es cosa conocida (pero no aceptada por desinformados y mentes esquematizadas), que sectores disconformes crónicos, como ciertas intelectualidades descolgadas de la realidad, ecologistas cavernarios e indigenistas “duros”, entre otros, sean en realidad dóciles marionetas manejadas por quienes buscan imponer la globalización a ultranza.

El Presidente General Roca, fue sin duda un patriota a su manera, y dentro de los esquemas de esos años, marcó el fin del mitrismo, un cierto freno a los portuarios (era tucumano), y a él se debe que La Patagonia, la gran Región Chaqueña y la Provincia de Misiones, sean partes integrantes del Territorio Argentino. Por otra parte, NO fue un genocida, hubo combates entre dos bandos armados, tanto en el sur como en El Chaco. De seguro con excesos, como en toda guerra, lastimosamente. Pero no se trató con “carmelitas descalzas”, y eso está documentado. El tema específico merece ser tratado, en artículo separado.



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